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“No habían visto un fusil en la vida y eran pacifistas, pero acudieron a la llamada de la II República española en defensa de la libertad y la democracia ”

En la tercera jornada de la Semana Republicana 2018 hemos tenido con nosotros a Severiano Montero, miembro de la AABI (Asociación de amigos de las Brigadas Internacionales), y a Francisco Erice, profesor del Área de Historia Contemporánea de  la Universidad de Oviedo.

El profesor Francisco Erice comenzó su intervención hablando del carácter solidario de las Brigadas y de cómo asumieron como propia la lucha contra el fascismo en una época en la que ese peligro no solo se cernía sobre España sino por el conjunto de la Europa continental.  Asimismo recalcó el papel de la izquierda en la unión de sus propias reivindicaciones con el antifascismo, en una época además, en la que los partidos comunistas comenzaban a madurar políticamente, manteniendo por tanto un vínculo muchísimo más directo con las necesidades de sus pueblos, dejando aparcados ciertos planteamientos de máximos imposibles de realizar en aquel momento. La consigna fue: primero ganar la guerra.

Continuó su intervención el profesor Erice diciendo, en primer lugar, que la Guerra Civil española se había convertido en una causa común para todos los pueblos que luchaban por la libertad y la democracia en el mundo y, en segundo lugar, que las Brigadas Internacionales no tenían precedente en la historia, siendo esta la primera vez que personas de forma voluntaria, a partir del llamamiento de la Internacional Comunista, se unían para defender la democracia republicana española contra la bestia fascista. Concluyó afirmando que los brigadistas internacionales se habían convertido en patriotas de la libertad, leyendo una cita de Antonio Machado en la que el poeta decía: “No es patria el suelo que se pisa, sino el suelo que se labra”

Por otro lado, Severiano Montero, comenzó su intervención resaltando la importancia que tiene la memoria democrática como referencia de lucha para el futuro, e informó de la intensa actividad de muchos grupos locales que trabajan por mantener viva la memoria de las Brigadas Internacionales. Continuó sus palabras diciendo que la mayoría de los jóvenes que vinieron “no habían visto un fusil en la vida y que eran pacifistas, pero que acudieron a la llamada de la República española en defensa de la libertad y la democracia ”.

Para finalizar el acto se proyecto un emotivo documental que nos recordó la epopeya de los Brigadistas Internacionales y que hizo  todo un recorrido sobre el intenso e importante trabajo memorialista que muchas asociaciones, grupos y organización llevan a cabo para rescatar la historia de aquellas y aquellos combatientes que lo dieron todo por nuestro país en uno de los momentos más difíciles de nuestra historia.

Aquí tienes el vídeo completo de la conferencia en Facebook

 

Semana republicana 2018

Presentación del libro: “El MDM, de la lucha contra Franco al feminismo”

El viernes 16 de marzo no te puedes perder la presentación del libro “El movimiento democrático de mujeres: de la lucha contra Franco al feminismo”, con su autor Francisco Arriero Ranz y organizado por el MDM-Asturias.

¡Acude y difunde!

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Horacio Fernández Inguanzo “El paisano” -in memoriam-

Siendo muy joven comienza a trabajar como cantinero en la estación del Ferrocarril Vasco-Asturiano en Oviedo, al mismo tiempo que, como alumno libre, comenzaba sus estudios de magisterio. Siendo afiliado de la UGT, el estallido de la Guerra Civil le sorprende en la Pola de Gordón. Sin dudarlo ni un momento, se alista como voluntario en el frente de guerra, ingresando al poco tiempo en el Partido Comunista de España; desde entonces su compromiso con la defensa de la República y las ideas emancipadoras del comunismo fueron una constante hasta sus últimos días.

Con la caída de Asturias en manos de los golpistas sublevados en 1937, es encarcelado y condenado a muerte. Tras casi un año en la cárcel del Coto en Gijón, y habiendo sido duramente reprimida toda su familia por el fascismo, se le conmuta la pena y es puesto en libertad en 1943.

A pesar de la durísimas condiciones habidas para la militancia en los primeros años de la posguerra, es en ese momento cuando asume no pocas tareas de dirección política del Partido en el interior, llegando a ser el Secretario del PCE en Asturias.

En 1945 vuelve a ser detenido y es nuevamente enviado a prisión hasta 1954, año en el que alterna diferentes trabajos como profesor de clases particulares o agente comercial, y que le permiten desplegar una constante labor clandestina y militante en Asturias.

Tras la huelga minera de 1958 se exilia en Francia. Al cabo de un tiempo, conocido ya como “el Paisano”, vuelve a poner su vida en peligro entrando y saliendo clandestinamente de España para organizar la actividad política del Partido, convirtiéndose, por tanto, en una de las personas más buscadas por la policía política franquista.

En 1969 es detenido en Mieres y permanece en la cárcel hasta 1977, momento en el que se decreta una ley de amnistía por parte del gobierno de Adolfo Suárez en la Transición.

Militantes anónimos con el tesón, la entrega y la bondad de Horacio han existido muchos en la historia de nuestro Partido, pero hombres con la dilatada trayectoria como la de “el Paisano”, son prácticamente irrepetibles en la abultada historia que rellena las mochilas de la izquierda revolucionaria en nuestro país. Cuando nos hizo falta siempre estuvo ahí, en la vanguardia de la que no desertan los hombres de su estampa. Horacio, continúa siendo “nuestro paisano” , y hoy sigue aquí, contemplando esta cruda realidad con su mirada de hombre bueno y alimentado nuestros sueños para poder cambiarla. Veintidós años después de su partida física, continuemos su ejemplo.

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Homenaje al camarada Víctor Bayón

Palabras del Secretario General del PCA, Francisco de Asís Fernández, leídas por el camarada José Ángel Piquero, Adjunto a la Secretaría General, en el homenaje al camarada Víctor Bayón celebrado en León el día 3 de febrero de 2018.

Camaradas, amigas y amigos:

El Partido Comunista de Asturias ha recibido como un destacadísimo y singular honor la invitación a tomar parte en este acto entrañable de recuerdo, de gratitud, de homenaje y, sobre todo, de cariño al camarada Víctor Bayón. Y, en efecto, participa en él, muy bien representado por camaradas de su máximo órgano de dirección política, desde el reconocimiento y con la emoción que merece la andadura política del camarada Víctor en su Asturias natal durante aquellos años de noche y de niebla que caracterizaron a la dictadura franquista.

No obstante y sin perjuicio de esa dignísima representación del PCA para este encuentro, en el que, muy a mi pesar, otros deberes preexistentes impiden mi presencia, no puedo ni quiero sustraerme al empeño personal de tomar parte en él, al menos, de palabra.

Cierto es que no me tocó compartir con Víctor los años de su lucha en Asturias, su historia de constructor de rebeldía de clase, de organizador de la Resistencia, el tiempo aquel de la “Huelgona” del 62, porque sólo era un niño y mi ingreso en el PCE no se produce hasta finales del 65 cuando Víctor comenzaba a cumplir en León otra misión de Partido.

Fue muchos años después –y bien lo recuerdo- cuando mi amigo y camarada Justino nos presentó en su casa de Villacedré. Al estrechar su mano y abrazarle fui consciente de estar abrazando la historia viva de nuestro partido, consciente de mirar a través de sus ojos la trayectoria innumerable de coraje y sacrificio de centenares de camaradas, eso que hoy alguien ha llamado “la mochila”, en referencia a que el peso efectivo de una fuerza política o social no se asienta sólo en el censo de sus militantes, sino en el caudal histórico de los actos, las voluntades y los esfuerzos que atesora.

Precisamente, había acudido a aquella primera cita con Víctor con el propósito de anudar con él, para el futuro del PCA, la parte asturiana de ese caudal histórico que él encarnaba como nadie, desde la lucidez de su memoria y para hacer justicia a un trabajo no siempre cabal y suficientemente reconocido. Allí empezamos a desenredar los hilvanes del tiempo, a contarnos los quiebros de la suerte, sonriente unas veces e implacable otras, y a trenzar coincidencias de análisis y de propósitos.

No fue, por tanto, larga en su duración la relación que me vinculó al camarada Víctor, pero lo que no tuvo de dilatada en el tiempo sí lo tuvo de intensa e inolvidable. Inolvidables las puertas siempre abiertas de su casa, la cordial calidez de sus cartas, la alegría de nuestros reeencuentros, su sonrisa entrañable, su constante bondad, a partir de aquella primera conversación que, la verdad, aún no hemos terminado.

Pero más allá de esta exteriorización elemental y auténtica de impresiones personales y sentimientos asociados al recuerdo del camarada Víctor, creo que aquí y ahora debo referirme a dos cosas: una, el merecido tributo de admiración y reconocimiento a toda la familia de Víctor, la que sigue entre nosotros, comenzando por Blanca y la que ya no está, con especial recuerdo para Tina y para mi admirado camarada Antonio Lillo. Y, la segunda, en la estela del propósito expresamente manifestado por Víctor, la idea de que es necesario actuar para que el legado ejemplar de análisis, de luchas, de experiencias que incorpora la historia de nuestro Partido y la memoria de los y las camaradas que protagonizaron la lucha en otro tiempo no sea ajena a las generaciones más jóvenes de comunistas, que esos materiales, incluidas las memorias de Víctor tengan una función como instrumentos útiles de las tareas de Formación Política, ante la necesidad, hoy más apremiante que nunca, de recuperar el concepto de militancia, de asumir muchas veces la renuncia de lo personal en aras de la causa colectiva, de reconocer para la praxis actual el ejemplo de ética comunista que alumbra a cada página en las memorias de Víctor.

Ese debe ser hoy el verdadero sentido de nuestro homenaje: esforzarnos en dar vida actual y combatiente al ejemplo del camarada Víctor Bayón en nuestro largo caminar hacia una humanidad sin explotación ni opresión, hacia una sociedad de hombres y mujeres libres e iguales: la sociedad socialista por la que él luchó.

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