Poema – Fátima
Fátima, sus piernas competían
con la velocidad del viento.
Fátima, su omduilante figura
superaba las curvas de las olas.
Fátima, su negro pelo,
ondulante en el aire,
dejaba tras de si, la serenidad
de los que saben ser pacientes,
de los que heredaron el saber
de PUEBLO ANTIGUO.
Fátima, sus ojos azabache se abren
, como brazo del amigo, atrayéndonos
a sus profundidades, tras un largo
y escabroso deambular, obligando
a indagar en la Historia de su Pueblo.
Fgátima, sus piernas perdieron
la velocidad del viento, su negro pelo
adquirió la espuma de las olas,
su ondulante figura se contrajo,
como si por ella pasaran miles de años,
y, sus ojos … abandonaron el brillo,
que propomía futuro.
Fátima, se muere de pena.
Su rostro no irradia cólera, ni ira.
Sí impotencia, asombro y esperanza.
Me sigo aferrando a la Fátima,que
compite con el viento por las playas de Gaza;
a la Fátima de ondulante figura,
pelo negro como la noche más noche,
y, ojos … de azabache milenario.
¡FÁTIMA!
Andrés Huerta