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Se llama capitalismo, se llama patriarcado

El pasado sábado 7 de noviembre llenamos las calles de Madrid con una movilización histórica. El movimiento feminista de todo el Estado demostró que es capaz de organizarse para combatir las violencias machistas, y decir, “basta ya”, con una sola voz.

Quisimos ir más allá, porque el lenguaje es importante y nosotras no hablamos de “violencia de género” hablamos de machismo, hablamos de “terrorismo machista”, un feminicidio sostenido que no hace más que aumentar, alcanzando en lo que va de año la escalofriante cifra de 89 asesinatos de mujeres y menores, a manos de depredadores de vidas.

Se trata de una cuestión de Estado y del modelo social en el que vivimos. Tenemos la obligación de visibilizar esta realidad y darle la relevancia que tiene. Y nosotras nos preguntamos, ¿dónde está la responsabilidad de Estado?. Los asesinatos machistas parecen no ocupar un puesto destacado en la agenda política del régimen bipartidista y es el movimiento feminista quien quiere ponerlo en el centro del debate público, obligando al sistema a cuestionarse si podemos hablar de una sociedad democrática y realmente libre cuando arrastramos esta lacra social que no encuentra la luz al final del túnel.

Las mujeres sufrimos violencia estructural. Vivimos en nuestra piel la violencia física: acoso, agresiones, violaciones y asesinatos. Pero también sufrimos violencia psicológica, violencia laboral y salarial, sobre todo las mujeres trabajadoras, abocadas a trabajos más precarios, doble jornada laboral dentro y fuera del hogar y sueldos más bajos por el mismo trabajo. A esto hay que sumarle la violencia desde los medios de comunicación y la publicidad, que nos imponen un canon de belleza y unas pautas estereotipadas de comportamiento que nos define a las mujeres como madres. Todo esto se llama patriarcado.

Se puede mirar hacia otro lado, pero todas y todos sabemos que no somos iguales, que aun queda mucho camino por andar. Y el primer paso debe ser educativo, educarnos como seres humanos y no como hombres y mujeres definidos por unos patrones culturales de género impuestos. El esfuerzo debe ser global, en las escuelas, en las familias y en los medios de comunicación.

Pero, debemos reflexionar una cuestión: ¿le interesa a las estructuras de poder el fin de esta injusticia?. El patriarcado no sólo vive acomodado en este sistema capitalista, sino que es inherente al mismo; ambos se retroalimentan y perpetúan esta desigualdad. Seamos valientes y busquemos el problema en el fondo del asunto.

Alejandra Matallanas Gutiérrez
Secretaria de Mujer y Acción Feminista

Artículo de opinión LNE