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Acerca de la colaboración empresarial e institucional con el Estado de Israel

NOTA DE PRENSA

Recientemente el Alcalde de Oviedo y el Presidente de la Cámara de Comercio Sr. García Vigón, hacían publica su coincidencia de reforzar los lazos económicos entre Israel y la capital asturiana mediante la reactivación del hermanamiento entre Oviedo y la ciudad israelí de Jolón. A ese respecto, el Partido Comunista de Asturias quiere manifestar:

1º.- Su rotundo rechazo a cualquier tipo de colaboración con el Estado sionista Israel, que ha hecho de la negación de los más elementales derechos humanos a millones de palestinos, una de sus señas de identidad.

2º.- Que, igual que ocurrió con el Apartheid Sudafricano, los pueblos y países del mundo amantes de los derechos humanos deben abstenerse de colaborar con aquellos que los violan sistemáticamente, como el Estado sionista de Israel que persigue, tortura y encarcela a los palestinos, incluidos niños y adolescentes, que bombardea salvajemente a la población, comete asesinatos selectivos, continúa la política de asentamientos, incumple las Resoluciones de la ONU y somete al pueblo palestino a una implacable segregación. En la actualidad existe un pujante movimiento internacional de boicot a Israel integrado por diversos países y organizaciones de todo tipo a nivel mundial, y resulta una vergüenza para los y las ovetenses que su gobierno municipal mantenga lazos privilegiados, como son los hermanamientos, con los verdugos de todo un pueblo y ninguno con sus víctimas.

3º.- Que no todo vale para que unos pocos hagan dinero y negocio: Tal como el Sr. García Vigón sin duda conoce, el tan cacareado “crecimiento del sector de la construcción en Israel” se cimenta en la edificación de miles de viviendas en asentamientos israelies ilegales que violan acuerdos y leyes internaciones y que sólo son posibles gracias al terrorismo de Estado desplegado por Israel. Una violencia que priva a todo un pueblo, el palestino, de su propia tierra. Es una vergüenza que la Cámara de Comercio de Oviedo pretenda aprovechar una época de crisis para presentar futuros negocios manchados de sangre.

4º.- Nuestro ánimo al pueblo de Oviedo para reforzar las diferentes acciones de boicot al apartheid israelí y para hermanarse con todos los pueblos que sufren, en este caso el palestino. Frente a una institucionalidad que cada vez disimula menos su carácter cupular y escasamente democrático, los pueblos tienen que encontrar las vías para mostrar lo que es justo, en este caso, su compromiso inquebrantable con los Derechos Humanos y su solidaridad con los oprimidos.

 

Gabinete de Prensa del Partido Comunista de Asturias en Oviedo

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Clausuradas las Primeras Jornadas Culturales Palestinas de Oviedo

Oviedo ha acogido durante los días 13, 14 y 15 de junio las Primeras Jornadas Culturales Palestinas, organizadas por “Oviedo con Palestina” y el Partido Comunista de Asturias, las Jornadas han servido para acercar a la ciudadanía ovetense y asturiana la realidad del pueblo palestino a través de exposiciones, cine y diferentes conferencias.

Estas jornadas se dan en un momento en el que el gobierno israelí está implementando una campaña político-cultural para intentar lavar la imagen de un régimen cimentado sobre los campos de refugiados, la segregación y la negación de los más elementales derechos de la población orginaria de la zona. El hecho de que el Ayuntamiento de Oviedo y otras instituciones asturianas hayan decidido colaborar con el régimen de apartheid israelí, en eventos como las autodenominadas jornadas culturales israelíes de Oviedo, son un síntoma inequívoco de la poca calidad democrática que se respira en la actualidad en estas instituciones.

La mesa redonda de la clausura fue presentada y moderada por el exconcejal comunista Celso Miranda y contó con la participación del activista palestino Mohamed Safa y el representante del Frente Popular de Liberación de Palestina Majed Dibsi. Una nutrida concurrencia asistió atenta a sus ponencias y al animado coloquio posterior.

Hasta el día 29 de junio, en la sala de exposiciones de la biblioteca de El Fontán de Oviedo, todavía es posible visitar la exposición “Historia de Palestina a través de su humor gráfico”, una excelente muestra de la creativa cultura palestina ofrecida en el marco de las Primeras Jornadas Culturales Palestinas de Oviedo gracias a la colaboración desinteresada del Comité de Solidaridad con la Causa Árabe.

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Reunión de Liliana Córdova con el Consejo de Estudiantes de la Universidad de Oviedo y con CC.OO. de Asturias

Liliana Córdova, miembro de la red internacional de judios antisionistas y portavoz de la Campaña Internacional de Boicot a Israel BDS, mantuvo sendos encuentros en la mañana de hoy con los representantes de estudiantes de la universidad asturiana y con Adrián Redondo y Amable González, miembros de la dirección regional de CC.OO. En ambas reuniones, en las que también participó Mª Aurora Álvarez del Comité de Solidaridad con la Causa Árabe, se abordó la necesidad de hacer visible frente a la opinión pública del carácter colonial y de apartheid del Estado de Israel. Los estudiantes universitarios mostraron un vivo interés en cómo abordar acciones concretas de boicot en el seno de su institución académica. Por su parte Adrián Redonde, responsable de Relaciones Internacionales de CC.OO. de Asturias señaló que “el movimiento sindical es clave, por su internacionalización, para el éxito de la causa palestina”. Ambos encuentros se celebraron con el acompañamiento del Secretario Político del Partido Comunista de Asturias en Oviedo, Ignacio Loy Madera, a pocas horas del comienzo de las Primeras Jornadas Culturales Palestinas de Oviedo, organizadas por “Oviedo con Palestina” y el Partido Comunista, y con las que se quiere sensibilizar a la población ovetense y asturiana con la situación que atraviesa el pueblo palestino, así como denunciar la colaboración de instituciones asturianas, como el Ayuntamiento de Oviedo, con el régimen israelí, que ha hecho de la negación de los más elementales derechos de más de 10 millones de palestinos y palestinas su principal seña de identidad.

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Primeras jornadas culturales palestinas

¿Cuándo?: De Miércoles, 13 Junio, 2012 – 19:00 hasta Viernes, 15 Junio, 2012 – 21:30
¿Dónde?: Oviedo (varios lugares)

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La amargura del policía alemán Hensch

Henning Hensch, un policía alemán retirado con carnet del SPD, se declara aun dolido por lo que vivió en 1999, pero, ¿a quien le interesa hoy la guerra de Kosovo, si ya nos hemos olvidado de la de Libia y preparamos la de Irán? Este jubilado de la localidad de Lütjenburg, en el extremo norte de Alemania, continúa dándole vueltas.

En 1998 fue uno de los seleccionados por el ministerio de exteriores para engrosar los equipos de observadores de la OSCE en Kosovo. En esa calidad actuó como perito en Rachak y Rugovo, dos localidades albanesas en las que su gobierno, socialdemócrata, engañó a la opinión pública escenificando dos masacres que no lo fueron. La primera guerra con participación de Alemania desde Hitler, comenzó con esas mentiras.

“Este era un país opuesto a la guerra y consiguieron que, por primera vez en más de cincuenta años, se metiera en una”, explica por teléfono Hensch, que confiesa que, “antes de esa experiencias nunca imaginé que en mi país pudiera pasar algo así, es decir que el gobierno y la prensa mintieran al unísono y engañaran a la población”.

Todavía hoy, trece años después, se confiesa “amargado” por ello. El día 15 Hensch explicó su historia en un documental de la televisión NRD. En 1999 habría sido una bomba, pero ¿hoy?

La masacre que no fue

Rachak y Rugovo son dos pueblos del noroeste de Kosovo, al sur de la capital de distrito de Pec. Con la frontera albanesa muy cerca, en 1998 la región era zona de acción de la guerrilla albanesa UCK, sostenida y financiada por la OTAN, la CIA y el servicio secreto británico.

Aquel año la UCK cometió tantos desmanes con civiles serbios, gitanos y albaneses “colaboracionistas” que su jefe local, Ramush Haradinaj, luego primer ministro de Kosovo, hasta llegó a ser juzgado en La Haya por crímenes de guerra por un tribunal que era comparsa de la OTAN.

Haradinaj fue absuelto, entre otras cosas porque diez de los nueve testigos que debían declarar contra él fueron eliminados antes de que pudieran hacerlo, unos en “accidentes de tráfico”, otros en “peleas de bar”, otros en atentados. Así hasta nueve.

En cualquier caso, a principios de 1999 el ejército yugoslavo respondió con gran fuerza a aquella ofensiva de la UCK teledirigida por la OTAN, con una contraofensiva.

Cerca de Rachak y de Rugova varias decenas de guerrilleros albaneses cayeron en emboscadas ante el ejército. Hensch estuvo allí. Vio a los guerrilleros muertos con sus armas, carnets y emblemas de la UCK cosidos en sus guerreras. En Rugovo, los yugoslavos juntaron los cadáveres en el pueblo y los observadores de la OSCE hicieron fotos.

“Esas fotos, convenientemente filtradas de todo rastro de armas y emblemas de la UCK, hicieron pasar lo que fue un enfrentamiento militar con grupos armados, por pruebas de una masacre de civiles”, dice Hensch. “Ambos bandos cometían exactamente los mismos crímenes, pero había que poner toda la responsabilidad sólo sobre uno de ellos”, dice el policía jubilado.

El 27 de abril el entonces ministro socialdemócrata de defensa alemán, Rudolf Scharping, presentó en rueda de prensa aquellas fotos en las que se veía los cadáveres de los guerrilleros amontonados en el papel de civiles inocentes masacrados.

Al día siguiente, el diario Bild publicaba una de ellas en portada con el titular: “Por esto hacemos la guerra”.

Cambiar un consenso pacifista

La generación de Hensch estaba cansada de guerras. Hasta los años ochenta en la sociedad había un enorme consenso pacifista, algo que atravesaba incluso a los partidos de la derecha y por supuesto al SPD, el partido de Hensch.

“Teníamos una guerra terrible a nuestras espaldas y decíamos “nunca más”, así fuimos socializados”, recuerda Albrecht Müller, antiguo funcionario de la administración de Willy Brandt, que desempolva el programa de su partido de diciembre de 1989:

“Nuestra meta es disolver los bloques militares mediante un orden de paz europeo”. El hundimiento del bloque del Este reduce el sentido de las alianzas militares e incrementa el de las alianzas políticas (…) se abre la perspectiva para un fin del estacionamiento de las fuerzas armadas americanas y soviéticas fuera de su territorio en Europa”.

“El Bundeswehr tiene que limitarse exclusivamente a la defensa del país”. Desde la guerra contra Yugoslavia ese estado de ánimo se ha cambiado por un nuevo catálogo: El uso del ejercito es posible sin haber agotado los escenarios de negociación, la OTAN puede ser utilizada fuera de su área, el Bundeswehr ya no limita su función a la defensa del país, sino que puede usarse en Kosovo o en el Hindukush, y el ejercito puede utilizarse para proteger las rutas comerciales, el abastecimiento de materias primas, explica.

Para cambiar ese consenso nacional la OTAN, el gobierno de socialdemócratas y verdes (1998-2005) y los medios de comunicación, se tuvieron que emplear a fondo.

El “Media Operation Center” de la OTAN dirigido por el infame Jamie Shea, fue una fábrica de mentiras, que los periodistas retransmitían. Shea, un hombre deshonesto, decía que el truco era, “mantener a los periodistas lo más ocupados posible, alimentándoles constantemente con briefings, de tal manera que no tengan tiempo para buscar información por si mismos”.

Años después Shea dijo que, “si hubiéramos perdido la opinión pública alemana, la habríamos perdido en toda Europa”.

Fabricar la versión del conflicto

El relato del conjunto de la guerra en los Balcanes se basó en una fenomenal sarta de mentiras, amnesias y omisiones. Primero los croatas, luego los bosnios y finalmente el UCK, utilizaron los servicios de la misma empresa de relaciones públicas norteamericana, Ruder Finn, que entre los años sesenta y los noventa había sido contratada por Philip Morris para enturbiar la evidencia de los nocivos efectos del tabaquismo. La opinión pública europea fue intoxicada.

Como hoy se conoce perfectamente, antes de la intervención de la OTAN no había en el conflicto de Kosovo la “catástrofe humanitaria” que las potencias se inventaron para intervenir, sino una violencia que en 1998 partió de la UCK y a la que el ejército yugoslavo respondió con la misma violencia, explicaron miembros del equipo de la OSCE como el general alemán retirado Heinz Loquai y la diplomática estadounidense Norma Brown en el documental de la cadena de televisión alemana “Es began mit einer Lüge” (comenzó con una mentira).

Los medios alemanes ignoraron tres datos fundamentales: la tradicional hostilidad de su país hacia Yugoslavia, que medios como el Frankfurter Allgemeine Zeitung, Der Spiegel y Die Welt consideraban una “creación artificial”.

El hecho de tanto croatas como bosnios musulmanes, liderados en los noventa por dirigentes de la misma calaña que Milosevic, habían sido aliados de la Alemania nazi en la segunda guerra mundial y partícipes, junto con los alemanes, del genocidio de un millón de serbios desencadenado entonces por los nazis.

Y en tercer lugar, la naturaleza ilegal de las acciones militares de la OTAN desde el punto de vista de la ley internacional. El ministro de exteriores verde Josef Fischer comparó a “los serbios” con los nazis y al conflicto de Kosovo con Auschwitz, comparaciones que el General Loquai califica de monstruosas, “espacialmente en boca de un alemán”. Algunas de las mentiras concretas y puntuales fueron las siguientes:

Mecanismo con futuro

El ministro de defensa Rudolf Scharping dijo antes de la intervención que los serbios habían matado a 100.000 albaneses en Kosovo. La realidad es que se contabilizaron entre cinco mil y siete mil, entre muertos y desaparecidos, todos los bandos juntos e incluidas las víctimas de bombas de la OTAN.

-Scharping suscribió la leyenda del “plan herradura” de Milosevic: rodear a la población albanesa y deportarla antes del inicio de los bombardeos. Mencionó la “expulsión de millones” y “400.000 refugiados” albaneses antes del inicio de la operación de la OTAN.

La realidad fue que para verano de 1999, a las pocas semanas de la ocupación de Kosovo por la OTAN, 230.000 serbios, montenegrinos, gitanos y albaneses “colaboracionistas” fueron expulsados de Kosovo mientras en la región había 46.000 soldados de la OTAN, es decir uno por cada cuatro expulsados.

-Pueblos que habían sido destruidos después de iniciada la guerra por la OTAN se presentaron como destruidos antes, como incentivo para iniciarla.

-Se ocultó que la miseria de los refugiados albaneses y su estampida también era consecuencia de los ataques de la OTAN.

-Scharping informó del inexistente “campo de concentración” de Milosevic en el estadio de Pristina con “varios miles de internados”. Diez años después, el ministro dijo que sólo eran “sospechas”.

-Se informó falsamente de “cinco dirigentes albaneses” ejecutados y de “veinte profesores” albaneses fusilados antes sus alumnos.

Todo ello se hizo para justificar más de 6000 ataques de la OTAN sin mandato de la ONU cuyo sentido era demostrar que la OTAN tenía razón de ser y aprovechar las violencias –agravadas por la intervención de las potencias – para disolver Yugoslavia, un estado anómalo en el nuevo orden europeo posterior al fin de la guerra fría. Ningún político y medio de comunicación se ha disculpado y la misma constelación actúa, y está preparada para actuar, en los conflictos del presente y el futuro.

Fuente: http://www.lavanguardia.com/internacional/20120131/54247835488/la-amargura-del-policia-aleman-hensch.html

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El PCA mira con ilusión hacia América latina y el caribe

El Partido Comunista de Asturias mira con ilusión hacia América Latina y el Caribe. La recién nacida Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), integrada por 33 países, ha concluido con la llamada “Declaración de Caracas” que hace alusiones al combate contra el imperialismo y a la defensa de las comunidades indígenas y locales.

Se establecen en el documento como acciones futuras inquebrantables “el respeto al Derecho Internacional, la solución pacífica de controversias, la prohibición del uso y de la amenaza del uso de la fuerza como modelo de relaciones entre países, el respeto a la autodeterminación, el respeto a la soberanía, el respeto a la integridad territorial, la no injerencia en los asuntos internos de cada país, la protección y promoción de todos los derechos humanos y de la democracia”, entre otras.

Los 33 países se han comprometido a que la CELAC “avance en el proceso de integración política, económica, social y cultural de Latinoamérica”.

Han expresado también su enérgico rechazo al bloqueo económico al que Cuba está sometido por los Estados Unidos desde 1962, reclamando al Gobierno estadounidense que ponga fin al mismo ,por ser contrario al derecho internacional y en cumplimiento de las sucesivas resoluciones de condena aprobadas por la Asamblea General de la ONU.

Por tanto, el PCA apoya el proceso de unidad que para los pueblos del Sur americano representa la conformación de la CELAC,convencido de que marcará el inicio de un nuevo modelo de relaciones para todo el continente. En las que primen la soberanía y el respeto mutuo entre países, frente a la politica intervencionista de carácter neocolonial que históricamente los EEUU han diseñado para controlar política, económica y militarmente la región.

¡Que viva la lucha de América Latina!

Secretaria de solidaridad internacional del PCA

Secretaria de comunicación del PCA

Francisco de Asís Fernández Junquera - Secretario General del PCA
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Revueltas árabes y revoluciones latinoamericanas

Respuesta a un artículo de Sami Nair

Es bien conocida la ya antigua tentación a la que suelen sucumbir no pocos intelectuales de izquierdas europeos de dar lecciones de coherencia y buen hacer revolucionarios a los revolucionarios latinoamericanos, incluidos los intelectuales, que, además de escribir, van llevando a cabo como pueden los procesos de transformación social en sus propios países y cambiando, en la práctica, su realidad política, económica y social. Sucedió así desde hace mucho tiempo con Cuba y hoy sucede otra vez con Venezuela, Bolivia, Ecuador, Uruguay, Argentina o Nicaragua de formas y maneras tan diversas como las realidades y procesos de cada uno de estos pueblos.

Lo cierto es que a principios de septiembre ha tenido lugar en Buenos Aires un coloquio internacional de intelectuales de izquierdas y tal parece que a la parte europea que lo auspiciaba se le fue de las manos de alguna manera, al encontrarse con una mayoría de intelectuales latinoamericanos “adultos”, con opinión formada no coincidente con la suya y, al parecer, inmunes al peso del “glamour” y la “grandeur” de la “intelligentzia” europea, tenidos como argumento de autoridad.

En efecto, cuenta Sami Nair, uno de los asistentes europeos al coloquio bonaerense, (“El País”. 13.10.11, p.29), que sus posiciones allí, acerca de los acontecimientos sobrevenidos en el mundo árabe, particularmente, parece, su defensa de la intervención militar contra Gadafi, fueron atribuidos por algunos a “ingenuidad” o incluso casi a “complacencia” con los intereses imperialistas. No es cuestión ahora de dilucidar acerca de la naturaleza de las opiniones de Sami Nair  pero sí, desde luego, de su carácter eurocéntrico que incurre, como decía, en esa querencia por repartir lecciones de revolución bien entendida a los pueblos del “Tercer Mundo”, particularmente a los latinoamericanos, a los que el profesor Nair llega a llamar ignorantes, maniqueos y obcecados “para explicar” la discrepancia con sus propias opiniones por parte de sus contertulios de la otra parte del Atlántico.

Quienes no hemos estado presentes en el coloquio de Buenos Aires no podemos pronunciarnos sobre la solvencia argumental de los interlocutores latinos del Sr. Nair, pero ello no nos impide tomar postura sobre el artículo que éste publica en “El País” y valorarlo como un texto excesivamente esquemático, poco riguroso y plagado de contradicciones.

Así, el artículo llama “revoluciones” bien a revueltas que, de manera incompleta y manteniendo la tutela de poderes fácticos han sacudido regímenes, modificando sólo el modelo político que había y derrocando gobernantes, pero manteniendo la estructura de las formaciones económico-sociales existentes, o bien a guerras civiles que han cursado además con intervención militar extranjera. Pero, enseguida, proclama con respecto a tales realidades justo lo contrario: que “querer encerrarlas en una definición que les daría la patente de revolución” es una prueba de pedantería y un insulto -dice- a los pueblos que las protagonizan.

Luego, tras una innecesaria pirueta histórica que le lleva a diferenciar los acontecimientos del mundo árabe nada menos que de la Revolución Francesa de 1789, de la Revolución Rusa y de la Revolución Cultural China, tal vez por mor de argumentar su tesis de que las revoluciones no necesitan partidos ni vanguardias, se entrega a una comparación de los conflictos dados en varios países árabes con los procesos acaecidos en Europa del Este tras la caía del muro del Berlín.  Comparación no sólo anacrónica e impropia desde los puntos de vista político, socio-económico, cultural e incluso antropológico, sino además muy triste. Desde luego, si además de árabe fuese musulmán, le pediría a Alá que no dejara a nuestros pueblos hundirse en el imperio de las nuevas mafias en la corrupción, en el paro galopante, en el desplome de la protección social ( ni sanidad ni educación gratuitas, ni guarderías públicas, ni residencias de mayores, etc) en la eclosión de la mendicidad, en la prostitución infantil, en la nueva dependencia militar de la OTAN y los EE.UU…

Por lo demás, la mezcolanza de situaciones y la mixtificación de explicaciones se enseñorea de un artículo que pretende acuñar el concepto de revolución  árabe sin abordar ni de lejos con un mínimo de rigor las diferencias entre los casos de Tunez y Egipto, sus orígenes, sus procesos y sus actores. Mucho menos entre estos países y Libia, donde se desemboca en una guerra que habrá que explicar por otras razones diferentes al filantrópico altruismo de la OTAN (¿o resulta que ahora en Libia no hay petróleo?). Sin referirse a Siria más que para abominar de su infame mandatario y lamentar la inhibición de la “Comunidad Internacional”. Sin decir ni palabra de Argelia o de Marruecos donde las movilizaciones, por ahora, se quedaron en nada. ¿Por qué? ¿Y qué sucede con Arabia Saudí, Kuweit, Iraq, Los Emiratos, etc..? ¿O estos no son árabes? ¿O la “revolución árabe” no es tan árabe? ¿ Por qué?

Sami Nair, tan indignado frente a los “prejuicios” de la izquierda latinoamericana, incurre, en cambio, en uno típico de la izquierda “moderna” -o posmoderna- europea  cuando dedica aproximadamente la cuarta parte de su extenso artículo a vapulear al ya depuesto Gadafi, como para dejar patente y singular constancia de su independencia de criterio que, a mayor abundamiento, refuerza hablando de “la trágica inhibición de la Comunidad Internacional en Siria” frente a “los crímenes bárbaros de la soldadesca de Assad”. ¿Por qué buscar precisamente ese paradigma? ¿Es que Israel, por ejemplo, que comparte espacio geopolítico, no comete “crímenes bárbaros” con los palestinos? ¿No existe ahí “inhibición” de la Comunidad Internacional”? ¿ O es que resultaría políticamente incorrecto motejar de “soldadesca” al Tsahal israelí?. Además, utilizar acríticamente el concepto de “Comunidad Internacional” es simplemente hacerse eco de un camelo al uso para justificar intervenciones imperialistas remitiéndose a un ente o categoría “superior”, como antaño pudo haber sido “Dios”, “la Patria”, “el Ideal” o lo que fuera.  Hay un orden mundial con un polo hegemónico que posee sus intereses y, enfrente, hay otros intereses. Los vetos en el Consejo de Seguridad de unas Naciones Unidas, por cierto nada democráticas, que determinan unas u otras “inhibiciones”, provenientes bien de los EEUU o bien de Rusia o China, no son sino la expresión de intereses geoestratégicos contrapuestos de grandes potencias que hacen que el mundo no sea hoy, como no ha sido nunca, ninguna “Comunidad”.

Así  las cosas, ¿Cómo no iban a pensar en “complacencias” con los intereses estadounidenses o europeos los interlocutores latinoamericanos de Buenos Aires?. Si en el texto que estamos comentando se prodiga una injustificable justificación de la agresión extranjera, que define la intervención de la OTAN como realizada “bajo mandato de la ONU” y “en un marco perfectamente limitado”, refiriéndose luego a los conocidos intereses neocoloniales de Francia y Reino Unido que afortunadamente -dice- habrían visto como se impedía su intervención en solitario. O sea, como si el resto de potencias agresoras, empezando por los EEUU y terminando por España, con sus F-18,  no tuvieran sus propios intereses y no hubiesen cooperado además con los franceses y británicos, que ciertamente no habrían combatido solos sino bien arropados.

Por otra parte,  además de inconcebible resulta patético decir que la intervención aeronaval extranjera ha salvado de una posible “masacre segura”  a “poblaciones civiles” cuando está perfectamente documentada la masacre -esa sí que segura- producida por los bombardeos de la OTAN con centenares de muertos, incluidos niños, y alcance de innumerables objetivos civiles, incluidos hospitales.

Por tanto e independientemente de su intención sobre la que evidentemente no es pertinente juicio alguno, lo cierto es que textos como el de Sami Nair contribuyen como ingredientes a componer un campo de cultivo ideológico favorable a otras intervenciones contra Estados soberanos de Latinoamérica o de cualquier lugar del mundo que, con mayores o menores transformaciones sociales en su interior y posturas antiimperialistas, son continuamente denostados, calumniados y amenazados por el “pensamiento único” y sus voceros, los medios de comunicación del “stablishment” global.

De otro lado, pretender, como hace Sami Nair que la extensión del integrismo islámico se debe a los Gadafi, Mubarak, Ben Alí, El Assad y Saleh, deja estupefacto a cualquier lector mínimamente informado. Primero por su arbitraria parcialidad excluyente. ¿Por qué esos señores y no Mohamed VI, el rey Saudí o las autoridades argelinas?. Pero, sobre todo porque es público y notorio el papel de los “servicios” occidentales a la hora de orquestar, nutrir, financiar y organizar la eclosión y consolidación del integrismo musulmán desde el final de los años setenta como baluarte y profilaxis

frente a la posible implantación o extensión de modelos socialistas o antiimperialistas en el mundo árabe. Otra cosa es que la iniciativa se haya ido de las manos y que el engendro se haya vuelto, con el tiempo, contra sus pergeñadores en una especie de réplica oriental a la fenomenología del espíritu hegeliana, en la que el criado trata de sobreponerse a su señor, en este caso aniquilándolo y no desde alfombras voladoras, sino con grandes aeronaves que convierten el World Trade Center en la zona “O”. Y con más tiempo, (¡hay que ver!) más allá de sus principescos cabecillas, resulta que, integristas y todo, las masas del fundamentalismo son pobres, identifican primariamente a sus enemigos y la lógica de la lucha de clases asoma como puede la patita, rompiendo, a veces, la costra superestructural y retrógrada del integrismo religioso. Qué le vamos a hacer, la historia es así de tozuda y al propio tiempo, compleja y poco dada a dejarse encerrar en esquemas dogmáticos.

Sin embargo, el artículo que comentamos llega a la apoteosis del despropósito cuando alude a unos hombres, mujeres y niños sublevados en el mundo árabe, tan conscientes e instruidos ellos, tan formados políticamente y que lo tienen todo tan claro que, los pobres, hubieran preferido, así, en un acto de rotunda voluntad y matizada opción, “encontrar a su lado los símbolos de la revolución latinoamericana”, en lugar de tener que “aplaudir a Sarkozy y a Cameron”. Pero ¿ De qué está hablando? ¿Podría identificar un beduino de Tobruk dónde queda Nicaragua? ¿ Sabe un mercader del zoco de Hammamet quién es Evo Morales? ¿Les suena a los ciegos de El Cairo la “operación milagro” de los médicos cubanos en la Venezuela de Chávez? ¿Cómo se puede caer en un subjetivismo tan alejado de la realidad, en un argumento tan sensiblero y demagógico? Y, militarmente, en el caso de Libia que es el único que parece importar verdaderamente a Sami Nair, ¿De qué hubiera valido el apoyo moral latinoamericano a los insurgentes sin el napalm y las bombas -racimo de la OTAN?

Finalmente, en algún lugar del artículo de Nair, se reconoce que los “pueblos exangües” del Magreb tendrán que “pagar a tocateja”  ciertas “ayudas” recibidas y que “hay riesgo de que se establezcan nuevas formas de dominación neocolonial”. Pues bien eso es lo que temen precisamente los revolucionarios latinoamericanos y que las nuevas formas de dominación recaigan sobre sus pueblos, abortando sus propios procesos revolucionarios. Por eso no están dispuestos a comulgar con ruedas de molino. Algunos europeos, tampoco.