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La matanza de Atocha y el mito de la Transición pacífica

La leyenda armonista de la Transición, de la salida consensuada a la dictadura y la plena reconciliación (¡por fin!) de las “dos Españas” ha sido parcialmente sacudida, en los últimos años, sobre todo por la acción de los llamados “movimientos de recuperación de la memoria histórica”, que han demostrado que la transformación política postfranquista estuvo plagada de silencios y omisiones y que fue, sobre todo, un cambio tutelado de sistema político con el fin de preservar las viejas estructuras sociales y de poder real. Uno de los mitos que rodea a ese proceso mutante de “cambiar todo para que todo siguiera igual” es el de su carácter pacífico, que añadiría una supuesta nota más de sensatez y “madurez democrática” a las fuerzas de la oposición y a los “reformistas” salidos del aparato franquista, que supieron ponerse de acuerdo evitando lo que hubiera podido ser una nueva “guerra civil” (¡otra más!) entre los españoles.

Este análisis simplista parte, sin duda, de supuestos no demostrados e incluso inverosímiles. En evidente que, a la altura de 1975 ó 1977, la guerra civil ni era posible ni era deseada por casi nadie (la “ruptura democrática” los excluía o quedaba muy lejos de estos escenarios), por lo cual esa hipótesis estaba, obviamente, descartada. Pero eso no significa que la Transición se hiciera sin violencia. El periodista Mariano Sánchez Soler publicó, en 2010, un libro con el significativo título de La transición sangrienta, que viene precisamente a cuestionar, en este aspecto, la imagen inmaculada del proyecto y la dinámica del período. En efecto, además de los centenares de víctimas provocadas por la sanguinaria escalada de ETA y de oscuros grupúsculos seguramente trufados por infiltraciones policiales como eran los GRAPO, solamente la acción de los aparatos represivos del Estado y los grupos de extrema derecha más o menos amparados por los mismos provocaron, según su recuento, entre noviembre de 1975 y diciembre de 1983, al menos 127 muertos y más de 1.000 heridos. Atentados de extrema derecha y violencias policiales varias (en las calles o en las comisarías y cuartelillos) se cebaron en obreros y estudiantes, militantes de la vanguardia organizada antifranquista y otros que fueron incorporándose en unos años sin duda más convulsos de lo que se suele reconocer.

El recuerdo de los abogados de Atocha asesinados el 24 de enero de 1977, hace ahora 25 años, vuelve a evocarnos esta verdad siempre incomoda para la versión oficial, por mucho que se maquillen el contexto y las responsabilidades. En aquella España, la calle, desde luego, era –y seguiría siendo- sobre todo de Fraga, Martín Villa o sus sucesores; pero en ella se manifestaban jugándose la vida los luchadores antifranquistas, y por ella campaban por sus respetos los Guerrilleros de Cristo Rey, los grupos de Fuerza Nueva y otros núcleos de extrema derecha más o menos incrustados en el aparato sindical verticalista, los cuerpos policiales y otras instituciones del Estado.

La matanza de Atocha debe entenderse en este contexto, en el que el gobierno de Suárez ejercía una “coerción controlada” contra la movilización política y social intensa que caracteriza el período que va desde la muerte del Dictador (noviembre de 1975) a las elecciones de junio de 1977. En enero de 1977, tras el referéndum que aprobó la Ley de Reforma Política y por tanto vino a reforzar a los “reformistas” del régimen anterior, los sectores ultras desencadenaron una fuerte ofensiva con el intento de retomar la iniciativa. Ofensiva que condujo al asesinato de dos estudiantes (Arturo Ruiz y María Luz Nájera) en manifestaciones por la amnistía, y al secuestro por el GRAPO, que ya tenía en su poder desde diciembre al Presidente del Consejo de Estado Antonio María Oriol, de un alto cargo militar (Villaescusa). La culminación de esta escalada de la tensión fue la matanza perpetrada por un grupo de pistoleros de la trama falangista-verticalista-mafiosa en el despacho de abogados laboralistas del número 55 de la madrileña calle de Atocha.

Elegir como blanco a los abogados tenía, sin duda, un alto valor práctico y simbólico. Significaba, entre otras cosas, golpear al Partido Comunista, principal (aunque no único) impulsor de las actividades de un sector profesional que había ido adquiriendo un importante protagonismo en la lucha contra la dictadura y por los derechos de los trabajadores. Los abogados antifranquistas, comunistas en su gran mayoría, no sólo representaban legalmente a los procesados políticos, sino que amparaban y apoyaban a las Comisiones obreras clandestinas, defendían a los trabajadores despedidos, asesoraban a asociaciones de vecinos, prestaban locales para reuniones y a la vez desarrollaban una intensa actividad en los Colegios profesionales y otros foros en defensa de los derechos y las libertades políticas y sociales y contra las leyes represivas de la Dictadura. Todo ello, a menudo, con unos niveles de compromiso y de desinterés personal realmente encomiables. En algunos despachos, todos los trabajadores, desde los abogados hasta quienes se encargaban de la limpieza, recibían el mismo sueldo, y no se cobraba a los trabajadores más que cuando se ganaba un juicio y la empresa tenían que asumir los costes.

En la acción criminal de Atocha pedieron la vida tres abogados en ejercicio y un estudiante de Derecho (Francisco Javier Sauquillo, Javier Benavides, Enrique Valdevira y Serafín Holgado) y un administrativo (Ángel Rodríguez Leal), y fueron heridos de cierta gravedad otros cuatro abogados: Alejandro Ruiz Huerta, Miguel Saravia, Luis Ramos Prado y María Dolores González Ruiz. Se da la circunstancia especialmente trágica de que esta última, compañera de uno de los asesinados, lo había sido antes de otra víctima de la vesania del Franquismo, Enrique Ruano, un estudiante arrojado, pocos años antes, por la ventana de un séptimo piso cuando se encontraba bajo detención policial.

Es bien conocido que el entierro de los abogados se convirtió en una manifestación popular masiva. Madrid se llenó de una verdadera multitud doliente, con los féretros flanqueados a su paso por decenas de miles de personas con los puños en alto y las lágrimas apenas contenidas por la rabia y la indignación. Quienes vivimos aquellos años sabemos que las protestas se extendieron, aunque en menor medida, a otros lugares del país, y recordamos bien aquellos momentos de angustia y de dolor, de ese sentimiento de impotencia que, sin embargo, no nos inmovilizaba, sino que nos alentaba a seguir adelante.

Se ha dicho que, con esta actitud serena y “madura”, el partido Comunista se “ganó” su legalización, como si el haber puesto sobre el tablero la mayoría de las decenas de miles de muertos, presos y torturados durante cuarenta años de lucha ininterrumpida no acreditaran suficientemente este “derecho”. Lo cierto es que la legalización era, realmente, la única opción posible, para “homologar” el sistema español con los de nuestro inmediato entorno europeo, y además constituía la única solución inteligente para neutralizar los efectos desestabilizadores que un PC en la ilegalidad (con la pujanza que entonces tenía) hubiera supuesto. Las encuestas y datos que Suárez manejaba por entonces convencieron además, a quienes llevaban las riendas del proceso, de que los resultados electorales del PCE no se iban a parecer demasiado a los del Partido Comunista Italiano. Que los sectores ultras –condenados por la historia- y otros conspicuos “reformadores” del Franquismo como Manuel Fraga –al que su pasado represor condicionaba demasiado- no lo vieran así revela su miopía política, pero no indica que las cosas, a corto o medio plazo, hubieran podido ser sensiblemente diferentes.

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“Venimos de lejos pero vamos más lejos todavía”

:: Acto público 90 aniversario del PCE (1921-2011) 18 diciembre 2011, 11:00 h | Madrid Venimos de lejos pero vamos más lejos todavía Por la República, por el Socialismo en el siglo XXI Lugar: Casa del Reloj de Arganzuela Paseo de la Chopera, 6-10 Metro Legazpi, 3 y 6 Buses: 6, 8, 18, 19, 45, 47, 59, 60, 62, 78, 85, 86, 146 y 247 ——–

Camaradas: Hace 90 años, el día 14 noviembre de 1921, el Partido Comunista Español y el Partido Comunista Obrero Español se unificaban en el actual Partido Comunista. Han sido 90 años de existencia, de lucha por la libertad y el socialismo, con sus aciertos y sus errores pero siempre con un mismo hilo conductor: la lucha contra la injusticia, en defensa de los intereses de la clase obrera y de los más débiles, la lucha por la unidad para construir la alternativa al capitalismo y avanzar hacia la construcción del socialismo como objetivos centrales de la lucha social y política.

Desde muy pronto también aprendimos el valor de la unidad de las fuerzas populares, unidad para avanzar en la construcción del bloque social antagónico, para consolidar las conquistas sociales, para avanzar en la construcción del socialismo. Esta ha sido nuestra bandera con la política del Frente Popular, en nuestro trabajo sindical primero en UGT y después con la creación y desarrollo de las CCOO, en nuestra guerra nacional revolucionaria, en la lucha contra la dictadura, en el período de recuperación de las libertades y en el proceso de creación de Izquierda Unida. Por ello cuando desde la derecha más extrema se intenta reescribir la historia, equiparar a las víctimas con los verdugos, a los defensores de la libertad y la legalidad con quienes asesinaron y destruyeron para imponer una cruel dictadura, desde el PCE reivindicamos orgullosos nuestro pasado.

Frente a quienes nos acusan y criminalizan nuestra historia e ideología, tenemos que gritar que no sólo no nos arrepentimos sino que nos sentimos orgullosos de él. Desde estos planteamientos, desde la Secretaría de Memoria Histórica creemos un deber y una obligación conmemorar esta fecha con un gran Acto Publico. Dicho acto se celebrará el próximo domingo 18 de diciembre en Madrid (Casa del Reloj de Arganzuela), por lo que hacemos un llamamiento a las distintas federaciones para que dicho acto sea un éxito. Ese éxito depende de cada uno de nosotros y nosotras.

Gloria Aguilar Reina, Responsable de Memoria Histórica del PCE

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El PCE cumple 90 años: casi un siglo de lucha en defensa de la lucha obrera

El próximo domingo 18 de diciembre en la Casa del Reloj del madrileño distrito de Arganzuela, el Partido Comunista de España celebrará su 90 aniversario, acto que servirá para recordar el papel de la formación en la historia de nuestro país, especialmente en la lucha contra la dictadura, por la democracia y por la defensa de la clase trabajadora. El acto contará con destacadas personalidades del comunismo español y de la cultura. Bajo el lema ‘Venimos de lejos pero vamos más lejos todavía el Partido Comunista de España quiere invitar a su militancia y a la ciudadanía de izquierdas a celebrar su 90 aniversario en Madrid

Como explicó su secretario general y recientemente elegido diputado por Sevilla, José Luis Centella, con este acto se quiere reivindicar que “El PCE es un partido vivo y activo” con “orgullo por su historia y esperanza en el futuro”. Centella destacó también que este acto se produce en un momento importante para la formación, en el que el secretario general del Partido Comunista de España, vuelve a ocupar un escaño en el Parlamento dentro del grupo parlamentario IU-LV. El secretario general del PCE, señaló así mismo que de cara al 90 aniversario de la formación, el Partido Comunista de España “asume sus errores históricos”, pero dijo también que “la historia de la democracia y de la clase trabajadora de España no se puede explicar sin el PCE”.

Centella quiso destacar también que la historia del PCE está llena de ejemplos de lucha por la unidad de las fuerzas populares y recordó este esfuerzo convergente en los años del Frente Popular, el Partido Socialista Unificado de Catalunya (PSUC), durante el nacimiento de Comisiones Obreras y, finalmente en el momento actual, durante la formación y consolidación de Izquierda Unida como fuerza aglutinadora de la izquierda plural. Centella indicó que este espíritu es el que inspira la conferencia del próximo mes de junio, que se quiere que sea una conferencia de debate para comenzar a construir “entre todos” la alternativa al capitalismo, sistema que, afirmó Centella, “no es capaz de resolver los problemas de la humanidad y crea pobreza y sufrimiento”.

Refiriéndose de su papel como secretario general del PCE dentro del Grupo Parlamentario de Izquierda Unida en la próxima legislatura, José Luis Centella recordó que su objetivo es el mismo que el de la formación: dar la batalla a la crisis contra los recortes y ofrecer una salida social a la misma, poner en marcha una política que genere empleo y luchar por conseguir más democracia, ejemplificando esta lucha, afirmó, en un sistema electoral que funcione por el sistema de “una persona, un voto”. Indicó además que el grupo parlamentario llevará a las cortes su lucha por los derechos sociales de mujeres, homosexuales y colectivos más desfavorecidos. Y preguntado por la reciente polémica suscitada tras el informe del Comité de Expertos sobre el Valle de los Caídos indicó que es un tema “que debería haberse resuelto hace 30 años, con la llegada de la democracia, pero que cualquier momento es bueno” y añadió que “la existencia de un mausoleo de un dictador sería impensable en países como Italia o Alemania” y que “es inconcebible que el verdugo esté enterrado con sus victimas” Por su parte, la secretaria de Movimiento Republicano y Memoria Histórica, Gloria Aguilar, una de las organizadoras del acto destacó que en el 90 aniversario, se contará con importantes personalidades históricas del Partido Comunista de España y del mundo de la cultura, que todavía no han podido ser confirmadas.

El Partido Comunista de España nació un 14 de noviembre de 1921, en plena etapa de entreguerras y de esplendor del movimiento obrero en toda Europa, tras la celebración del Congreso de Unidad del Partido Comunista Español (fundado el 15 de abril de 1920 por la Federación de Juventudes Socialistas) y el Partido Comunista Obrero Español (fundado por los delegados del Congreso del Partido Socialista Obrero Español en sintonía con la III Internacional el 13 de abril de 1921). Durante sus 90 años de historia se ha destacado por su lucha en defensa de la clase obrera y los más desfavorecidos jugando un importante papel en los momentos cruciales de la vida de nuestro país, como la Segunda República, la Guerra Civil, la lucha contra la dictadura y la construcción y consolidación de la democracia en España.

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Acto homenaje a Aida de la fuente y los revolucionarios del 34

 

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Terror, muerte, barbarie y al final, olvido

 

ivansuarezgarciaLas fuerzas fascistas comenzaron, después de abortar la revolución, una terrible represión contra el movimiento obrero. El ejemplo más sangriento de aquello esta aquí representado con 24 víctimas brutamente asesinadas. Una de las peores acciones, fue que a sus familias no se les permitiera ni enterrar a sus padres, hermanos, hijos etc.

A partir de aquí, los fascistas de este país siguieron durante mucho tiempo haciendo lo mismo:

Terror, muerte, barbarie y al final, olvido.

Precisamente, camaradas, eso es lo que no se puede permitir que se olvide, la historia está ahí para contarla tal y como fue. Decían las mujeres de Dulce Chacón en “la voz dormida” que había que vivir para contarlo, por ellos, por sus familias y por la historia. Como un martillo golpeando sobre un yunque y que cada golpe retumbe en las conciencias de quien cometió esta y otras canalladas.

Hoy el PCE vuelve a Carbayin año más para recordar a sus camaradas y compañeros y evitar que tanta injusticia no quede en el olvido, para pegar uno de esos golpes de martillo y que despierte la conciencia dormida de las personas, para que esto no se repita nunca más.

No puedo terminar sin recordar una pequeña poesía de uno de los grandes poetas que tuvo este país y que casualmente tuvo un final muy parecido a manos de estos asesinos, decía:

“No quiero que me repitan que los muertos no pierden la sangre,
 Quiero dormir un rato,
Un rato, un minuto, un siglo,
Pero que todos sepan que no he muerto,
Que haya un establo de oro en mis labios,
Que soy el pequeño amigo del viento oeste,
Que soy la inmensa sombra de tus lagrimas.”

Federico García Lorca

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Mártires de Carbayín

Juan Manuel Zamorano García - Secretario Político del PCA de Siero

Lectura en el acto de homenaje del 29 de octubre de 2011

El 5 de octubre de 1934 estallaba uno de los acontecimientos más importantes de la historia contemporánea no solo del Estado español, sino del movimiento obrero internacional. El proletariado asturiano insurrecto, tuvo el poder en sus manos durante quince días tras arrancarlo por la fuerza y la decisión de su lucha.

En los años anteriores, 1932 y 1933, el ambiente general de disposición a la lucha por parte de los trabajadores era evidente. En 1932 participan en la lucha huelguística cerca de 60.000 trabajadores asturianos y en 1.933 llegan a participar más de 100.000 trabajadores.

Durante todo el año 34 se da una escalada progresiva de la lucha. Octubre no surge de la nada: luchas en la fábrica de cañones de Trubia contra una reducción de plantilla, y huelga general en la cuenca minera y en la Duro-Felguera.

Abortada la Revolución de Octubre, se abre una etapa de terror y represión brutales: más de 3.000 muertos, 7.000 heridos, 30.000 encarcelados y algunos más de despedidos de sus puestos de trabajo. Hubo 40 penas de muerte, de las que se ejecutaron cuatro.

En este contexto tuvo lugar el episodio de los mártires de Carbayín, uno de los más bárbaros de la historia de Asturias.

Entre los días 20 y 21 de octubre de 1.934, la Guardia Civil y miembros del 32º Regimiento proceden a la detención de varios hombres, todos ellos de la cuenca del Nalón. Son encerrados en la prisión convento de Ciaño, en el convento de Sama y en el sótano de la Casa del Pueblo de Sama. La noche del 24, hacia las 2 de la madrugada fueron conducidos esposados a los montes de La Coruxona, en las cercanías del Pozo Mosquitera. Allí son apeados y atados con cuerdas. En la oscuridad son masacrados con machetes y bayonetas y rematados con disparos. Fueron salvajemente mutilados, destrozados a golpes y enterrados vivos en las fosas excavadas previamente. La Guardia Civil se negó a entregar los cuerpos a sus parientes y se les enterró en la Fosa Común del cementerio de Carbayín.

Y hoy, aquí estamos los comunistas de Siero y Langreo dispuestos a rendir tributo y homenaje a estos 24 hombres que pasaron a la historia bajo el trágico nombre de LOS MÁRTIRES DE CARBAYÍN.

En su honor y memoria guardaremos unos momentos de silencio y entonaremos La Internacional

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El partido en el homenaje del Pozu Fortuna

Dijo el poeta comunista, Marcos Ana que “…desgraciadamente lo que permanece todavía es la memoria de los vencedores que está entre los entresijos y la maquinaria del Estado. Yo creo que la memoria histórica es necesaria y no por un afán de revancha, porque para mí la venganza no es unidad política ni un fin revolucionario, sino para que precisamente lo que nos ha tocado sufrir no sea posible nunca más ni para nadie en España. El mejor legado que podemos dejar a nuestros hijos es que conozcan lo que ha pasado en nuestro país, que lo conozcan para que no vuelva a ocurrir nunca más”.

Esa memoria de la que habla Marcos Ana es la que cada año junta a cientos de personas en el Pozu Fortuna para recordar y no olvidar. El pasado sábado 8 de octubre, el Valle de Turón se volvía a teñir de rabia y tristeza para homenajear con respeto y admiración a todos los que en ese lugar fueron asesinados por el franquismo desde que Asturias quedó aislada del resto de la España republicana en 1937. A finales de 2003 se localizó una chimenea hecha en ladrillo macizo y de unos cinco metros de diámetro. Allí, desde 2006 se erige un monolito, obra del turonés José Luis Varela, además de un conjunto de paneles con información documental e histórica y obras literarias alegóricas a la paz y la barbarie. Victor Luis Álvarez, vicepresidente del Foro Pozu Fortuna, presentó el acto y cedió la palabra a la mujer del juez Garzón, Rosario Molina, que recogió un premio en nombre de su marido y emocionada habló sobre la memoria histórica y la necesidad de recordar y no dejar de investigar la historia. También dedicó unas palabras Ernesto Burgos, vicepresidente del Ateneo Republicano de Asturias, quien no dudó en hacer un emotivo y esclarecedor alegato a la necesidad de un sistema republicano hoy en día. Tras él, intervino el historiador Ruben Vega con un discurso orientado a la necesidad de recuperar la memoria y la importante labor que se ha hecho y queda por hacer en este ámbito. Por último, el alcalde de Mieres, Aníbal Vázquez, cerró las intervenciones confirmando y reiterando el compromiso del ayuntamiento mierense con la memoria histórica.

Tras los discursos llegó el turno del momento más emotivo del homenaje. Familiares y vecinos de la región lanzaron ramos de flores, claveles y rosas rojas al lugar donde se halla treinta metros más abajo la última morada de muchos hombres y mujeres que fueron fusilados en nombre de la venganza y el odio. No faltaron las banderas republicanas y del Partido que adornaron el acto ni la banda de música de Mieres, que tocó bajo la emoción de los presentes y el silencio del doloroso recuerdo, el himno de Riego.

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Fallece Manolín el de Llorío

Manuel Alonso González, Manolín el de Llorío, uno de los últimos supervivientes asturianos de la guerrilla antifranquista, acaba de fallecer en Laviana, su tierra natal, a los 97 años de edad. De familia campesina, militó en la Juventud Comunista desde los 14 años y, con sólo 18, se alistó como voluntario en las fuerzas de la República, combatiendo en los frentes de Asturias y el País Vasco. Tras la caída del frente Norte, fue uno de los muchos que, huyendo de la brutal represión desencadenada, se refugió en el monte, convirtiéndose en un fugao. Formó parte luego de los grupos organizados que, en condiciones extremas, resistieron denodadamente, en las montañas de Asturias, en defensa de la libertad. Fue miembro del conocido grupo de los Caxigales.

Tras casi ocho años de lucha, fue herido y detenido en enero de 1945, en una emboscada provocada, al parecer, por una delación. Condenado a muerte, como solía suceder por esos años, vio conmutada su pena por la de prisión, pasando por diversas cárceles a lo largo de veinte años y saliendo en libertad en 1964. En la etapa final de su vida, participó en numerosas actividades destinadas a homenajear y a recordar a los guerrilleros de nuestro país, los últimos -junto con los partisanos griegos- resistentes armados frente a la barbarie fascista en Europa. Era uno de los pocos guerrilleros o colaboradores directos vivos de la guerrilla en la región, junto con Felipe Matarranz o Samuel Sánchez El Cabritu. Ejemplo, todos ellos, de dignidad y entereza en la defensa de los ideales más nobles del socialismo y la libertad, en las condiciones más duras y los tiempos más difíciles.