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El PCE condena la violencia opositora en Venezuela

La Secretaría de Política Internacional del Partido Comunista de España (PCE) hace un llamamiento a la paz en la República Bolivariana de Venezuela y pide el fin de la violencia provocada por grupos fascistas, presuntamente instigados por Henrique Capriles Radonsky.

Desde el PCE lamentamos la muerte de siete personas y esperamos la pronta recuperación de los 61 heridos/as, personas atacadas de manera vil y despreciable por grupos violentos de la oposición.No toleraremos un golpe de Estado en Venezuela para lo que hacemos un llamado a nuestros cargos públicos y militantes a apoyar la institucionalidad democrática encabezada por el presidente constitucional, Nicolás Maduro que ha ganado con toda limpieza el pasado domingo las elecciones.
Hasta el momento Capriles no se ha dirigido al Consejo Nacional Electoral para presentar una impugnación de los resultados, mecanismo reconocido internacionalmente para resolver la controversia.

El candidato derechista quiere ganar con una posible intervención extranjera lo que no fue capaz de ganar en las urnas de manera democrática, demostrando su falta de respeto a la decisión popular y ante este panorama nos preguntamos ¿con cuantos votos ganó Pedro Carmona en 2002? Los golpistas de ayer quieren repetir una fórmula que no les funcionó.

En este escenario político el PCE hace un llamamiento a las fuerzas sociales y políticas progresistas de Venezuela a mantener la unidad y la calma, no caer en las provocaciones belicistas de una oligarquía reaccionaria, y a la comunidad internacional a apoyar a la democracia, y por tanto a Maduro.

Los comunistas españoles confiamos en la institucionalidad de Venezuela y que la Fuerza Armada Nacional Bolivariana mantenga el respeto a las leyes y a la decisión popular reflejada el pasado 14 de abril con la victoria de Nicolás Maduro como presidente.

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Declaración del PCA

La lucha de la minería: una valoración política.

Aún no hace una semana que la minería ponía fin a una enconada y larga huelga que perduró durante más de dos meses. Pero no se trataba solamente de una huelga. La intransigencia prepotente del gobierno provocó una cascada de actuaciones, primero de los trabajadores del sector y luego del conjunto de la población afectada, que revistió las más diversas formas de protesta y de confrontación frente a una represión, calculada y con frecuencia brutal, que fue realmente la única respuesta obtenida, destinada a atemorizar y disuadir.

El conjunto de Asturias y las zonas mineras de León vivieron dos meses de continuada anormalidad y convulsión social: Acampadas, encierros, concentraciones, marchas, huelga general en las comarcas mineras, continuos cortes de carreteras y de ferrocarril, manifestaciones multitudinarias, cajas de resistencia, enfrentamientos durísimos, detenciones, actos de solidaridad, apoyos institucionales y una repercusión desconocida desde hace muchos años en la prensa extranjera.

Hoy, después de tanta y tan tenaz lucha, de tanta entrega y de tanta y tan resuelta voluntad de victoria, con los mineros de vuelta a su trabajo en los pozos, es menester pararse y preguntarse ¿ha servido para algo?

En efecto, es evidente que a día de hoy no se ha alcanzado ni siquiera parcialmente el objetivo de las movilizaciones. Un objetivo, por lo demás, no sólo justo y debido en Derecho, sino perfectamente viable por su moderado monto económico y, por ende, asumible incluso en el marco desaforadamente restrictivo de las políticas del Gobierno. Lo que sucede es que, precisamente, es ese Gobierno el que quiere escenificar, como aviso a navegantes, un rigor tan extremado que es capaz de llevarle incluso al cínico incumplimiento de compromisos gubernamentales previamente adquiridos y con fuerza de ley. O sea un Gobierno interesado en dejar el siguiente mensaje:De nada han de valer protestas ni movilizaciones contra nuestras políticas de recortes sociales, de fiscalidad regresiva, de agresión al empleo, a los salarios y a los derechos laborales, de represión calculada y de amparo a los bancos y grandes empresarios. Si incluso estamos dispuestos a incumplir compromisos contraídos, y además viables, frente a un sector con fama de ser el más combativo de los trabajadores, imaginad los demás cómo seremos capaces de actuar con otras reivindicaciones. Es inútil moverse. La crisis debe pagarla la mayoría de los españoles y resignarse a ello

Pues bien, justamente porque las cosas han sido así, la conclusión es que las movilizaciones sobrevenidas al calor del conflicto minero, más allá de sus reivindicaciones concretas, lejos de haber cosechado un fracaso, han supuesto el éxito más importante de las luchas obreras y populares en el Estado Español, al menos desde el 14-D de 1988.

Es cierto que ha habido comportamientos poco adecuados que es necesario mejorar y corregir, especialmente los que comprometieron y lesionaron la unidad sindical en varias ocasiones por la actuación unilateral de algunos dirigentes. Seguramente es necesario apuntalar un modelo de unidad sindical menos cupular y más asentado en las bases, mirando al porvenir y obviando el poso de antiguos desencuentros. Pero no corresponde poner el acento en los aspectos negativos como no sea para aprender y mejorar, desde la generosidad y la necesidad histórica de unidad de acción. En este momento de agresión antisindical desde el Gobierno de la derecha, lo que toca es acentuar lo positivo, porque lo hay.

Desde luego, hacer una valoración política del conflicto minero, sus luchas y sus repercusiones, utilizando como único criterio el logro actual o no de sus reivindicaciones concretas, sería de una miopía más que preocupante. Porque se ha puesto fin a una larga huelga, con sus actuaciones conexas, en un mes de agosto en el que el potencial interlocutor está casi desaparecido, la sensibilidad social relajada y los protagonistas de la movilización necesitados de recuperar aliento, pero la voluntad que han dejado patente las direcciones sindicales y que se ha manifestado en las asambleas no es otra que retomar la lucha, una vez concluido el verano. Pero, sobre todo, porque una valoración que trascienda los planos laboral y económico, nos lleva a constatar una serie de aspectos sociales, políticos e incluso ideológicos, cuya evidencia sería muy difícil negar y que apuntan con claridad a un antes y un después del conflicto minero no sólo en las Cuencas y en Asturias, sino en toda España.

En efecto, hasta ahora venía siendo inusual que al movilización de un sector obreroy en este caso estamos hablando de uno muy menguado numéricamente en sus efectivos -desencadenase una solidaridad popular en su territorio, tan abrumadora como la que se ha dado con la lucha de la minería. Las concentraciones repetidas y periódicas ante los pozos con encerrados, la gran concentración ante el Ayuntamiento de Mieres, el seguimiento al 100% de la Huelga General en las comarcas mineras y la imponente manifestación de masas con que concluyó en Langreo, la despedida y acompañamiento de la Marcha Negra hacia Madrid, la respuesta cívica frente a la represión policial, incluyendo en ocasiones pueblos enteros (Ciñera, Pola de Lena), la creación de comités y plataformas de solidaridad o el pronunciamiento institucional de Ayuntamientos (incluidos a veces concejales del Partido Popular) permiten referirse a un ascenso espectacular de la conciencia social, a una pérdida creciente del miedo al enfrentamiento y a un incremento de la autoestima de la población, entre la que gana adeptos la idea de que se pueden cambiar las políticas y hacerlo desde la participación de todos como protagonistas.

Fue palpable a todas luces la aceptación creciente del conflicto y de sus métodos de lucha por la mayoría de la sociedad. La gente fue acostumbrándose a aceptar los inconvenientes y molestias que conllevan los cortes de carretera y de vías férreas y a asumir sus razones. Así, la huelga minera y sus movilizaciones servían para lograr una mayor legitimación social de la huelga y sus actuaciones conexas como formas de lucha con potencialidad para extenderse y generalizarse al conjunto social en próximos enfrentamientos contra la voracidad de los dueños del capital y las prácticas dogmáticas de sus gestores políticos.

En lo que atañe al resto del Estado, hay que señalar el rastro de solidaridad que la Marcha Negra fue dejando allá por donde transitaba, el emotivo recibimiento en Madrid la noche del 10 de julio y la incalculable marea humana que de forma entusiasta acompañó a la Marcha desde Moncloa a Sol. Sólo la descomunal manifestación celebrada el día 11 pudo rivalizar en multitud y vehemencia con la movilización de la víspera.

Algo sucedió aquellos días. Y no parece haber sido ningún fuego de artificio, sino algo que se multiplicaba exponencialmente desde la efervescencia de los foros sociales y como clamor de indignación frente a la barbarie represiva y, así, el día 19 de julio fueron millones de personas los que abarrotaron 80 ciudades en el conjunto del país.

No se pretende desde este análisis que el conflicto minero haya sidola causade la creciente contestación social pero es igualmente innegable que, en su desarrollo, se convirtió en vanguardia y ejemplo para el movimiento obrero, en catalizador de la determinación sindical y en revulsivo de las conciencias de amplios sectores de la ciudadanía. Lo que pudo apreciarse en la gran jornada de manifestaciones del 19 de julio, ya perceptible en la masiva acogida a la Marcha minera la noche madrileña del día 10, va mucho más allá de la respuesta a una convocatoria de sindicatos o de fuerzas políticas de izquierda, que sin duda lo es, pero es también la respuesta cívica espontáneamente querida, sentida individualmente como necesaria, de un pueblo que ha ido creciendo en conciencia y parece haber dado un salto cualitativo en su exteriorización.

Tal parece que la agresión continuada y desmedida de los dueños del capital y sus gestores del Gobierno contra la mayoría social, unida a la constatación de que es posible tomar la calle, esté propiciando cambios muy significativos en el sentido de una inversión de la hegemonía ideológica actualmente existente, en su contrario.

Es evidente que la proyección de la indignación que hace poco más de un año recaía, a su manera, en el movimiento 15M, hoy se vincula al movimiento obrero, como núcleo central de contestación ciudadana a las políticas neoliberales del capitalismo y sus gobiernos. Se abre el camino para exigir la convocatoria de un referendum que caucione o no unas políticas que nada tienen que ver con el programa electoral del partido gobernante y que, por tanto, constituyen una auténtica estafa, carente ahora mismo de cualquier legitimación democrática. Se abre el camino hacia una Huelga General con un nuevo carácter de gran jornada cívica y plebiscitaria contra el Gobierno estafador.

Comienzan a apuntarse las condiciones para la viabilidad de lo que desde el Partido denominamos la Alternativa Social, Democrática y Anticapitalista para la construcción de un bloque social alternativo capaz de enfrentar el modelo socioeconómico español y el régimen político de monarquía bipartidista que le da cobijo.

Pues bien en la aceleración de todo ese proceso, cuyo inmenso caldo de cultivo es en primer lugar el conjunto de la clase trabajadora, pero también el conjunto de la mayoría social agredida, es innegable que las grandes movilizaciones de la minería han puesto una semilla poderosa y eficaz. Esa es su gran victoria. Su victoria incontestable.

El Partido Comunista de Asturias, fuertemente implicado desde el primer momento en todos los planos y actuaciones de la lucha de la minería, al igual que en el conjunto de las movilizaciones contra los recortes y por una salida social y democrática a la crisis redoblará sus esfuerzos en los próximos meses para contribuir a que la luz que desde Asturias volvieron a encender los trabajadores de la mina no se extinga y sirva para iluminar no sólo la consecución de sus justas reivindicaciones, sino el camino de lucha de toda la clase trabajadora y de la gran mayoría social de este país.

Oviedo, agosto 2012

Comisión Permanente del PCA

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El PCA con las movilizaciones mineras en marcha

Declaración del Partido Comunista de Asturias

Los Presupuestos Generales del Estado dan un hachazo a los Fondos Mineros recortando dos de cada tres euros. En el ya largo proceso de reconversión de la actividad minera, los diferentes Gobiernos Autonómicos y Centrales de las dos últimas décadas pactaron y acordaron los diferentes capítulos de los Fondos Mineros. El Gobierno de Rajoy en los PGE de este 2.012 deja sin cobertura financiera dos tercios de lo ya acordado. Este recorte supondría el abandono total de la minería del carbón en España y, en lo que atañe a Asturias, la supresión brutal de un sector no por reducido hoy menos emblemático e imbricado en la realidad económica, social y cultural de esta región y no pocas de sus comarcas.No es aceptable que un gobierno democrático deje de cumplir acuerdos alcanzados con anteriores gobiernos, que deje de cumplir acuerdos que alcanzaron vigor normativo de ley en el desarrollo plurianualizado de Fondos Europeos y en Presupuestos Estatales y Autonómicos.

Es inadmisible que un gobierno democrático  deje de financiar dotaciones e infraestructuras en las comarcas mineras, comprometidas y programadas como compensación a estas comarcas del cierre de actividad minera pactado y ya realizado. Ello supone incrementar el desplome económico que estas comarcas vienen padeciendo, potenciar su despoblación, seguir liquidando cualquier resquicio de futuro para las generaciones jóvenes y sembrar la incertidumbre social generalizada, incluido el segmento de trabajadores en situación de prejubilados.

Es intolerable, singularmente en este tiempo de crisis del sistema, que España renuncie al carbón como “Reserva Estratégica”.  España importa el 80% de la energía que consume, con el barril de petróleo al alza, con el dólar cada día más caro y en un escenario ya permanente de inestabilidad energética, productiva y financiera, no es prudente que se dilapiden los esfuerzos de las últimas décadas en investigación, en ingeniería, y en capacidad de retomar determinadas explotaciones en caso de necesidad.

Cada día es más evidente que el Partido Popular dirige un Gobierno títere de los intereses capitalistas, un partido que fue capaz, además, de común acuerdo, con el PSOE, de modificar hasta la Constitución, para plegarse a las presiones de la Banca y del gran capital doméstico y extranjero y que hoy se aplica a recortar con una mano miles de millones de euros en derechos y servicios de todos y de juntar con la otra también miles de millones para inyectar suculentas ayudas a los Bancos, condenando cada vez a  más amplios sectores de la ciudadanía a la exclusión y la pobreza.

Los Sindicatos Mineros y las Comarcas han comenzado un proceso de movilización contra este nuevo atropello y, el PCA, que alienta y respalda solidariamente este empeño, llama a sus militantes y a toda la ciudadanía a apoyar  y participar en las justas movilizaciones en marcha.

 

Oviedo 22 de mayo de 2012.

Secretaria de Movimiento Obrero y Comunicación del Partido Comunista de Asturias

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Declaración del PCA

Ante las recientes detenciones practicadas en Cataluña por los Mossos d’Esquadra para poner a disposición de la Audiencia Nacional a varios activistas del movimiento 15-M en relación con su participación el pasado día quince de junio en las movilizaciones que tuvieron lugar ante el Parlament catalán, el PCA entiende que estamos en presencia de un nuevo paso represivo de los que se han venido produciendo contra el movimiento de los indignados y que supone por tanto un nuevo ataque de las instituciones del Estado contra todo el movimiento 15-M en su conjunto. Con actuaciones como éstas se trata de disuadir a la ciudadanía de su participación en un movimiento de contestación que goza de un amplísimo respaldo social y que hoy representa un vector fundamental de la crítica frente al actual régimen y sus mecanismos políticos así como contra el sistema económico-social imperante y sus medidas antipopulares para salir de la crisis favoreciendo a la banca y al gran capital a costa de los trabajadores y trabajadoras y generando más pobreza y exclusión social. El PCA condena enérgicamente las actuaciones represivas contra el 15-M, en tanto que movimiento de masas, pacífico, democrático y popular, tanto en ésta como en otras ocasiones, y expresa su solidaridad con el conjunto de un movimiento con el que comparte no pocas ilusiones y objetivos. Oviedo, 4 de octubre de 2011