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Manifiesto de la Plataforma “Asturies contra el golpe. Venezuela se defiende”

MANIFIESTO DE LA PLATAFORMA “ASTURIES CONTRA EL GOLPE VENEZUELA SE DEFIENDE”

La República Bolivariana de Venezuela es un Estado soberano, regido por una Constitución aprobada democráticamente por su pueblo. En el marco de esa Constitución, fue reelegido Presidente de la República, Nicolás Maduro el 20 de mayo de 2018, en unas elecciones libres y transparentes, auditadas por 200 observadores internacionales. Maduro fue elegido con cerca de seis millones doscientos mil votos frente a unos candidatos de la oposición que no llegaron en conjunto a los tres millones. Otra gran parte de la oposición, siguiendo las directrices imperiales de Washington, optó por no participar, boicoteando deliberadamente  los comicios: con ello se estaba preparando ya el golpe de estado contra el gobierno legítimo de Venezuela.

El proyecto golpista venía de antiguo. Ya en 2002, se produce el golpe contra Chávez, aplaudido enseguida por los EEUU y en España, por Aznar, pero derrotado en la calle por el pueblo de Venezuela. Y, en los últimos tiempos, se da una cuidadosa preparación del entorno, que va desde el golpe “parlamentario” en Paraguay al golpe “judicial” en Brasil con las espurias causas contra Dilma Rouseff y Lula, pasando por los ingentes recursos empleados por la reacción en las elecciones de Argentina, Chile, Perú y Colombia o la traición de Lenin Moreno en Ecuador.

De este modo, con personajes como Duque en Colombia y Bolsonaro en Brasil, países fronterizos con Venezuela, se despejaba el camino para una intervención extranjera contra el Gobierno constitucional de este país.

Lo que EEUU y la oligarquía venezolana no había conseguido en 20 años, incluidos sus atentados para acabar con la vida de Maduro, tratarían de conseguirlo ahora, orquestando un golpe de estado y preparando una intervención militar extranjera.

¿Y esto por qué? ¿Acaso a los EEUU, que han apoyado a los más sanguinarios dictadores, como Trujillo, Batista, Somoza o Franco, o que han organizado su acceso criminal al poder, caso de Pinochet, les preocupa ahora el bienestar de los venezolanos?

Lo que les preocupa son las muy cuantiosas riquezas naturales del país: su reserva de petróleo, la primera del mundo, su oro, su coltán, sus ingentes recursos de agua. Les preocupa que el pueblo de Venezuela sea el dueño de esas riquezas, les preocupa que cunda el ejemplo de un pueblo soberano que se adueña de lo que es suyo. Les preocupa que América Latina deje de ser su “patio trasero” y que ello perjudique los intereses imperialistasde los Estados Unidos.

Esa es la auténtica razón. Por eso había que asfixiar a Venezuela y para ello se organiza el bloqueo, el acaparamiento de mercancías, la huida de capital, el desabastecimiento de alimentos y medicinas, siguiendo la receta utilizada en Chile hace 45 años, tratando de generar escasez, penuria, inflación galopante y, por tanto, la erosión del Gobierno y un ambiente de descontento presuntamente favorable a un golpe de estado.

Los autores de tan perversos manejos no se cortan en culpar torticeramente a la Revolución Bolivariana de los problemas económicos que ellos mismos han urdido y organizado.

En efecto, los gobiernos imperiales, fieles servidores de los monopolios y con la complicidad de entidades y organismos financieros, violando sus propias leyes y la legislación internacional, han establecido durante años un bloqueo económico y financiero contra Venezuela, impidiendo las exportaciones e importaciones, incluso de productos de primera necesidad y llegando a imposibilitar que Venezuela pagase su propia deuda externa.

Es así, tratando de valerse, por un lado, del sufrimiento artificialmente llevado al pueblo venezolano y, por otro, de la naturaleza ultraderechista, militarista y agresiva de los regímenes vecinos de Duque y Bolsonaro, como Trump y sus asesores resuelven “pescar” al desconocido ciudadano Guaidó y orquestan con la participación de la oligarquía local su inconcebible autoproclamación nada menos que como “presidente encargado” de la República, contra todo requisito constitucional, en medio de la calle y entre un grupo de sus viejos amigos de las “guarimbas” de hace un par de años, aquellas en que se degollaba a motoristas con cables que cruzaban la calle o se quemaba con gasolina a los partidarios de la Revolución. Pero parece que esto tampoco les ha salido bien.

Las movilizaciones que convocaron como oposición tuvieron poco fuelle e incluso se utilizaron fotos trucadas por algunos medios de comunicación y redes sociales para magnificar su pobre resultado.

La votación promovida en la OEA por los EEUU y el Grupo de Lima fracasó estrepitosamente pese a los esfuerzos de Pompeo y del traidor Almagro, al no alcanzar los votos necesarios contra Venezuela.

En el Consejo de Seguridad de la ONU la mayoría de los intervinientes expresaron su reconocimiento al Gobierno constitucional de Nicolás Madurocomo gobierno legítimo. Tampoco allí prosperaron las asechanzas del imperialismo norteamericano.

Las ofertas efectuadas por los golpistas a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, incitándole a la rebelión militar no consiguió quebrar la unión cívico-militar en defensa de la Revolución.

¿Qué le quedaba a los Estados Unidos para hacer prosperar su proyecto injerencista incompatible con el Derecho internacional, en contra de la soberanía de Venezuela, para arrebatarle sus riquezas, acabar con su independencia y liquidar el poder popular?.

Le quedaban los países del grupo de Lima, sumiso a sus dictados, a los que faltó tiempo para reconocer la “legitimidad” del golpista Guaidó, y la presión sobre sus aliados europeos, algunos tan poderosos como el Reino Unido, Alemania o Francia, igualmente con intereses de expolio global y políticas neoliberales.

Así se cocina en Davos la posición de la Unión Europea en la que acaba prevaleciendo la opción de injerencia en los asuntos internos de Venezuela y el respaldo al golpe de estado, sobre otras posiciones partidarias del diálogo político en el interior del país y contrarias a fórmulas violentas o intervencionistas.

Desgraciadamente el Presidente del Gobierno español Pedro Sánchez, tras un primer momento, terminó decantándose de forma torpemente agresiva y cada vez más desmesurada por la opción reaccionaria, contraria a los principios del Derecho internacional y promotora del golpismo.

Su compromiso con los intereses de los monopolios españoles en Venezuela, el seguidismo servil a las políticas de Washington, la obsesión por ocultar su cuestionada legitimidad, la “necesidad” de adelantarse a los reclamos de la derecha española, la voluntad de congraciarse con las mayores potencias europeas, e, incluso, la expectativa de liderar el tema dentro de la Internacional Socialista, “a favor de la corriente”, han situado a Pedro Sánchez en una posición inadmisible, hipócrita y plenamente reprochable, que viene a recordar a la asumida por Aznar durante el golpe de estado de 2002¿Se atreverá Sánchez a motejar de mentiroso a su compañero de filas, Rodríguez Zapatero, cuando testimoniaba de la limpieza de las elecciones presidenciales del 20 de mayo? ¿Podría explicar cómo llama “tirano” al Presidente constitucional Maduro, mientras mantiene su política de amistad y negocios con el heredero saudí, que manda descuartizar a periodistas y dirige un país donde se decapita a las mujeres por defender sus derechos más elementales?¿Cómo dice conmoverse por los padecimientos de un pueblo sometido al bloqueo y al alzamiento de sus reservas en bancos extranjeros y se calla la boca ante los crímenes continuos en Colombia contra sindicalistas, dirigentes comunales o antiguos guerrilleros? ¿Cómo calla igualmente ante el resurgir de los paramilitares o ante un gobierno como el de Brasil que mantiene encarcelados a dirigentes políticos de la izquierda, mientras su presidente alardea de racismo, machismo, desprecio a las comunidades indígenas y a la biodiversidad de la Amazonía?

Nadie esperaba de un hombre como Sánchez ningún apoyo a ninguna revolución, pero ¿vamos a soportar que haya apartado al Estado español de una política independiente, promotora al menos, del diálogo, próxima a otros países como México o Uruguay, o a los propósitos del Secretario General de la ONU?

El Sr. Sánchez carece de argumentos creíbles, por mucho que los medios de comunicación se empeñen en construirlos sobre la base de la mentira y la tergiversación. Con qué sentido común puede creerse que Venezuela es una cruel dictadura cuando desde el acceso de Chávez al poder se han celebrado 25 procesos electorales, 23 que ha ganado el Chavismo y 2 la oposición, que fueron reconocidos; cuando se permiten las reuniones de una Asamblea en desacato por sentencia judicial; cuando el golpista Guaidó se pasea por Caracas sin que lo detengan “por rebelión ni sedición” y cuando la oposición convoca y celebra sus manifestaciones públicas.

Ya está bien de manipulación para amparar el golpismo y poner a Venezuela y a toda la región al borde de la guerra. No hemos perdido la memoria de lo sucedido en Libia o en Irak, donde igualmente las cuestiones centrales eran el petróleo y el dominio geopolítico.

Las organizaciones, entidades y personas que integran la plataforma “Asturies contra el golpe. Venezuela se defiende”, llaman a la solidaridad con el pueblo trabajador de Venezuela, con la Revolución Bolivariana y sus conquistas sociales.

Llaman a defender el derecho inalienable del pueblo venezolano a regir los destinos de su país y construir su propio futuro sin injerencias extranjeras.

Llaman a respaldar al legítimo gobierno de la República Bolivariana de Venezuela y a su Presidente constitucional, Nicolás Maduro.

Llaman a condenar las intentonas golpistas, a rechazar el bloqueo y las sanciones, singularmente las procedentes de la Unión Europea, que no hacen sino someter a la población deliberadamente a difíciles condiciones de vida.

Llaman a condenar las amenazas y el clima belicista desencadenados por el Gobierno del Presidente Trump y sus gobiernos lacayos del Grupo de Lima.

Llaman a preservar la Paz en Venezuela y en toda la región en el marco del respeto al Derecho internacional y al principio de no intervención en los asuntos internos de los Estados.

Exigen al Gobierno español la rectificación de su política subalterna de los intereses imperialistas y promotora del golpismo; su actuación conforme a los principios y normas del Derecho internacional, su respeto por la leyes e instituciones de la República Bolivariana de Venezuela y su apuesta decidida por el diálogo, el entendimiento y la paz en toda la región, demandando, al propio tiempo, a las fuerzas con representación parlamentaria que de alguna forma sustentan al gobierno que le retiren cualquier respaldo, en tanto persista en su apoyo al golpe de estado en Venezuela.

Exigen al Gobierno de Asturias la toma de postura en favor de las clases populares y trabajadoras de Venezuela, manifestando su apoyo al Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela y condenando el golpe de Estado orquestado por las fuerzas imperialistas.

La plataforma “Asturies contra el golpe. Venezuela se defiende” hace un llamamiento a la población asturiana para que tenga como suyas todas estas inquietudes, consciente de que en Venezuela hoy no sólo se está jugando su propio destino, sino aspectos trascendentales para el porvenir de todo el mundo. Un llamamiento para la movilización con toda la fuerza solidaria de la que Asturies siempre ha sido capaz.

Los golpistas NO PASARÁN

Fuera las manos de Venezuela

¡Venezuela vivirá y vencerá!

Asturies, 1 de febrero de 2019

Manifiesto Plataforma “Asturies contra el golpe. Venezuela se defiende” 

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Venezuela en el punto de mira

A lo largo de la historia, América Latina siempre estuvo en el ojo del huracán, vigilada, sometida o intervenida por EE.UU. Para ello siempre contó con los gobiernos satélites del continente y el seguidismo de una Europa sin criterio propio ante cualquier tipo de dominación del imperio yanqui.

Intervenciones militares, apoyo y formación a golpistas militares en distintos países del Área, financiación a opositores de gobiernos populares, etc. se sucedieron a lo largo de la historia a cargo de EE.UU.  El balance no puede ser más negativo. Ya en 1846 en una guerra contra Méjico, EE.UU. se anexiona Texas y California. En 1898 declara la guerra a España derrotando al ejército español que pierde Cuba y Puerto Rico. Ya desde el siglo XX hasta hoy las intervenciones se suceden en Panamá, Nicaragua, Haití, República Dominicana, Honduras, Guatemala, Granada, Cuba, etc. Puede decirse que ningún país se ha salvado de la mano negra del imperio yanqui, incluso más allá del continente americano. Vietnam, Afganistán, Irak, Libia o recientemente Siria, dan buena cuenta de ello.

También tenemos presente el apoyo a los golpes en Chile destituyendo  al gobierno legítimo y asesinando a su presidente Salvador Allende, o en la Argentina del General Videla donde decenas de miles de ciudadanos perdieron la vida, sufrieron torturas y cárcel o se exiliaron a Europa. Recordamos también la financiación y asesoramiento a la “Contra” que operaba desde Honduras contra la Revolución Sandinista en Nicaragua

La brutal campaña de desprestigio a que está sometida hoy Venezuela, el criminal bloqueo económico del que el pueblo llano es víctima y la intoxicación mediática de los medios de comunicación, van en esa misma línea y contribuyen al desprestigio de las instituciones venezolanas y de su presidente Nicolás Maduro, que hay que recordar que fue elegido por más del 67% de los electores entre seis candidatos en representación de 16 partidos políticos. Los resultados de esas elecciones fueron reconocidos por los observadores internacionales entre los que se encontraba el expresidente español Rodríguez Zapatero, la Fundación Carter y representantes de las Naciones Unidas.

Aunque desde algunos sectores reaccionarios se habló de fraude, nadie impugnó los resultados, lo que, sin duda, evidencia la transparencia de los mismos.

La estrategia de EE.UU en el Continente ha sido siempre la misma; hacer de América Latina su patio trasero sometiendo a los gobiernos “rebeldes” o combatirlos por todos los medios. La amenaza de intervención militar se desprende del anunciado envío de cinco mil militares a las fronteras de Colombia con Venezuela y,  de llevarse a cabo, supondría un baño de sangre abocando al país a una más que posible guerra civil.

Hasta ahora, el criminal bloqueo económico y la anunciada congelación de los depósitos bancarios en EE.UU. derivados del petróleo, está creando mucha inestabilidad en el país , utilizada por parte de la derecha para hostigar a las capas populares e incitándolas a  la revuelta violenta como las conocidas  “guarimbas” en la que muchas personas ajenas a los disturbios perdieron la vida.

Tal parece para la oposición que todo vale con tal de conseguir sus objetivos, que no son otros que hacerse con las riendas del país y reprivatizar las riquezas de su subsuelo.

Ante este dilema, los pasos dados por el Presidente Sánchez y demás países europeos, lejos de ayudar a pacificar la situación, no hacen sino echar leña al fuego y plegarse a los dictados de EE.UU.

El Sr. Sánchez, es el menos indicado para pedir elecciones al presiente venezolano, cuando aparte de suponer una injerencia en  los asuntos internos de otro país, él mismo llego a la presidencia del gobierno fruto de conveniencias políticas y no de la voluntad popular expresada en las urnas.

Si las democracias europeas están tan preocupadas por las penurias que sufre el pueblo venezolano fruto del criminal bloqueo, lo que debe hacer es poner en práctica una política bilateral de cooperación y marcar su propia ruta al margen de EE.UU., y lo mismo se puede aplicar a cualquier país que huye del hambre y en cualquier parte del mundo.

Si lo que nos preocupa son los DD.HH., convendría hacer un repaso del trágico papel  que juega Europa con los subsaharianos que huyen de guerras fomentadas por los países productores de armas que no dudan en venderlas a dictaduras significativas como Arabia Saudí, Kuwait o Marruecos por citar alguno, ni los asesinatos a opositores, sindicalistas, mujeres o simples campesinos en Colombia, Honduras, El Salvador, etc. Tampoco se escuchó la voz del Gobierno español ni de nuestros socios europeos para denunciar los “golpes blandos” contra Zelaya en Honduras o contra Lula en Brasil.

Entre los principios fundamentales de las Naciones Unidas está la no injerencia en los asuntos internos de otros países. Tal parece que lo olvidamos. Lo mismo que el posicionamiento del reciente Consejo de Seguridad Extraordinario, en donde de 35 países asistentes 19 votaron a favor del diálogo y contra cualquier intervención. Nada de esto nos dijeron desde los medios de comunicación.

El sometimiento a los países que actualmente conforman el ALBA, poniendo o quitando gobiernos a su antojo, y despojándolos de sus riquezas estratégicas como el petróleo, el gas y otros yacimientos minerales, es el espurio interés de los EEUU, y no la pretendida ayuda humanitaria.

Mientras, Europa asiste de monaguillo del imperio.

Juan Luis Vallina Ariznavarreta  

Responsable de Movimiento antiimperialista del PCA 

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El golpe de Estado en Venezuela y el futuro de la amazonia, los derechos sociales y las libertades civiles

El intento de golpe de Estado en Venezuela no es contra Maduro, sino contra todo un país a quien se le arrebata la mayoría de edad para decidir, para hacer eso que el liberalismo nos contó que era tan importante: votar en las elecciones al gobierno que desee. Pero, aunque esto sea grave, en tanto amenaza el hábito de brindar o no reconocimiento mutuo entre gobiernos en base a filias y fobias o a intereses imperialistas que se ciernen sobre la libre determinación y desarrollo de territorios excoloniales, en lugar de atenerse a los sistemas de validación técnica, observadores externos y criterios internacionales, sistemas todos ellos presentes y garantes de la legitima reelección de Maduro, la implantación de tal desconfianza diplomática, pone en estado de preguerra no solo a Venezuela sino a las grandes potencias, que se reposicionan en torno al conflicto venezolano.

Más allá todavía del peligro bélico mundial, nos enfrentamos a una amenaza de carácter planetario y, tal vez, irreversible. Todas las tretas diseñadas por USA para colocar en Brasil a Bolsonaro, a una extrema derecha sumamente racista, homófoba, asesina y carcelera de todo tipo de libertades individuales, negadora de las más mínimas garantías económicas sociales y, sobre todo, entregadora de la Amazonia, no fueron obviamente, un paso hacia nada más sino el principio de un rápida estrategia para desmontar cualquier resquicio de soberanía en América Latina, así como para desarticular cuentas estructuras de vida y políticas de conservación fueran necesarias en favor de la alienabilidad de la selva de la Amazonia.

América puede ser la reserva de un sueño de libación o se puede convertir, inminentemente, en el asesinato del pulmón del planeta, de la biodiversidad, de los modos de vida indígenas, de las culturas, del reparto de los recursos y, sobre todo, el fin de la más mínima igualdad. Pedro Sánchez está reconociendo el gobierno de un asaltante autoproclamado presidente. Pedro Sánchez está en esta guerra con Trump y con Bolsonaro, es decir, con programas mundiales contra la población pobre, contra la población indígena, contra la población negra, contra la selva, contra los animales, contra la comunidad LGTBI y contra el ascenso del movimiento feminista. Esto nos interpela a todas.

La cobertura teórica que recibe el debate sobre la alienabilidad o inalienabilidad de la selva amazónica, de la que, dicho sea de paso, respiramos todos los terrícolas, viene constituida por una serie de observaciones científicas que certifican el cambio climático frente a la insistente negación de los especuladores imperialistas, cuyos intereses económicos desafían la mismísima supervivencia en el planeta. El negacionismo ecológico de Trump necesita adeptos en el poder que liberen para el mercado la más importante reserva de biodiversidad y oxígeno.

En Brasil, logró desestabilizar el país hasta colocar en el poder a un fiel colaborador, y así, un mismo discurso desde el que gestionar el terreno más grande  de la Amazonia, que es el brasileño. En cambio, más allá de las reservas de petróleo y la riqueza en recursos naturales, la gestión venezolana de su Amazonia está marcada por políticas de conservación y de protección de la población indígena. Hablar hoy de salvar el planeta es hablar del derecho indígena sobre sus territorios y modos de vida, es hablar del mantenimiento de una economía local y de la necesidad de mantener la selva libre de explotaciones masivas.

El gobierno revolucionario bolivariano, posicionado en cada cumbre contra los desastres del cambio climático, y comprometido, desde 1999, con la consagración de derechos medioambientales, recogidos en la Constitución Bolivariana, Ley orgánica del Ambiente de 2006, programas como la Misión Revolución Energética, las Mesas Técnicas del agua, o la Misión Árbol y, definitivamente, con la adopción de la teoría ecosocialista, se convierte en vocero principal de la resistencia crítica ante el alarmante cambio climático, concretada en el Plan de la Patria de 2013-2019, para contribuir rotundamente en la salvación del planeta. Esto, y no otra cosa, es lo que frustra los planes de Trump sobre América Latina (dominio energético y mercantilización de la naturaleza sin límites).

Para ello, sin embargo, necesita resucitar el mito del hombre blanco como dueño y señor del planeta, propietario de su casa, mujer e hijos, a lo que sirve la difamación de la vida indígena como enemigo salvaje del progreso capitalista y “virtuoso hogar burgués”. Para ello, ha necesitado fortalecer la ideología familiarista que invalida toda forma de vida en comunidad y todo modo de parentesco alternativo al núcleo familiar basado en el régimen heterosexista y en la consanguinidad.

Según la administración Trump-Bolsonaro, el modo de vida indígena y los proyectos del colectivo LGTBI, la dotación de pisos que el Poder Popular venezolano para Protección social y Comunas dispone para personas trans en situación de calle o personas LGTBI en peligro de exclusión en el ámbito de la vivienda, las políticas sobre medios de comunicación contra la difusión de imágenes estereotipadas de género y orientación sexual (que tanto “agraviaron” a aquellos productores de telenovelas), la garantía de derechos económicos en familias no tradicionales, o la prohibición activa de toda discriminación laboral, cultural o civil por raza, género u orientación sexual, implementada en la primera Constitución nacional bolivariana, así como el rotundo compromiso con la preservación de la Amazonia, obstaculiza la expansión mercantilista de los Estados Unidos. Y tiene razón.

No hace falta recordar los lazos históricos de España con América Latina para comprender la empatía que Pedro Sánchez ha de sentir para con las motivaciones de Trump. Como dijeron e intentaron poner en marcha algunos predecesores suyos en el cargo, “el interés de España es el de nuestras grandes empresas”. Pero la cuestión para nosotras debe ser: ¿La preservación de los intereses de una élite económica con delirios de grandeza imperiales propios de los Austrias y los Borbones o la preservación de la vida en nuestro planeta?. Venezuela se ha convertido en el tablero de un órdago, debemos defenderla y apostar decididamente por la vida en nuestro planeta.

 

Belén Castellanos Rodríguez

Responsable LGTB del Área externa del Partido Comunista de Asturias

 

 

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Nicaragua vencerá: “ni golpes duros ni blandos”

Algunos aceptan como opinión pública la opinión publicada y, sin más, sin ningún contraste de datos ni documental, se suman a ella. A una opinión que construyen los grandes medios de comunicación (agencias, grandes periódicos, cadenas de radio y TV), todas ellas propiedad de empresas vinculadas a intereses transnacionales e imperialistas y penetradas por los “servicios” de los EEUU, Israel y otras potencias.

Y es que en los últimos decenios algo han aprendido. Hoy no funcionan bien los golpes estilo Pinochet o Videla. Por eso se ha inventado el golpe “blando”. ¿En qué consiste? Primero, en identificar algún fenómeno de descontento real, aunque sea menor. Segundo, en alentarlo, incrementarlo y financiarlo. Tercero, en dotarle de arrope social y amistades supuestamente “progresistas” (movimientos vecinales, feministas, indigenistas, da lo mismo, que puedan ser víctimas fáciles de la mentira y la desinformación). Cuarto, poner a funcionar a “sus” empresas de comunicación, siguiendo la receta de Goebbels: repite mil veces una mentira hasta hacerla verdad, incluídas fotos de víctimas de un bando, diciendo que son del otro. Quinto, pasar a una fase de violencia “popular” programada, para cuyo éxito se harán llegar recursos económicos sin límite, armas y mercenarios. Sexto, conseguir la implicación activa y la condena de todo bicho viviente: los Estados “democráticos” y respetables (EEUU, paises de la Unión Europea), de los Estados vecinos (Colombia, otros centroamericanos, títeres del imperio,etc), de organizaciones internacionales (desde la OEA a la ONU, si es posible), de entidades “progres” internacionales (Amnistía Internacional,etc) y de personalidades, incluido ¿por qué no? el Santo Padre Francisco de Asís. Y ya está, a ver si da resultado. A ver quien “pica”.

Seguramente viene a cuento fijarse en el mundo del que procede la actual y selectiva defensa de los derechos humanos en Nicaragua, sí, precisamente en Nicaragua… Pues la defensa viene de la Europa que no abre sus puertos y deja ahogarse a niños en el Mediterráneo, de los Estados Unidos, que los encierra en jaulas, arrancados a sus padres, de Israel, que mata adolescentes, dándoles caza con francotiradores o de Colombia donde cada día se asesina a opositores al régimen uribista, descuartizándolos con motosierra… Aquí parece que los derechos humanos tienen menos importancia. Se trata de Nicaragua, a ver si, con un respaldo internacional más eficaz, los “tranques” dan mejor resultado que la “guarimba” en Venezuela. O, dicho de otra manera, el terrorismo.

Y todo esto, ¿por qué?. Bueno, es la doctrina Monroe: “América para los americanos”, es decir, para los norteamericanos. O sea, que hay que limpiar el “patio trasero” de los EEUU. Así, en general, con traiciones y ventas descaradas al imperialismo, como la de Lenin Moreno en Ecuador; con golpes judiciales, como el perpetrado contra Dilma, primero, y luego contra Lula en Brasil; o con todo lo que han venido gastando y manejando con diferentes procedimientos en Honduras, Paraguay, Argentina…o como en Colombia, donde tratan de dinamitar el proceso de paz e ir liquidando uno por uno a los antiguos guerrilleros desarmados, a los sindicalistas y a los opositores.

Pero, sin duda, hay golpes prioritarios, y esa prioridad no es arbitraria ni caprichosa. Tiene que ver con intereses, con enormes intereses económicos y con el interés geopolítico del imperialismo norteamericano. En efecto, no es casual ni la historia de las revoluciones sandinista en Nicaragua ni bolivariana en Venezuela, ni la concreta ubicación geográfica de estos dos paises, ni la significación económica del petróleo venezolano o del proyecto de construcción de un nuevo canal interoceánico en Nicaragua con decisiva participación de tecnología y capital chinos, capaz de competir con los yanquis frente al canal de Panamá y de contribuir a sacar a Nicaragua del subdesarrollo.

Por eso las fuerzas revolucionarias de todo el mundo cierran filas con el pueblo de Nicaragua, con su revolución Sandinista y con su legítimo Gobierno, presidido por el Comandante Daniel Ortega.

¡Ni golpes duros ni golpes blandos! ¡El terrorismo y la reacción en nuestra América NO PASARÁN !

Francisco de Asís Fernández Junquera-Huergo

Miembro del Comité territorial del PCA

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Contra el golpismo “legalizado”: no al impeachment en Brasil

Un presente y futuro inciertos y llenos de amenazas se ciernen sobre América Latina. Los grandes procesos de cambio, transformación sociopolítica y reorganización de la soberanía nacional iniciados a comienzos del nuevo milenio en la región, frente a las injerencias del capital financiero internacional, y más concretamente del norteamericano, parecen encontrarse en enormes dificultades.

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Una nueva ofensiva, no sin precedentes en épocas anteriores, va cogiendo cuerpo y, sobre todo, empieza a dar sus frutos, como están evidenciando los acontecimientos que se van sucediendo en el mal llamado “patio trasero” de los Estados Unidos, denominado así desde que aquella vieja doctrina de “Monroe”, se puso en marcha allá por el siglo XIX. Se podría tomar como referencia cronológica la muerte del Comandante Hugo Chávez -que, dicho sea de paso, está por demostrar si ha sido por causas naturales o han tenido algo que ver los servicios de inteligencia de los vecinos del norte-, para empezar a hablar de un retroceso muy preocupante de la hegemonía política de las fuerzas progresistas en algunos países como: Venezuela, Bolivia, Argentina, Brasil, Honduras, Uruguay, Paraguay, etc,  sin pretender tampoco meterlos a todos en el mismo saco, debido a las diferencias económicas, sociales, medioambientales, culturales y políticas existentes entre todos ellos.

Nuevas formas de sabotaje y extorsión, pero con viejos objetivos de rapiña y expolio se suceden a lo largo y ancho del continente, financiadas y orquestadas, como no podía ser de otra manera, desde Washington. Lo que antes se solucionaba por la vía de los golpes militares, dictaduras, asesinatos, desapariciones en masa, operaciones Cóndor diseñados “ad hoc” desde los sótanos más oscuros de Langley (sede de la CIA en Virginia), ahora se pretende accionar y legitimar desde una supuesta “legalidad democrática”; como dice el refrán: “para muestra, un botón” y éste, se llama Brasil. Muy alejado de lo que nos quieren hacer creer, a través de sus mentiras, los entramados empresariales de comunicación, claves y estratégicos en la nueva ofensiva neoliberal, asistimos a una destitución lenta del poder alcanzado por las fuerzas progresistas encaminada a situar, de nuevo, la balanza del lado de las oligarquías y élites locales.

Estamos en presencia de un “impeachment”, supuestamente garantista y justificado por las virulentas acusaciones de corrupción imputadas al gobierno Roussef y de unas maniobras que, no esconden más que un juicio político sumarísimo al gobierno, una sanción a otra manera de hacer las cosas y una impugnación en toda regla hacia todos aquellos países, cuyos gobiernos, continúan representando los intereses de clase de la gran mayoría social trabajadora.

Sería un desastre ver como se desmoronan sin oposición real y, sobre todo, sin solidaridad externa, todos aquellos referentes de la izquierda que se han ido constituyendo a lo largo de todos estos años y que, sin duda, y a la vista de los resultados está, han mejorado las condiciones de vida de sus gentes. No se puede mirar hacia otro lado, lo que pasa allí tiene sus implicaciones aquí, porque, nos guste o no, formamos parte de una basta cadena imperialista que tiene sus jerarquías y contra la que estamos obligados a luchar, sin descanso, para romperla. Esto implica, por un lado, no permanecer indiferentes ante lo que ocurre a nuestro alrededor por muy lejano que parezca y volver a situar el internacionalismo revolucionario como una prioridad política, y por otro, diseñar una nueva estrategia que nos permita encauzar, con mayor virtud, la solidaridad con todos aquellos pueblos que luchan abnegadamente por salir de las tinieblas del capitalismo. De nosotros depende desmontar todas esas mentiras que se utilizan contra aquellos movimientos y países que, a pesar de las diferencias que puedan existir, se encaminan a construir modelos sociales y políticos muy semejantes a los que llevamos persiguiendo durante mucho tiempo. Aprendamos de la solidaridad activa puesta en marcha por Cuba y otros países, nos va la vida en ello.

Como gritaban estos días por las calles de Brasilia: ¡No va a haber golpe, va a haber lucha!

 José Enrique Fernández González

Secretario de Comunicación del Partido Comunista de Asturias