El Partido Comunista de Asturias ha conocido con pesar la noticia del fallecimiento de Manuel García González, “Otones”, histórico luchador comunista por la democracia y las libertades y destacado dirigente del movimiento obrero asturiano.
“Otones”, militante desde las horas difíciles de la resistencia antifranquista en la clandestinidad y fundador de las Comisiones Obreras, desempeñó un papel muy activo en las grandes movilizaciones huelguísticas del 62 y del 67, pagando por ello el alto precio de largos años de destierro y de prisión. Igualmente destacó por su trabajo en pro de la recuperación de la memoria histórica y por los derechos de los represaliados durante la dictadura de Franco.
El Partido Comunista de Asturias expresa su sentimiento por el fallecimiento de Manuel García González, “Otones”, cuya memoria permanecerá como parte inseparable de la historia del Partido y del movimiento obrero asturiano, y quiere compartir solidariamente con su familia el sentimiento por tan sensible pérdida.
Oviedo, 2 de febrero de 2012.
Gabinete de prensa del Partido Comunista de Asturias.
https://pcasturias.org/wp-content/uploads/2012/02/otones.jpg225300netasturhttp://pcasturias.org/wp-content/uploads/2024/12/LOGO_HORIZONTAL_ROJO.pngnetastur2012-02-02 23:33:342016-01-14 10:43:40Ante el fallecimiento de Manuel García González, "Otones"
Este sábado día 4, tendrá lugar una charla a cargo del profesor de economía de la UPV, Joaquín Arriola. ¿Porqué los empresarios tienden a disminuir los salarios? ¿No agrava eso la crisis? ¿Porqué creció el sector financiero tanto? ¿Hay buenos empresarios creadores de empleo y malvados especuladores? Charla y debate asegurado.
Joaquín Arriola Palomares es profesor de Economía Política en la Universidad del País Vasco/EHU e investigador de Bakeaz. Ha sido docente en las universidades Pierre Mendez France y Stendhal de Grenoble (Francia), UCA de El Salvador y UASD de la República Dominicana. Ha realizado trabajos para la Organización Internacional del Trabajo, la Unión Europea y otros organismos internacionales. Colaborador de varias revistas y periódicos, es editor y coautor de los libros La nueva economía política de la globalización (Bilbao, Universidad del País Vasco. Servicio Editorial, 2000), Globalización y sindicalismo (Alzira, Germania, 2001) y Trabajo, producción y sostenibilidad (Barcelona, CCCB/Bakeaz, 2002).
https://pcasturias.org/wp-content/uploads/2012/02/arriola.jpg476400netasturhttp://pcasturias.org/wp-content/uploads/2024/12/LOGO_HORIZONTAL_ROJO.pngnetastur2012-02-02 16:52:382016-01-14 10:44:14Charla en La Madreña: ¿Como funciona la economía? ¿Porqué hay crisis?
Henning Hensch, un policía alemán retirado con carnet del SPD, se declara aun dolido por lo que vivió en 1999, pero, ¿a quien le interesa hoy la guerra de Kosovo, si ya nos hemos olvidado de la de Libia y preparamos la de Irán? Este jubilado de la localidad de Lütjenburg, en el extremo norte de Alemania, continúa dándole vueltas.
En 1998 fue uno de los seleccionados por el ministerio de exteriores para engrosar los equipos de observadores de la OSCE en Kosovo. En esa calidad actuó como perito en Rachak y Rugovo, dos localidades albanesas en las que su gobierno, socialdemócrata, engañó a la opinión pública escenificando dos masacres que no lo fueron. La primera guerra con participación de Alemania desde Hitler, comenzó con esas mentiras.
“Este era un país opuesto a la guerra y consiguieron que, por primera vez en más de cincuenta años, se metiera en una”, explica por teléfono Hensch, que confiesa que, “antes de esa experiencias nunca imaginé que en mi país pudiera pasar algo así, es decir que el gobierno y la prensa mintieran al unísono y engañaran a la población”.
Todavía hoy, trece años después, se confiesa “amargado” por ello. El día 15 Hensch explicó su historia en un documental de la televisión NRD. En 1999 habría sido una bomba, pero ¿hoy?
La masacre que no fue
Rachak y Rugovo son dos pueblos del noroeste de Kosovo, al sur de la capital de distrito de Pec. Con la frontera albanesa muy cerca, en 1998 la región era zona de acción de la guerrilla albanesa UCK, sostenida y financiada por la OTAN, la CIA y el servicio secreto británico.
Aquel año la UCK cometió tantos desmanes con civiles serbios, gitanos y albaneses “colaboracionistas” que su jefe local, Ramush Haradinaj, luego primer ministro de Kosovo, hasta llegó a ser juzgado en La Haya por crímenes de guerra por un tribunal que era comparsa de la OTAN.
Haradinaj fue absuelto, entre otras cosas porque diez de los nueve testigos que debían declarar contra él fueron eliminados antes de que pudieran hacerlo, unos en “accidentes de tráfico”, otros en “peleas de bar”, otros en atentados. Así hasta nueve.
En cualquier caso, a principios de 1999 el ejército yugoslavo respondió con gran fuerza a aquella ofensiva de la UCK teledirigida por la OTAN, con una contraofensiva.
Cerca de Rachak y de Rugova varias decenas de guerrilleros albaneses cayeron en emboscadas ante el ejército. Hensch estuvo allí. Vio a los guerrilleros muertos con sus armas, carnets y emblemas de la UCK cosidos en sus guerreras. En Rugovo, los yugoslavos juntaron los cadáveres en el pueblo y los observadores de la OSCE hicieron fotos.
“Esas fotos, convenientemente filtradas de todo rastro de armas y emblemas de la UCK, hicieron pasar lo que fue un enfrentamiento militar con grupos armados, por pruebas de una masacre de civiles”, dice Hensch. “Ambos bandos cometían exactamente los mismos crímenes, pero había que poner toda la responsabilidad sólo sobre uno de ellos”, dice el policía jubilado.
El 27 de abril el entonces ministro socialdemócrata de defensa alemán, Rudolf Scharping, presentó en rueda de prensa aquellas fotos en las que se veía los cadáveres de los guerrilleros amontonados en el papel de civiles inocentes masacrados.
Al día siguiente, el diario Bild publicaba una de ellas en portada con el titular: “Por esto hacemos la guerra”.
Cambiar un consenso pacifista
La generación de Hensch estaba cansada de guerras. Hasta los años ochenta en la sociedad había un enorme consenso pacifista, algo que atravesaba incluso a los partidos de la derecha y por supuesto al SPD, el partido de Hensch.
“Teníamos una guerra terrible a nuestras espaldas y decíamos “nunca más”, así fuimos socializados”, recuerda Albrecht Müller, antiguo funcionario de la administración de Willy Brandt, que desempolva el programa de su partido de diciembre de 1989:
“Nuestra meta es disolver los bloques militares mediante un orden de paz europeo”. El hundimiento del bloque del Este reduce el sentido de las alianzas militares e incrementa el de las alianzas políticas (…) se abre la perspectiva para un fin del estacionamiento de las fuerzas armadas americanas y soviéticas fuera de su territorio en Europa”.
“El Bundeswehr tiene que limitarse exclusivamente a la defensa del país”. Desde la guerra contra Yugoslavia ese estado de ánimo se ha cambiado por un nuevo catálogo: El uso del ejercito es posible sin haber agotado los escenarios de negociación, la OTAN puede ser utilizada fuera de su área, el Bundeswehr ya no limita su función a la defensa del país, sino que puede usarse en Kosovo o en el Hindukush, y el ejercito puede utilizarse para proteger las rutas comerciales, el abastecimiento de materias primas, explica.
Para cambiar ese consenso nacional la OTAN, el gobierno de socialdemócratas y verdes (1998-2005) y los medios de comunicación, se tuvieron que emplear a fondo.
El “Media Operation Center” de la OTAN dirigido por el infame Jamie Shea, fue una fábrica de mentiras, que los periodistas retransmitían. Shea, un hombre deshonesto, decía que el truco era, “mantener a los periodistas lo más ocupados posible, alimentándoles constantemente con briefings, de tal manera que no tengan tiempo para buscar información por si mismos”.
Años después Shea dijo que, “si hubiéramos perdido la opinión pública alemana, la habríamos perdido en toda Europa”.
Fabricar la versión del conflicto
El relato del conjunto de la guerra en los Balcanes se basó en una fenomenal sarta de mentiras, amnesias y omisiones. Primero los croatas, luego los bosnios y finalmente el UCK, utilizaron los servicios de la misma empresa de relaciones públicas norteamericana, Ruder Finn, que entre los años sesenta y los noventa había sido contratada por Philip Morris para enturbiar la evidencia de los nocivos efectos del tabaquismo. La opinión pública europea fue intoxicada.
Como hoy se conoce perfectamente, antes de la intervención de la OTAN no había en el conflicto de Kosovo la “catástrofe humanitaria” que las potencias se inventaron para intervenir, sino una violencia que en 1998 partió de la UCK y a la que el ejército yugoslavo respondió con la misma violencia, explicaron miembros del equipo de la OSCE como el general alemán retirado Heinz Loquai y la diplomática estadounidense Norma Brown en el documental de la cadena de televisión alemana “Es began mit einer Lüge” (comenzó con una mentira).
Los medios alemanes ignoraron tres datos fundamentales: la tradicional hostilidad de su país hacia Yugoslavia, que medios como el Frankfurter Allgemeine Zeitung, Der Spiegel y Die Welt consideraban una “creación artificial”.
El hecho de tanto croatas como bosnios musulmanes, liderados en los noventa por dirigentes de la misma calaña que Milosevic, habían sido aliados de la Alemania nazi en la segunda guerra mundial y partícipes, junto con los alemanes, del genocidio de un millón de serbios desencadenado entonces por los nazis.
Y en tercer lugar, la naturaleza ilegal de las acciones militares de la OTAN desde el punto de vista de la ley internacional. El ministro de exteriores verde Josef Fischer comparó a “los serbios” con los nazis y al conflicto de Kosovo con Auschwitz, comparaciones que el General Loquai califica de monstruosas, “espacialmente en boca de un alemán”. Algunas de las mentiras concretas y puntuales fueron las siguientes:
Mecanismo con futuro
El ministro de defensa Rudolf Scharping dijo antes de la intervención que los serbios habían matado a 100.000 albaneses en Kosovo. La realidad es que se contabilizaron entre cinco mil y siete mil, entre muertos y desaparecidos, todos los bandos juntos e incluidas las víctimas de bombas de la OTAN.
-Scharping suscribió la leyenda del “plan herradura” de Milosevic: rodear a la población albanesa y deportarla antes del inicio de los bombardeos. Mencionó la “expulsión de millones” y “400.000 refugiados” albaneses antes del inicio de la operación de la OTAN.
La realidad fue que para verano de 1999, a las pocas semanas de la ocupación de Kosovo por la OTAN, 230.000 serbios, montenegrinos, gitanos y albaneses “colaboracionistas” fueron expulsados de Kosovo mientras en la región había 46.000 soldados de la OTAN, es decir uno por cada cuatro expulsados.
-Pueblos que habían sido destruidos después de iniciada la guerra por la OTAN se presentaron como destruidos antes, como incentivo para iniciarla.
-Se ocultó que la miseria de los refugiados albaneses y su estampida también era consecuencia de los ataques de la OTAN.
-Scharping informó del inexistente “campo de concentración” de Milosevic en el estadio de Pristina con “varios miles de internados”. Diez años después, el ministro dijo que sólo eran “sospechas”.
-Se informó falsamente de “cinco dirigentes albaneses” ejecutados y de “veinte profesores” albaneses fusilados antes sus alumnos.
Todo ello se hizo para justificar más de 6000 ataques de la OTAN sin mandato de la ONU cuyo sentido era demostrar que la OTAN tenía razón de ser y aprovechar las violencias –agravadas por la intervención de las potencias – para disolver Yugoslavia, un estado anómalo en el nuevo orden europeo posterior al fin de la guerra fría. Ningún político y medio de comunicación se ha disculpado y la misma constelación actúa, y está preparada para actuar, en los conflictos del presente y el futuro.
La leyenda armonista de la Transición, de la salida consensuada a la dictadura y la plena reconciliación (¡por fin!) de las “dos Españas” ha sido parcialmente sacudida, en los últimos años, sobre todo por la acción de los llamados “movimientos de recuperación de la memoria histórica”, que han demostrado que la transformación política postfranquista estuvo plagada de silencios y omisiones y que fue, sobre todo, un cambio tutelado de sistema político con el fin de preservar las viejas estructuras sociales y de poder real. Uno de los mitos que rodea a ese proceso mutante de “cambiar todo para que todo siguiera igual” es el de su carácter pacífico, que añadiría una supuesta nota más de sensatez y “madurez democrática” a las fuerzas de la oposición y a los “reformistas” salidos del aparato franquista, que supieron ponerse de acuerdo evitando lo que hubiera podido ser una nueva “guerra civil” (¡otra más!) entre los españoles.
Este análisis simplista parte, sin duda, de supuestos no demostrados e incluso inverosímiles. En evidente que, a la altura de 1975 ó 1977, la guerra civil ni era posible ni era deseada por casi nadie (la “ruptura democrática” los excluía o quedaba muy lejos de estos escenarios), por lo cual esa hipótesis estaba, obviamente, descartada. Pero eso no significa que la Transición se hiciera sin violencia. El periodista Mariano Sánchez Soler publicó, en 2010, un libro con el significativo título de La transición sangrienta, que viene precisamente a cuestionar, en este aspecto, la imagen inmaculada del proyecto y la dinámica del período. En efecto, además de los centenares de víctimas provocadas por la sanguinaria escalada de ETA y de oscuros grupúsculos seguramente trufados por infiltraciones policiales como eran los GRAPO, solamente la acción de los aparatos represivos del Estado y los grupos de extrema derecha más o menos amparados por los mismos provocaron, según su recuento, entre noviembre de 1975 y diciembre de 1983, al menos 127 muertos y más de 1.000 heridos. Atentados de extrema derecha y violencias policiales varias (en las calles o en las comisarías y cuartelillos) se cebaron en obreros y estudiantes, militantes de la vanguardia organizada antifranquista y otros que fueron incorporándose en unos años sin duda más convulsos de lo que se suele reconocer.
El recuerdo de los abogados de Atocha asesinados el 24 de enero de 1977, hace ahora 25 años, vuelve a evocarnos esta verdad siempre incomoda para la versión oficial, por mucho que se maquillen el contexto y las responsabilidades. En aquella España, la calle, desde luego, era –y seguiría siendo- sobre todo de Fraga, Martín Villa o sus sucesores; pero en ella se manifestaban jugándose la vida los luchadores antifranquistas, y por ella campaban por sus respetos los Guerrilleros de Cristo Rey, los grupos de Fuerza Nueva y otros núcleos de extrema derecha más o menos incrustados en el aparato sindical verticalista, los cuerpos policiales y otras instituciones del Estado.
La matanza de Atocha debe entenderse en este contexto, en el que el gobierno de Suárez ejercía una “coerción controlada” contra la movilización política y social intensa que caracteriza el período que va desde la muerte del Dictador (noviembre de 1975) a las elecciones de junio de 1977. En enero de 1977, tras el referéndum que aprobó la Ley de Reforma Política y por tanto vino a reforzar a los “reformistas” del régimen anterior, los sectores ultras desencadenaron una fuerte ofensiva con el intento de retomar la iniciativa. Ofensiva que condujo al asesinato de dos estudiantes (Arturo Ruiz y María Luz Nájera) en manifestaciones por la amnistía, y al secuestro por el GRAPO, que ya tenía en su poder desde diciembre al Presidente del Consejo de Estado Antonio María Oriol, de un alto cargo militar (Villaescusa). La culminación de esta escalada de la tensión fue la matanza perpetrada por un grupo de pistoleros de la trama falangista-verticalista-mafiosa en el despacho de abogados laboralistas del número 55 de la madrileña calle de Atocha.
Elegir como blanco a los abogados tenía, sin duda, un alto valor práctico y simbólico. Significaba, entre otras cosas, golpear al Partido Comunista, principal (aunque no único) impulsor de las actividades de un sector profesional que había ido adquiriendo un importante protagonismo en la lucha contra la dictadura y por los derechos de los trabajadores. Los abogados antifranquistas, comunistas en su gran mayoría, no sólo representaban legalmente a los procesados políticos, sino que amparaban y apoyaban a las Comisiones obreras clandestinas, defendían a los trabajadores despedidos, asesoraban a asociaciones de vecinos, prestaban locales para reuniones y a la vez desarrollaban una intensa actividad en los Colegios profesionales y otros foros en defensa de los derechos y las libertades políticas y sociales y contra las leyes represivas de la Dictadura. Todo ello, a menudo, con unos niveles de compromiso y de desinterés personal realmente encomiables. En algunos despachos, todos los trabajadores, desde los abogados hasta quienes se encargaban de la limpieza, recibían el mismo sueldo, y no se cobraba a los trabajadores más que cuando se ganaba un juicio y la empresa tenían que asumir los costes.
En la acción criminal de Atocha pedieron la vida tres abogados en ejercicio y un estudiante de Derecho (Francisco Javier Sauquillo, Javier Benavides, Enrique Valdevira y Serafín Holgado) y un administrativo (Ángel Rodríguez Leal), y fueron heridos de cierta gravedad otros cuatro abogados: Alejandro Ruiz Huerta, Miguel Saravia, Luis Ramos Prado y María Dolores González Ruiz. Se da la circunstancia especialmente trágica de que esta última, compañera de uno de los asesinados, lo había sido antes de otra víctima de la vesania del Franquismo, Enrique Ruano, un estudiante arrojado, pocos años antes, por la ventana de un séptimo piso cuando se encontraba bajo detención policial.
Es bien conocido que el entierro de los abogados se convirtió en una manifestación popular masiva. Madrid se llenó de una verdadera multitud doliente, con los féretros flanqueados a su paso por decenas de miles de personas con los puños en alto y las lágrimas apenas contenidas por la rabia y la indignación. Quienes vivimos aquellos años sabemos que las protestas se extendieron, aunque en menor medida, a otros lugares del país, y recordamos bien aquellos momentos de angustia y de dolor, de ese sentimiento de impotencia que, sin embargo, no nos inmovilizaba, sino que nos alentaba a seguir adelante.
Se ha dicho que, con esta actitud serena y “madura”, el partido Comunista se “ganó” su legalización, como si el haber puesto sobre el tablero la mayoría de las decenas de miles de muertos, presos y torturados durante cuarenta años de lucha ininterrumpida no acreditaran suficientemente este “derecho”. Lo cierto es que la legalización era, realmente, la única opción posible, para “homologar” el sistema español con los de nuestro inmediato entorno europeo, y además constituía la única solución inteligente para neutralizar los efectos desestabilizadores que un PC en la ilegalidad (con la pujanza que entonces tenía) hubiera supuesto. Las encuestas y datos que Suárez manejaba por entonces convencieron además, a quienes llevaban las riendas del proceso, de que los resultados electorales del PCE no se iban a parecer demasiado a los del Partido Comunista Italiano. Que los sectores ultras –condenados por la historia- y otros conspicuos “reformadores” del Franquismo como Manuel Fraga –al que su pasado represor condicionaba demasiado- no lo vieran así revela su miopía política, pero no indica que las cosas, a corto o medio plazo, hubieran podido ser sensiblemente diferentes.
https://pcasturias.org/wp-content/uploads/2012/01/atocha-abogados.jpg214320netasturhttp://pcasturias.org/wp-content/uploads/2024/12/LOGO_HORIZONTAL_ROJO.pngnetastur2012-01-30 06:58:422016-01-14 10:45:38La matanza de Atocha y el mito de la Transición pacífica
El Monte Naranco es uno de los espacios naturales más emblemáticos del municipio de Oviedo, espacio privilegiado por su situación y por sus elementos de interés como son los núcleos rurales de tipología tradicional y el patrimonio cultural representado por los monumentos prerrománicos.
Este lugar, que debería ser el lugar por excelencia del ocio, esparcimiento y auténtico pulmón de la ciudad de Oviedo, donde se preservaran los recursos naturales, humanos y del patrimonio artístico, se está convirtiendo a pasos acelerados en un espacio degradado en el que el avance del bosque de eucaliptos en detrimento del bosque autóctono degrada el suelo y la estética de un monte horadado por las canteras por su ladera norte y amenazado por la especulación urbanista, cada vez con más fuerza, por la ladera sur.
El mero hecho de dibujar la Ronda Norte en el planeamiento urbanístico municipal, aún a sabiendas de que su coste iba a ser inasumible por las arcas municipales, sirvió al Equipo de Gobierno del Partido Popular para perpetrar barbaridades urbanísticas como Prados de la Fuente: un nuevo barrio nacido agrediendo aún más al Monte Naranco y donde cientos de viviendas tienen por única salida para el tráfico rodado un cuello de botella.
Desde el Partido Comunista en Oviedo rechazamos la última ocurrencia del equipo de gobierno municipal, que llama “Ronda Verde” a lo que no es más que una adaptación, a la baja en lo económico pero igual de agresiva en lo medioambiental, de una Ronda Norte que seguirá promoviendo la destrucción del monte totémico de los ovetenses.
Frente a propuestas irrealizables en lo económico e insostenibles en lo medioambiental, el Partido Comunista en Oviedo aboga por buscar otras soluciones para el tráfico rodado, “pinchando” las zonas de Prados de la Vega y las Campas con las rondas exteriores y vías rápidas ya existentes en nuestra ciudad. Asimismo, frente a los recortes a los que se enfrenta, apostamos por potenciar el transporte público colectivo, así como medios de transporte no contaminante (bicicleta, etc.), en línea con lo que se hace en la mayoría de las ciudades europeas de nuestro tamaño.
Por último el PCA en Oviedo quiere animar al conjunto de la ciudadanía, al movimiento vecinal y al ecologista a movilizarse para exigir una protección integral del Monte Naranco, para exigir acción que inicien la progresiva rehabilitación de este espacio y su patrimonio (natural, etnográfico y cultural) para la habilitación del mismo como un gran espacio natural periurbano que pueda ser incluido en la Red de Espacios Naturales Protegidos del P.O.R.N.A.
https://pcasturias.org/wp-content/uploads/2012/01/924_1186962325.jpg360480netasturhttp://pcasturias.org/wp-content/uploads/2024/12/LOGO_HORIZONTAL_ROJO.pngnetastur2012-01-29 12:28:052016-02-03 13:23:15No a la Ronda Norte, por un transporte público colectivo y sostenible medioambientalmente
… en B-52 se une con gran acierto esa inocente cotidianidad en que vivimos con las drásticas consecuencias que supone la inacción, gracias al acertado trabajo de sus directores y el paso de unos actores – igualmente acertados?…
Nestor Villazón. La Ratonera, Revista Asturiana de Teatro
La compañía asturiana El Perro Flaco Teatro presenta “B-52. Travesura militar en dos actos”, obra escrita por Santiago Alba Rico y que constituye su debut en teatro. El autor (ensayista, escritor y guionista) es conocido, entre otras cosas, por haber trabajado como guionista del programa de TVE La Bola de Cristal
La obra ha visitado ya teatros de toda la geografía española e insignes eventos teatrales como La Mostra de Teatre de Barcelona con éxito de crítica y público. Ha sido nominada, además, a los premios Oh!, galardones creados por la Asociación de Compañías Profesionales de Teatro y Danza de Asturias en las siguientes categorías: Mejor Dirección (David Acera y Sonia Vázquez), Mejor Actor (Jorge Moreno) y Mejor música original (Daniel Moro).
En la obra, Alba Rico incide en la reflexión por la cual la Cultura no puede ser considerada exclusivamente como un elemento de evasión o enajenación entretenida, sino como un ámbito a través del que acercar la realidad – bien sea por el humor, la tragedia, la acción dramática o la combinación de todas ellas – sobre los fenómenos de cotidianos que se ofuscan tras los rayos catódicos.
B-52 es, ante todo, un acercamiento y reflexión sobre la guerra y sus implicaciones que toman como punto de partida el aniversario de Caty. Jugará junto a sus compañeros a ser pilotos de un B-52 que parte de la Florida rumbo a Irak con el fin de bombardear un objetivo en Irak. Un juego divertido que tomarán con la mayor profesionalidad recorriendo miles de kilómetros para soltar toneladas de bombas sobre un lugar desconocido para, acto seguido, tornar a casa sin remordimiento alguno. Sin consecuencias personales aparentes.
Podemos ser cualquiera de nosotros en nuestro quehacer cotidiano. Es, en última instancia, la escenificación de la sociedad en la que vivimos, en la que nos encontramos enclasados.
Autoría: Santiago Alba Rico. Dirección: David Acera y Sonia Vázquez Reparto (por intervención): David Acera, Jorge Moreno, David González, Borja Roces y Chili Montes. Voz en off: Carlos Mesa. Luz y sonido: Fernando Pielga. Coreografías: Luchy Colunga. Música original: Daniel Moro y Charo Rodríguez Lasa,
Espacio Sonoro y Grabación: Estudios EOX. Escenografía: El Perro Flaco Teatro e Iván Díaz. Vestuario: El Perro Flaco Teatro y Mili&Ana. Atrezo: El Perro Flaco Teatro y Cristina Cillero. Visuales: Sr. Paraguas. Foto fija: NegroRojoLuz. Diseño gráfico: Raquel G. Peiteado.
https://pcasturias.org/wp-content/uploads/2012/01/travesura-militar.jpg6831024netasturhttp://pcasturias.org/wp-content/uploads/2024/12/LOGO_HORIZONTAL_ROJO.pngnetastur2012-01-26 16:31:322016-02-08 11:56:53Travesura militar en dos actos: B-52
Ante el fallecimiento de Manuel García González, “Otones”
El Partido Comunista de Asturias ha conocido con pesar la noticia del fallecimiento de Manuel García González, “Otones”, histórico luchador comunista por la democracia y las libertades y destacado dirigente del movimiento obrero asturiano.
“Otones”, militante desde las horas difíciles de la resistencia antifranquista en la clandestinidad y fundador de las Comisiones Obreras, desempeñó un papel muy activo en las grandes movilizaciones huelguísticas del 62 y del 67, pagando por ello el alto precio de largos años de destierro y de prisión. Igualmente destacó por su trabajo en pro de la recuperación de la memoria histórica y por los derechos de los represaliados durante la dictadura de Franco.
El Partido Comunista de Asturias expresa su sentimiento por el fallecimiento de Manuel García González, “Otones”, cuya memoria permanecerá como parte inseparable de la historia del Partido y del movimiento obrero asturiano, y quiere compartir solidariamente con su familia el sentimiento por tan sensible pérdida.
Oviedo, 2 de febrero de 2012.
Gabinete de prensa del Partido Comunista de Asturias.
Charla en La Madreña: ¿Como funciona la economía? ¿Porqué hay crisis?
Este sábado día 4, tendrá lugar una charla a cargo del profesor de economía de la UPV, Joaquín Arriola. ¿Porqué los empresarios tienden a disminuir los salarios? ¿No agrava eso la crisis? ¿Porqué creció el sector financiero tanto? ¿Hay buenos empresarios creadores de empleo y malvados especuladores? Charla y debate asegurado.
Joaquín Arriola Palomares es profesor de Economía Política en la Universidad del País Vasco/EHU e investigador de Bakeaz. Ha sido docente en las universidades Pierre Mendez France y Stendhal de Grenoble (Francia), UCA de El Salvador y UASD de la República Dominicana. Ha realizado trabajos para la Organización Internacional del Trabajo, la Unión Europea y otros organismos internacionales. Colaborador de varias revistas y periódicos, es editor y coautor de los libros La nueva economía política de la globalización (Bilbao, Universidad del País Vasco. Servicio Editorial, 2000), Globalización y sindicalismo (Alzira, Germania, 2001) y Trabajo, producción y sostenibilidad (Barcelona, CCCB/Bakeaz, 2002).
Organiza: 15M Oviedo
La amargura del policía alemán Hensch
Henning Hensch, un policía alemán retirado con carnet del SPD, se declara aun dolido por lo que vivió en 1999, pero, ¿a quien le interesa hoy la guerra de Kosovo, si ya nos hemos olvidado de la de Libia y preparamos la de Irán? Este jubilado de la localidad de Lütjenburg, en el extremo norte de Alemania, continúa dándole vueltas.
En 1998 fue uno de los seleccionados por el ministerio de exteriores para engrosar los equipos de observadores de la OSCE en Kosovo. En esa calidad actuó como perito en Rachak y Rugovo, dos localidades albanesas en las que su gobierno, socialdemócrata, engañó a la opinión pública escenificando dos masacres que no lo fueron. La primera guerra con participación de Alemania desde Hitler, comenzó con esas mentiras.
“Este era un país opuesto a la guerra y consiguieron que, por primera vez en más de cincuenta años, se metiera en una”, explica por teléfono Hensch, que confiesa que, “antes de esa experiencias nunca imaginé que en mi país pudiera pasar algo así, es decir que el gobierno y la prensa mintieran al unísono y engañaran a la población”.
Todavía hoy, trece años después, se confiesa “amargado” por ello. El día 15 Hensch explicó su historia en un documental de la televisión NRD. En 1999 habría sido una bomba, pero ¿hoy?
La masacre que no fue
Rachak y Rugovo son dos pueblos del noroeste de Kosovo, al sur de la capital de distrito de Pec. Con la frontera albanesa muy cerca, en 1998 la región era zona de acción de la guerrilla albanesa UCK, sostenida y financiada por la OTAN, la CIA y el servicio secreto británico.
Aquel año la UCK cometió tantos desmanes con civiles serbios, gitanos y albaneses “colaboracionistas” que su jefe local, Ramush Haradinaj, luego primer ministro de Kosovo, hasta llegó a ser juzgado en La Haya por crímenes de guerra por un tribunal que era comparsa de la OTAN.
Haradinaj fue absuelto, entre otras cosas porque diez de los nueve testigos que debían declarar contra él fueron eliminados antes de que pudieran hacerlo, unos en “accidentes de tráfico”, otros en “peleas de bar”, otros en atentados. Así hasta nueve.
En cualquier caso, a principios de 1999 el ejército yugoslavo respondió con gran fuerza a aquella ofensiva de la UCK teledirigida por la OTAN, con una contraofensiva.
Cerca de Rachak y de Rugova varias decenas de guerrilleros albaneses cayeron en emboscadas ante el ejército. Hensch estuvo allí. Vio a los guerrilleros muertos con sus armas, carnets y emblemas de la UCK cosidos en sus guerreras. En Rugovo, los yugoslavos juntaron los cadáveres en el pueblo y los observadores de la OSCE hicieron fotos.
“Esas fotos, convenientemente filtradas de todo rastro de armas y emblemas de la UCK, hicieron pasar lo que fue un enfrentamiento militar con grupos armados, por pruebas de una masacre de civiles”, dice Hensch. “Ambos bandos cometían exactamente los mismos crímenes, pero había que poner toda la responsabilidad sólo sobre uno de ellos”, dice el policía jubilado.
El 27 de abril el entonces ministro socialdemócrata de defensa alemán, Rudolf Scharping, presentó en rueda de prensa aquellas fotos en las que se veía los cadáveres de los guerrilleros amontonados en el papel de civiles inocentes masacrados.
Al día siguiente, el diario Bild publicaba una de ellas en portada con el titular: “Por esto hacemos la guerra”.
Cambiar un consenso pacifista
La generación de Hensch estaba cansada de guerras. Hasta los años ochenta en la sociedad había un enorme consenso pacifista, algo que atravesaba incluso a los partidos de la derecha y por supuesto al SPD, el partido de Hensch.
“Teníamos una guerra terrible a nuestras espaldas y decíamos “nunca más”, así fuimos socializados”, recuerda Albrecht Müller, antiguo funcionario de la administración de Willy Brandt, que desempolva el programa de su partido de diciembre de 1989:
“Nuestra meta es disolver los bloques militares mediante un orden de paz europeo”. El hundimiento del bloque del Este reduce el sentido de las alianzas militares e incrementa el de las alianzas políticas (…) se abre la perspectiva para un fin del estacionamiento de las fuerzas armadas americanas y soviéticas fuera de su territorio en Europa”.
“El Bundeswehr tiene que limitarse exclusivamente a la defensa del país”. Desde la guerra contra Yugoslavia ese estado de ánimo se ha cambiado por un nuevo catálogo: El uso del ejercito es posible sin haber agotado los escenarios de negociación, la OTAN puede ser utilizada fuera de su área, el Bundeswehr ya no limita su función a la defensa del país, sino que puede usarse en Kosovo o en el Hindukush, y el ejercito puede utilizarse para proteger las rutas comerciales, el abastecimiento de materias primas, explica.
Para cambiar ese consenso nacional la OTAN, el gobierno de socialdemócratas y verdes (1998-2005) y los medios de comunicación, se tuvieron que emplear a fondo.
El “Media Operation Center” de la OTAN dirigido por el infame Jamie Shea, fue una fábrica de mentiras, que los periodistas retransmitían. Shea, un hombre deshonesto, decía que el truco era, “mantener a los periodistas lo más ocupados posible, alimentándoles constantemente con briefings, de tal manera que no tengan tiempo para buscar información por si mismos”.
Años después Shea dijo que, “si hubiéramos perdido la opinión pública alemana, la habríamos perdido en toda Europa”.
Fabricar la versión del conflicto
El relato del conjunto de la guerra en los Balcanes se basó en una fenomenal sarta de mentiras, amnesias y omisiones. Primero los croatas, luego los bosnios y finalmente el UCK, utilizaron los servicios de la misma empresa de relaciones públicas norteamericana, Ruder Finn, que entre los años sesenta y los noventa había sido contratada por Philip Morris para enturbiar la evidencia de los nocivos efectos del tabaquismo. La opinión pública europea fue intoxicada.
Como hoy se conoce perfectamente, antes de la intervención de la OTAN no había en el conflicto de Kosovo la “catástrofe humanitaria” que las potencias se inventaron para intervenir, sino una violencia que en 1998 partió de la UCK y a la que el ejército yugoslavo respondió con la misma violencia, explicaron miembros del equipo de la OSCE como el general alemán retirado Heinz Loquai y la diplomática estadounidense Norma Brown en el documental de la cadena de televisión alemana “Es began mit einer Lüge” (comenzó con una mentira).
Los medios alemanes ignoraron tres datos fundamentales: la tradicional hostilidad de su país hacia Yugoslavia, que medios como el Frankfurter Allgemeine Zeitung, Der Spiegel y Die Welt consideraban una “creación artificial”.
El hecho de tanto croatas como bosnios musulmanes, liderados en los noventa por dirigentes de la misma calaña que Milosevic, habían sido aliados de la Alemania nazi en la segunda guerra mundial y partícipes, junto con los alemanes, del genocidio de un millón de serbios desencadenado entonces por los nazis.
Y en tercer lugar, la naturaleza ilegal de las acciones militares de la OTAN desde el punto de vista de la ley internacional. El ministro de exteriores verde Josef Fischer comparó a “los serbios” con los nazis y al conflicto de Kosovo con Auschwitz, comparaciones que el General Loquai califica de monstruosas, “espacialmente en boca de un alemán”. Algunas de las mentiras concretas y puntuales fueron las siguientes:
Mecanismo con futuro
El ministro de defensa Rudolf Scharping dijo antes de la intervención que los serbios habían matado a 100.000 albaneses en Kosovo. La realidad es que se contabilizaron entre cinco mil y siete mil, entre muertos y desaparecidos, todos los bandos juntos e incluidas las víctimas de bombas de la OTAN.
-Scharping suscribió la leyenda del “plan herradura” de Milosevic: rodear a la población albanesa y deportarla antes del inicio de los bombardeos. Mencionó la “expulsión de millones” y “400.000 refugiados” albaneses antes del inicio de la operación de la OTAN.
La realidad fue que para verano de 1999, a las pocas semanas de la ocupación de Kosovo por la OTAN, 230.000 serbios, montenegrinos, gitanos y albaneses “colaboracionistas” fueron expulsados de Kosovo mientras en la región había 46.000 soldados de la OTAN, es decir uno por cada cuatro expulsados.
-Pueblos que habían sido destruidos después de iniciada la guerra por la OTAN se presentaron como destruidos antes, como incentivo para iniciarla.
-Se ocultó que la miseria de los refugiados albaneses y su estampida también era consecuencia de los ataques de la OTAN.
-Scharping informó del inexistente “campo de concentración” de Milosevic en el estadio de Pristina con “varios miles de internados”. Diez años después, el ministro dijo que sólo eran “sospechas”.
-Se informó falsamente de “cinco dirigentes albaneses” ejecutados y de “veinte profesores” albaneses fusilados antes sus alumnos.
Todo ello se hizo para justificar más de 6000 ataques de la OTAN sin mandato de la ONU cuyo sentido era demostrar que la OTAN tenía razón de ser y aprovechar las violencias –agravadas por la intervención de las potencias – para disolver Yugoslavia, un estado anómalo en el nuevo orden europeo posterior al fin de la guerra fría. Ningún político y medio de comunicación se ha disculpado y la misma constelación actúa, y está preparada para actuar, en los conflictos del presente y el futuro.
Fuente: http://www.lavanguardia.com/internacional/20120131/54247835488/la-amargura-del-policia-aleman-hensch.html
La matanza de Atocha y el mito de la Transición pacífica
La leyenda armonista de la Transición, de la salida consensuada a la dictadura y la plena reconciliación (¡por fin!) de las “dos Españas” ha sido parcialmente sacudida, en los últimos años, sobre todo por la acción de los llamados “movimientos de recuperación de la memoria histórica”, que han demostrado que la transformación política postfranquista estuvo plagada de silencios y omisiones y que fue, sobre todo, un cambio tutelado de sistema político con el fin de preservar las viejas estructuras sociales y de poder real. Uno de los mitos que rodea a ese proceso mutante de “cambiar todo para que todo siguiera igual” es el de su carácter pacífico, que añadiría una supuesta nota más de sensatez y “madurez democrática” a las fuerzas de la oposición y a los “reformistas” salidos del aparato franquista, que supieron ponerse de acuerdo evitando lo que hubiera podido ser una nueva “guerra civil” (¡otra más!) entre los españoles.
Este análisis simplista parte, sin duda, de supuestos no demostrados e incluso inverosímiles. En evidente que, a la altura de 1975 ó 1977, la guerra civil ni era posible ni era deseada por casi nadie (la “ruptura democrática” los excluía o quedaba muy lejos de estos escenarios), por lo cual esa hipótesis estaba, obviamente, descartada. Pero eso no significa que la Transición se hiciera sin violencia. El periodista Mariano Sánchez Soler publicó, en 2010, un libro con el significativo título de La transición sangrienta, que viene precisamente a cuestionar, en este aspecto, la imagen inmaculada del proyecto y la dinámica del período. En efecto, además de los centenares de víctimas provocadas por la sanguinaria escalada de ETA y de oscuros grupúsculos seguramente trufados por infiltraciones policiales como eran los GRAPO, solamente la acción de los aparatos represivos del Estado y los grupos de extrema derecha más o menos amparados por los mismos provocaron, según su recuento, entre noviembre de 1975 y diciembre de 1983, al menos 127 muertos y más de 1.000 heridos. Atentados de extrema derecha y violencias policiales varias (en las calles o en las comisarías y cuartelillos) se cebaron en obreros y estudiantes, militantes de la vanguardia organizada antifranquista y otros que fueron incorporándose en unos años sin duda más convulsos de lo que se suele reconocer.
El recuerdo de los abogados de Atocha asesinados el 24 de enero de 1977, hace ahora 25 años, vuelve a evocarnos esta verdad siempre incomoda para la versión oficial, por mucho que se maquillen el contexto y las responsabilidades. En aquella España, la calle, desde luego, era –y seguiría siendo- sobre todo de Fraga, Martín Villa o sus sucesores; pero en ella se manifestaban jugándose la vida los luchadores antifranquistas, y por ella campaban por sus respetos los Guerrilleros de Cristo Rey, los grupos de Fuerza Nueva y otros núcleos de extrema derecha más o menos incrustados en el aparato sindical verticalista, los cuerpos policiales y otras instituciones del Estado.
La matanza de Atocha debe entenderse en este contexto, en el que el gobierno de Suárez ejercía una “coerción controlada” contra la movilización política y social intensa que caracteriza el período que va desde la muerte del Dictador (noviembre de 1975) a las elecciones de junio de 1977. En enero de 1977, tras el referéndum que aprobó la Ley de Reforma Política y por tanto vino a reforzar a los “reformistas” del régimen anterior, los sectores ultras desencadenaron una fuerte ofensiva con el intento de retomar la iniciativa. Ofensiva que condujo al asesinato de dos estudiantes (Arturo Ruiz y María Luz Nájera) en manifestaciones por la amnistía, y al secuestro por el GRAPO, que ya tenía en su poder desde diciembre al Presidente del Consejo de Estado Antonio María Oriol, de un alto cargo militar (Villaescusa). La culminación de esta escalada de la tensión fue la matanza perpetrada por un grupo de pistoleros de la trama falangista-verticalista-mafiosa en el despacho de abogados laboralistas del número 55 de la madrileña calle de Atocha.
Elegir como blanco a los abogados tenía, sin duda, un alto valor práctico y simbólico. Significaba, entre otras cosas, golpear al Partido Comunista, principal (aunque no único) impulsor de las actividades de un sector profesional que había ido adquiriendo un importante protagonismo en la lucha contra la dictadura y por los derechos de los trabajadores. Los abogados antifranquistas, comunistas en su gran mayoría, no sólo representaban legalmente a los procesados políticos, sino que amparaban y apoyaban a las Comisiones obreras clandestinas, defendían a los trabajadores despedidos, asesoraban a asociaciones de vecinos, prestaban locales para reuniones y a la vez desarrollaban una intensa actividad en los Colegios profesionales y otros foros en defensa de los derechos y las libertades políticas y sociales y contra las leyes represivas de la Dictadura. Todo ello, a menudo, con unos niveles de compromiso y de desinterés personal realmente encomiables. En algunos despachos, todos los trabajadores, desde los abogados hasta quienes se encargaban de la limpieza, recibían el mismo sueldo, y no se cobraba a los trabajadores más que cuando se ganaba un juicio y la empresa tenían que asumir los costes.
En la acción criminal de Atocha pedieron la vida tres abogados en ejercicio y un estudiante de Derecho (Francisco Javier Sauquillo, Javier Benavides, Enrique Valdevira y Serafín Holgado) y un administrativo (Ángel Rodríguez Leal), y fueron heridos de cierta gravedad otros cuatro abogados: Alejandro Ruiz Huerta, Miguel Saravia, Luis Ramos Prado y María Dolores González Ruiz. Se da la circunstancia especialmente trágica de que esta última, compañera de uno de los asesinados, lo había sido antes de otra víctima de la vesania del Franquismo, Enrique Ruano, un estudiante arrojado, pocos años antes, por la ventana de un séptimo piso cuando se encontraba bajo detención policial.
Es bien conocido que el entierro de los abogados se convirtió en una manifestación popular masiva. Madrid se llenó de una verdadera multitud doliente, con los féretros flanqueados a su paso por decenas de miles de personas con los puños en alto y las lágrimas apenas contenidas por la rabia y la indignación. Quienes vivimos aquellos años sabemos que las protestas se extendieron, aunque en menor medida, a otros lugares del país, y recordamos bien aquellos momentos de angustia y de dolor, de ese sentimiento de impotencia que, sin embargo, no nos inmovilizaba, sino que nos alentaba a seguir adelante.
Se ha dicho que, con esta actitud serena y “madura”, el partido Comunista se “ganó” su legalización, como si el haber puesto sobre el tablero la mayoría de las decenas de miles de muertos, presos y torturados durante cuarenta años de lucha ininterrumpida no acreditaran suficientemente este “derecho”. Lo cierto es que la legalización era, realmente, la única opción posible, para “homologar” el sistema español con los de nuestro inmediato entorno europeo, y además constituía la única solución inteligente para neutralizar los efectos desestabilizadores que un PC en la ilegalidad (con la pujanza que entonces tenía) hubiera supuesto. Las encuestas y datos que Suárez manejaba por entonces convencieron además, a quienes llevaban las riendas del proceso, de que los resultados electorales del PCE no se iban a parecer demasiado a los del Partido Comunista Italiano. Que los sectores ultras –condenados por la historia- y otros conspicuos “reformadores” del Franquismo como Manuel Fraga –al que su pasado represor condicionaba demasiado- no lo vieran así revela su miopía política, pero no indica que las cosas, a corto o medio plazo, hubieran podido ser sensiblemente diferentes.
No a la Ronda Norte, por un transporte público colectivo y sostenible medioambientalmente
El Monte Naranco es uno de los espacios naturales más emblemáticos del municipio de Oviedo, espacio privilegiado por su situación y por sus elementos de interés como son los núcleos rurales de tipología tradicional y el patrimonio cultural representado por los monumentos prerrománicos.
Este lugar, que debería ser el lugar por excelencia del ocio, esparcimiento y auténtico pulmón de la ciudad de Oviedo, donde se preservaran los recursos naturales, humanos y del patrimonio artístico, se está convirtiendo a pasos acelerados en un espacio degradado en el que el avance del bosque de eucaliptos en detrimento del bosque autóctono degrada el suelo y la estética de un monte horadado por las canteras por su ladera norte y amenazado por la especulación urbanista, cada vez con más fuerza, por la ladera sur.
El mero hecho de dibujar la Ronda Norte en el planeamiento urbanístico municipal, aún a sabiendas de que su coste iba a ser inasumible por las arcas municipales, sirvió al Equipo de Gobierno del Partido Popular para perpetrar barbaridades urbanísticas como Prados de la Fuente: un nuevo barrio nacido agrediendo aún más al Monte Naranco y donde cientos de viviendas tienen por única salida para el tráfico rodado un cuello de botella.
Desde el Partido Comunista en Oviedo rechazamos la última ocurrencia del equipo de gobierno municipal, que llama “Ronda Verde” a lo que no es más que una adaptación, a la baja en lo económico pero igual de agresiva en lo medioambiental, de una Ronda Norte que seguirá promoviendo la destrucción del monte totémico de los ovetenses.
Frente a propuestas irrealizables en lo económico e insostenibles en lo medioambiental, el Partido Comunista en Oviedo aboga por buscar otras soluciones para el tráfico rodado, “pinchando” las zonas de Prados de la Vega y las Campas con las rondas exteriores y vías rápidas ya existentes en nuestra ciudad. Asimismo, frente a los recortes a los que se enfrenta, apostamos por potenciar el transporte público colectivo, así como medios de transporte no contaminante (bicicleta, etc.), en línea con lo que se hace en la mayoría de las ciudades europeas de nuestro tamaño.
Por último el PCA en Oviedo quiere animar al conjunto de la ciudadanía, al movimiento vecinal y al ecologista a movilizarse para exigir una protección integral del Monte Naranco, para exigir acción que inicien la progresiva rehabilitación de este espacio y su patrimonio (natural, etnográfico y cultural) para la habilitación del mismo como un gran espacio natural periurbano que pueda ser incluido en la Red de Espacios Naturales Protegidos del P.O.R.N.A.
En la prensa:
http://www.20minutos.es/noticia/1291106/0/
http://www.elcomercio.es/v/20120130/oviedo/suma-rechazo-alternativa-ronda-20120130.html
Travesura militar en dos actos: B-52
… en B-52 se une con gran acierto esa inocente cotidianidad en que vivimos con las drásticas consecuencias que supone la inacción, gracias al acertado trabajo de sus directores y el paso de unos actores – igualmente acertados?…
Nestor Villazón. La Ratonera, Revista Asturiana de Teatro
La compañía asturiana El Perro Flaco Teatro presenta “B-52. Travesura militar en dos actos”, obra escrita por Santiago Alba Rico y que constituye su debut en teatro. El autor (ensayista, escritor y guionista) es conocido, entre otras cosas, por haber trabajado como guionista del programa de TVE La Bola de Cristal
La obra ha visitado ya teatros de toda la geografía española e insignes eventos teatrales como La Mostra de Teatre de Barcelona con éxito de crítica y público. Ha sido nominada, además, a los premios Oh!, galardones creados por la Asociación de Compañías Profesionales de Teatro y Danza de Asturias en las siguientes categorías: Mejor Dirección (David Acera y Sonia Vázquez), Mejor Actor (Jorge Moreno) y Mejor música original (Daniel Moro).
En la obra, Alba Rico incide en la reflexión por la cual la Cultura no puede ser considerada exclusivamente como un elemento de evasión o enajenación entretenida, sino como un ámbito a través del que acercar la realidad – bien sea por el humor, la tragedia, la acción dramática o la combinación de todas ellas – sobre los fenómenos de cotidianos que se ofuscan tras los rayos catódicos.
B-52 es, ante todo, un acercamiento y reflexión sobre la guerra y sus implicaciones que toman como punto de partida el aniversario de Caty. Jugará junto a sus compañeros a ser pilotos de un B-52 que parte de la Florida rumbo a Irak con el fin de bombardear un objetivo en Irak. Un juego divertido que tomarán con la mayor profesionalidad recorriendo miles de kilómetros para soltar toneladas de bombas sobre un lugar desconocido para, acto seguido, tornar a casa sin remordimiento alguno. Sin consecuencias personales aparentes.
Podemos ser cualquiera de nosotros en nuestro quehacer cotidiano. Es, en última instancia, la escenificación de la sociedad en la que vivimos, en la que nos encontramos enclasados.
Dossier de la obra:
http://www.elperroflacoteatro.com/dossierpdf
FICHA ARTÍSTICA Y TÉCNICA
Autoría: Santiago Alba Rico.
Dirección: David Acera y Sonia Vázquez
Reparto (por intervención): David Acera, Jorge Moreno, David González, Borja Roces y Chili Montes.
Voz en off: Carlos Mesa.
Luz y sonido: Fernando Pielga.
Coreografías: Luchy Colunga.
Música original: Daniel Moro y Charo Rodríguez Lasa,
Espacio Sonoro y Grabación: Estudios EOX.
Escenografía: El Perro Flaco Teatro e Iván Díaz.
Vestuario: El Perro Flaco Teatro y Mili&Ana.
Atrezo: El Perro Flaco Teatro y Cristina Cillero.
Visuales: Sr. Paraguas.
Foto fija: NegroRojoLuz.
Diseño gráfico: Raquel G. Peiteado.