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El PCA ante el 7-O

NOTA DE PRENSA 

El Partido Comunista de Asturias quiere mostrar su respaldo, apoyo y participación en la Manifestación contra las políticas del Gobierno y sus recortes antisociales que tendrá lugar este domingo, 7 de octubre de 2012,  a las 11:30 horas, con salida de la Plaza de Toros de Gijón.

El PCA llama a todas/as las/os ciudadanas/os a participar en esta gran manifestación, que convocada por las organizaciones sindicales y la Cumbre Social, bajo el lema “MÁS PARO, MÁS RECORTES, MENOS PROTECCIOŃ SOCIAL. ¡QUIEREN ARRUINAR EL PAÍS. HAY QUE IMPEDIRLO!, pretende que la voz de la ciudadanía, su rechazo a los recortes impuestos por el Gobierno del Partido Popular e instituciones extranjeras que, como el Banco Central Europeo o el Fondo Monetario Internacional, carecen de cualquier representatividad y de toda legitimidad democrática.

Una vez más, el PCA, sus militantes y simpatizantes, saldrán a la calle a mostrar su rechazo a unos recortes que, impuestos por los dueños del gran capital y aplicados por el Gobierno del PP, y anteriormente por el del PSOE, están desmantelando el ya raquítico Estado de Bienestar en nuestro país, con recortes en educación, sanidad, prestaciones sociales, derechos laborales,… que deben ser contestados en la calle. Por ello llamamos a la ciudadanía a movilizarse este domingo, 7 de octubre en Gijón.

Oviedo, 4 de octubre de 2012

Gabinete de prensa del PCA

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Manifestación 7-O ¡Hay que impedirlo!

¿Cuándo?: Domingo, 7 Octubre, 2012 – De 11:30 hasta 15:00
¿Dónde?: Pza. de toros, Gijón

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El PCA con los trabajadores de la sanidad pública

Ante las movilizaciones que los trabajadores y trabajadoras de la Sanidad pública de Asturias vienen llevando a cabo contra la aplicación en nuestra comunidad autónoma de las medidas impuestas por el Gobierno central y, especialmente, ante el encierro que un grupo de profesionales de la Sanidad están llevando a cabo en la Gerencia del SESPA, el Partido Comunista de Asturias

1.Expresa su más rotunda solidaridad con los trabajadores/as de la sanidad pública asturiana y, singularmente, con quienes desde hace varios días mantienen con firmeza su acción reivindicativa de encierro en el SESPA.

2.Llama al conjunto de la ciudadanía a manifestar, igualmente, su solidaridad, de forma activa, con las justas reivindicaciones de los trabajadores/as frente a la aplicación de un Decreto que, lejos de beneficiar a los usuarios de la Sanidad pública con una mejora del servicio, como falazmente se pretende desde el Gobierno, lo que busca es abaratar costes, aumentando el tiempo de trabajo y disminuyendo las retribuciones de los trabajadores/as y arrojar al paro a cerca de un millar de ellos/as.

3.Denuncia la intransigencia, la prepotencia, la falta de respeto a los sindicatos y la actitud persecutoria de la Gerente del SESPA que, con una completa insensibilidad social y una total ausencia de voluntad negociadora, no sólo se mantiene enrocada en imponer la aplicación más onerosa para los trabajadores/as del Decreto del Gobierno central, sino que trata de impedir la legítima comunicación de los encerrados/as con la ciudadanía y con la Prensa.

4.Manifiesta su repulsa a la actitud hipócrita e incongruente del Gobierno de Asturias que por una parte alude a la posible impugnación del Decreto del Gobierno central y, por otra, lo aplica desde la Gerencia del SESPA de la forma más lesiva, sin ningún miramiento para minimizar sus efectos dañinos y eludiendo cualquier acuerdo en ese sentido con los Sindicatos.

5.Anima a preservar la unidad de los trabajadores/as del sector en la defensa de sus justas reivindicaciones y a hacer confluir su lucha con la de otros sectores igualmente agredidos por las políticas gubernamentales de quienes sólo representan los intereses privados de la banca y de los dueños del capital y tratan de hacer pagar la crisis a la gran mayoría social, a base de recortes.

6.Continúa apostando, frente a los recortes, por una Sanidad pública universal y de calidad y, en general, por el mantenimiento de los servicios y las prestaciones públicas.

7.Llama a secundar la convocatoria de una concentración de apoyo frente a la Gerencia del SESPA, en la Plaza del Carbayón de Oviedo a las 6 de la tarde del martes día 4 de septiembre.

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Declaración del PCA

La lucha de la minería: una valoración política.

Aún no hace una semana que la minería ponía fin a una enconada y larga huelga que perduró durante más de dos meses. Pero no se trataba solamente de una huelga. La intransigencia prepotente del gobierno provocó una cascada de actuaciones, primero de los trabajadores del sector y luego del conjunto de la población afectada, que revistió las más diversas formas de protesta y de confrontación frente a una represión, calculada y con frecuencia brutal, que fue realmente la única respuesta obtenida, destinada a atemorizar y disuadir.

El conjunto de Asturias y las zonas mineras de León vivieron dos meses de continuada anormalidad y convulsión social: Acampadas, encierros, concentraciones, marchas, huelga general en las comarcas mineras, continuos cortes de carreteras y de ferrocarril, manifestaciones multitudinarias, cajas de resistencia, enfrentamientos durísimos, detenciones, actos de solidaridad, apoyos institucionales y una repercusión desconocida desde hace muchos años en la prensa extranjera.

Hoy, después de tanta y tan tenaz lucha, de tanta entrega y de tanta y tan resuelta voluntad de victoria, con los mineros de vuelta a su trabajo en los pozos, es menester pararse y preguntarse ¿ha servido para algo?

En efecto, es evidente que a día de hoy no se ha alcanzado ni siquiera parcialmente el objetivo de las movilizaciones. Un objetivo, por lo demás, no sólo justo y debido en Derecho, sino perfectamente viable por su moderado monto económico y, por ende, asumible incluso en el marco desaforadamente restrictivo de las políticas del Gobierno. Lo que sucede es que, precisamente, es ese Gobierno el que quiere escenificar, como aviso a navegantes, un rigor tan extremado que es capaz de llevarle incluso al cínico incumplimiento de compromisos gubernamentales previamente adquiridos y con fuerza de ley. O sea un Gobierno interesado en dejar el siguiente mensaje:De nada han de valer protestas ni movilizaciones contra nuestras políticas de recortes sociales, de fiscalidad regresiva, de agresión al empleo, a los salarios y a los derechos laborales, de represión calculada y de amparo a los bancos y grandes empresarios. Si incluso estamos dispuestos a incumplir compromisos contraídos, y además viables, frente a un sector con fama de ser el más combativo de los trabajadores, imaginad los demás cómo seremos capaces de actuar con otras reivindicaciones. Es inútil moverse. La crisis debe pagarla la mayoría de los españoles y resignarse a ello

Pues bien, justamente porque las cosas han sido así, la conclusión es que las movilizaciones sobrevenidas al calor del conflicto minero, más allá de sus reivindicaciones concretas, lejos de haber cosechado un fracaso, han supuesto el éxito más importante de las luchas obreras y populares en el Estado Español, al menos desde el 14-D de 1988.

Es cierto que ha habido comportamientos poco adecuados que es necesario mejorar y corregir, especialmente los que comprometieron y lesionaron la unidad sindical en varias ocasiones por la actuación unilateral de algunos dirigentes. Seguramente es necesario apuntalar un modelo de unidad sindical menos cupular y más asentado en las bases, mirando al porvenir y obviando el poso de antiguos desencuentros. Pero no corresponde poner el acento en los aspectos negativos como no sea para aprender y mejorar, desde la generosidad y la necesidad histórica de unidad de acción. En este momento de agresión antisindical desde el Gobierno de la derecha, lo que toca es acentuar lo positivo, porque lo hay.

Desde luego, hacer una valoración política del conflicto minero, sus luchas y sus repercusiones, utilizando como único criterio el logro actual o no de sus reivindicaciones concretas, sería de una miopía más que preocupante. Porque se ha puesto fin a una larga huelga, con sus actuaciones conexas, en un mes de agosto en el que el potencial interlocutor está casi desaparecido, la sensibilidad social relajada y los protagonistas de la movilización necesitados de recuperar aliento, pero la voluntad que han dejado patente las direcciones sindicales y que se ha manifestado en las asambleas no es otra que retomar la lucha, una vez concluido el verano. Pero, sobre todo, porque una valoración que trascienda los planos laboral y económico, nos lleva a constatar una serie de aspectos sociales, políticos e incluso ideológicos, cuya evidencia sería muy difícil negar y que apuntan con claridad a un antes y un después del conflicto minero no sólo en las Cuencas y en Asturias, sino en toda España.

En efecto, hasta ahora venía siendo inusual que al movilización de un sector obreroy en este caso estamos hablando de uno muy menguado numéricamente en sus efectivos -desencadenase una solidaridad popular en su territorio, tan abrumadora como la que se ha dado con la lucha de la minería. Las concentraciones repetidas y periódicas ante los pozos con encerrados, la gran concentración ante el Ayuntamiento de Mieres, el seguimiento al 100% de la Huelga General en las comarcas mineras y la imponente manifestación de masas con que concluyó en Langreo, la despedida y acompañamiento de la Marcha Negra hacia Madrid, la respuesta cívica frente a la represión policial, incluyendo en ocasiones pueblos enteros (Ciñera, Pola de Lena), la creación de comités y plataformas de solidaridad o el pronunciamiento institucional de Ayuntamientos (incluidos a veces concejales del Partido Popular) permiten referirse a un ascenso espectacular de la conciencia social, a una pérdida creciente del miedo al enfrentamiento y a un incremento de la autoestima de la población, entre la que gana adeptos la idea de que se pueden cambiar las políticas y hacerlo desde la participación de todos como protagonistas.

Fue palpable a todas luces la aceptación creciente del conflicto y de sus métodos de lucha por la mayoría de la sociedad. La gente fue acostumbrándose a aceptar los inconvenientes y molestias que conllevan los cortes de carretera y de vías férreas y a asumir sus razones. Así, la huelga minera y sus movilizaciones servían para lograr una mayor legitimación social de la huelga y sus actuaciones conexas como formas de lucha con potencialidad para extenderse y generalizarse al conjunto social en próximos enfrentamientos contra la voracidad de los dueños del capital y las prácticas dogmáticas de sus gestores políticos.

En lo que atañe al resto del Estado, hay que señalar el rastro de solidaridad que la Marcha Negra fue dejando allá por donde transitaba, el emotivo recibimiento en Madrid la noche del 10 de julio y la incalculable marea humana que de forma entusiasta acompañó a la Marcha desde Moncloa a Sol. Sólo la descomunal manifestación celebrada el día 11 pudo rivalizar en multitud y vehemencia con la movilización de la víspera.

Algo sucedió aquellos días. Y no parece haber sido ningún fuego de artificio, sino algo que se multiplicaba exponencialmente desde la efervescencia de los foros sociales y como clamor de indignación frente a la barbarie represiva y, así, el día 19 de julio fueron millones de personas los que abarrotaron 80 ciudades en el conjunto del país.

No se pretende desde este análisis que el conflicto minero haya sidola causade la creciente contestación social pero es igualmente innegable que, en su desarrollo, se convirtió en vanguardia y ejemplo para el movimiento obrero, en catalizador de la determinación sindical y en revulsivo de las conciencias de amplios sectores de la ciudadanía. Lo que pudo apreciarse en la gran jornada de manifestaciones del 19 de julio, ya perceptible en la masiva acogida a la Marcha minera la noche madrileña del día 10, va mucho más allá de la respuesta a una convocatoria de sindicatos o de fuerzas políticas de izquierda, que sin duda lo es, pero es también la respuesta cívica espontáneamente querida, sentida individualmente como necesaria, de un pueblo que ha ido creciendo en conciencia y parece haber dado un salto cualitativo en su exteriorización.

Tal parece que la agresión continuada y desmedida de los dueños del capital y sus gestores del Gobierno contra la mayoría social, unida a la constatación de que es posible tomar la calle, esté propiciando cambios muy significativos en el sentido de una inversión de la hegemonía ideológica actualmente existente, en su contrario.

Es evidente que la proyección de la indignación que hace poco más de un año recaía, a su manera, en el movimiento 15M, hoy se vincula al movimiento obrero, como núcleo central de contestación ciudadana a las políticas neoliberales del capitalismo y sus gobiernos. Se abre el camino para exigir la convocatoria de un referendum que caucione o no unas políticas que nada tienen que ver con el programa electoral del partido gobernante y que, por tanto, constituyen una auténtica estafa, carente ahora mismo de cualquier legitimación democrática. Se abre el camino hacia una Huelga General con un nuevo carácter de gran jornada cívica y plebiscitaria contra el Gobierno estafador.

Comienzan a apuntarse las condiciones para la viabilidad de lo que desde el Partido denominamos la Alternativa Social, Democrática y Anticapitalista para la construcción de un bloque social alternativo capaz de enfrentar el modelo socioeconómico español y el régimen político de monarquía bipartidista que le da cobijo.

Pues bien en la aceleración de todo ese proceso, cuyo inmenso caldo de cultivo es en primer lugar el conjunto de la clase trabajadora, pero también el conjunto de la mayoría social agredida, es innegable que las grandes movilizaciones de la minería han puesto una semilla poderosa y eficaz. Esa es su gran victoria. Su victoria incontestable.

El Partido Comunista de Asturias, fuertemente implicado desde el primer momento en todos los planos y actuaciones de la lucha de la minería, al igual que en el conjunto de las movilizaciones contra los recortes y por una salida social y democrática a la crisis redoblará sus esfuerzos en los próximos meses para contribuir a que la luz que desde Asturias volvieron a encender los trabajadores de la mina no se extinga y sirva para iluminar no sólo la consecución de sus justas reivindicaciones, sino el camino de lucha de toda la clase trabajadora y de la gran mayoría social de este país.

Oviedo, agosto 2012

Comisión Permanente del PCA

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El PCA fomenta el debate sobre la minería en una charla celebrada en el CSOA LA MADREÑA

El PCA de Asturias celebró en el CSOA LA MADREÑA una charla que, bajo el título “Relevancia de la lucha de la minería para la resistencia global”. Buscaba promover el debate sobre el sector energético del carbón en nuestro país, extender el apoyo a la lucha de las mineros por defender su trabajo y el futuro de las cuencas mineras y, sobre todo, enmarcar el conflicto de la minería en el proceso de agudización de la lucha de clases desencadenada por las agresivas medidas del Gobierno.

La presentación de la charla corrió a cargo de Ignacio Loy Madera Secretario Político del PCA en Oviedo que agradeció a los 60 asistentes su apoyo a los mineros y a La Madreña la apertura de este espacio a debates que no se tienen en otros ámbitos. Presentó a Alejo Mancebo (PCA) que explicó a los asistentes el documento que recoge la posición del Partido Comunista de Asturias “Minería del carbón: Proteger el empleo y cambiar de modelo” y a Lisardo Suárez (minero del Pozo María Luisa y miembro de los órganos de dirección del PCA y del PCE) que explicó el desarrollo y el día a día de la huelga indefinida y las diferentes actuaciones llevadas a cabo por los mineros a lo largo de la misma. A las intervenciones, siguió un interesante debate que registro numerosas intervenciones del público.

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MANIFESTACIÓN: ¡Quieren arruinar el país!

¿Cuándo?: Jueves, 26 Julio, 2012 – De 20:00 hasta 21:00
¿Dónde?: Pza. del Parchís, Gijón

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El PCA celebra el éxito de la marcha minera a Madrid

 

COMUNICADO DEL PARTIDO COMUNISTA DE ASTURIAS

El Partido Comunista de Asturias saluda el éxito de la marcha de la minería a Madrid y felicita a sus participantes por el ejemplo de conciencia, resistencia y combatividad  que han ofrecido con su esfuerzo a tod@s l@s trabajador@s del país. Esta felicitación ha de hacerse extensiva a las familias de quienes protagonizaron la marcha, a cuyo éxito también contribuyeron con su apoyo y su abnegación.

La marcha de la minería logró desencadenar, con el emotivo y desbordante recibimiento de que fue objeto la noche del día 10 por los trabajadores y el pueblo de Madrid y con la multitudinaria manifestación promovida en torno a ella la mañana del 11-J, una imponente movilización obrera y ciudadana que trasciende el problema de la minería y puede convertirse en un hito histórico de conciencia y de unidad en la lucha de clases, para el conjunto de la clase trabajadora española y para todos los sectores populares agredidos por los recortes y las medidas del Gobierno.

La movilización de los días 10 y 11 de julio ha demostrado la confluencia de la indignación y la rebeldía popular y señala el camino de la unidad de la clase trabajadora, el futuro de una actuación sindical resuelta, combativa y sin retrocesos, y la certeza de que es posible y necesario enfrentarse a las prácticas neoliberales, al propio sistema capitalista que las engendra, a los gobernantes que las gestionan y al régimen político que las cobija.

Las últimas medidas del Gobierno, reduciendo la prestación por desempleo, incrementando el IVA y suprimiendo la paga extraordinaria de diciembre a funcionarios y trabajadores públicos, supone una nueva agresión a las capas más humildes de la población e incluso a las capas medias, que implica una nueva reducción del poder adquisitivo, un aumento de la exclusión social y una extensión en el tiempo de la recesión económica que padece el país. Todo ello además, incide sobre una población ya sumamente castigada por anteriores medidas antisociales y sitúa, por tanto, en primer plano la necesidad de una respuesta social contundente.

El PCA considera que se están dando cada vez más las condiciones precisas para que la gran movilización de los pasados 10 y 11 se convierta en catalizador para un innumerable clamor social de rechazo, resistencia y alternativa.

El PCA entiende que su cometido principal en el período en que se está entrando consiste en estudiar y valorar cabalmente cada aspecto de la situación, pegarse a las demandas y reivindicaciones concretas de la gente, e implicarse a fondo en Asturias para elevar la conciencia de clase de los trabajadores, articular la resistencia, propiciar la unidad, contribuir a la convergencia de reivindicaciones y conflictos y estimular la movilización sostenida en cuantos ámbitos sociales tengan presencia los militantes comunistas.

El PCA, finalmente quiere denunciar y condenar con la máxima energía la brutal represión de que ha sido objeto la manifestación del 11-J, que ocasionó decenas de herid@s y de detenid@s, como consecuencia del ensañamiento, la alevosía y la crueldad de unas Fuerzas de Orden Público que fueron las auténticas causantes de los desórdenes.

El PCA exige la inmediata puesta en libertad sin cargos de tod@s l@s manifestantes detenid@s, entre ell@s vari@s asturian@s, así como la depuración de las responsabilidades políticas y en su caso penales del Ministro del Interior, de la Delegada del Gobierno en Madrid, así como de los policías que han causado lesiones de diversa consideración a los manifestantes.

 

Oviedo 12 de julio de 2012

 

Secretaría de Comunicación del PCA 

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Las grandes movilizaciones de Madrid, un hito histórico de la respuesta obrera y popular frente a las agresiones del Capital

Una vez más Madrid fue “rompeolas de todas las Españas” como en el viejo verso de Machado, que recobraba toda su actualidad y volvía a hacerse carne -y sangre- de un pueblo en movimiento, la noche del día 10 y la mañana del 11, al calor de la marcha minera.

Mineros de las cuencas de Asturias, de Castilla-León y de Aragón se daban cita en Madrid la noche del martes 10, iluminando el camino de la rebeldía con las luces prendidas de sus cascos mineros. Cumplían con ello el reto de llegar caminando a la capital, tras una larga marcha a pie que despertó con su ejemplo la admiración y la solidaridad de los trabajadores de todo el Estado.

Y el pueblo de Madrid respondió en su acogida. Mientras en Moncloa y a lo largo de la calle Princesa se agolpaba una inmensa multitud, para unirse a la marcha y acompañarla por las calles del centro, la Puerta del Sol se abarrotaba con decenas de miles de personas, a la espera de los mineros. Había trabajadores y trabajadoras de la industria y de todos los sectores, sindicalistas, estudiantes, indignados del 15M, activistas de la enseñanza pública, bomberos, jubilados, militantes del PCE y de todas las formaciones de la izquierda y sobre todo una marea innumerable de jóvenes.

Naturalmente, sindicatos y organizaciones sociales y políticas habían hecho un llamamiento a acudir, pero una respuesta tan multitudinaria sobrepasaba a las claras cualquier expectativa y evidenciaba la existencia de una sensibilidad social a flor de piel, honda, espontánea y muy extendida, más allá de la capacidad de convocatoria de cualquier convocante. Algo profundo y de efectos aún impredecibles se está moviendo en la conciencia del pueblo frente a la sostenida agresión del sistema capitalista y sus gestores políticos. Poco importó que al día siguiente hubiera que acudir al trabajo (los que aún lo conservan) y que el metro hubiera cerrado ya sus puertas. Pasaba de las 2 de la madrugada pero Madrid seguía en Sol, a pie firme, esperando la entrada de los trabajadores del carbón y el inmenso cortejo que les acompañaba.

Y al día siguiente se repitió la respuesta. En la Plaza Colón confluían riadas de madrileños y miles de trabajadores venidos desde Asturias, desde León y Palencia, desde el Bierzo, desde Aragón, Andalucía, Euskadi, Valencia, Castilla-La Mancha, Galicia, Extremadura, Portugal….para llegar al Ministerio de Industria y denunciar la chulería del Ministro Soria, exigir el cumplimiento de los compromisos gubernamentales y evitar el fin anticipado del sector del carbón con sus secuelas de miles de puestos de trabajo perdidos, de la miseria de miles de familias y del desplome de las comarcas mineras.

Entre el gentío, un bosque de banderas rojas, siguiendo a la pancarta del Partido Comunista de Asturias, señalaban la presencia inconfundible de un cortejo entusiasta en el que confluyeron camaradas de Madrid y de todas las regiones. Era ya el cortejo del Partido Comunista de España y de las Juventudes Comunistas, que con cantos, consignas y carreras hacía notar su identidad en el centro de la manifestación. Al igual que la víspera, las notas de la Internacional poblaban el aire de la mañana y el “Santa Bárbara bendita”, a modo de himno de la minería, se repetía un número incontable de veces.

Fue la demostración cívica, democrática, participativa y pacífica de un pueblo harto de la sostenida agresión a sus derechos, resuelto a expresar su rebeldía y su determinación de lucha. Mientras, en el Congreso de los Diputados, el Gobierno de los dueños del capital exponía su plan de nuevas agresiones contra los trabajadores y la inmensa mayoría social. A la larga secuencia de castigos contra las capas populares, que contrastan con las inyecciones de fondos públicos a la banca o con la amnistía fiscal a los multimillonarios defraudadores, venían a sumarse nuevas medidas de pillaje y ensañamiento: reducción en la prestación de desempleo, aumento del IVA, supresión de la extraordinaria de Navidad a funcionarios y trabajadores públicos….

Y, simultáneamente, como única respuesta al clamor de la calle, la represión más brutal e indiscriminada, programada con frialdad para enturbiar la demostración cívica, entorpecer el mitin final y ensombrecer la histórica victoria de la conciencia y la movilización popular. Así, surgieron la provocación y las bárbaras cargas de los antidisturbios que ocasionaron decenas de heridos, incluidos ancianos y niños, no pocos de los cuales hubieron de ser trasladados en ambulancias e ingresados en hospitales. Incontables testimonios, fotografías y vídeos dan noticia irrefutable de la crueldad gratuita de unas fuerzas represivas que fueron las auténticas responsables de los desórdenes públicos: pelotazos en las espaldas de los que no hacían sino huir, incluida una niña de once años, atropellos con los furgones policiales, ancianas derribadas a golpes, caras ensangrentadas a porrazos, ataques sin ninguna explicación a jóvenes que ya se iban significativamente con los brazos en alto, periodistas perseguidos y otros heridos que además fueron detenidos e incomunicados, sin que ni abogados ni familiares pudieran conocer el pronóstico de sus lesiones. La actuación policial rivalizó en barbarie con la de los duros tiempos del franquismo, mientras uno de los personajes más repugnantes del régimen, la neofascista Esperanza Aguirre, se burlaba de los manifestantes desde la impunidad de las pantallas de televisión. Por su parte, la caverna reaccionaria y sus empresas de comunicación preparaban ya los titulares: “La marcha de los mineros acaba a golpes”.

Se equivocaban. La marcha de los mineros no se acababa entonces. Una vez más, el sector más combativo de nuestra clase obrera lo único que acababa era de encender en Madrid, a la vista del mundo entero, la mecha de una respuesta social destinada a extenderse, a resistir y a golpear con una fuerza todavía desconocida a un sistema caduco, inasequible a las reformas, y al régimen monárquico bipartidista que le sirve de cobijo político.

Contribuir a extender y profundizar esa respuesta social de rebeldía y de alternativa es la gran tarea que hoy tiene que asumir sin desmayo, dándolo todo, el Partido Comunista. La clase trabajadora y todo el pueblo llano nos seguirá encontrando en ese camino.