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Pablo Huerga Melcón, un patriota de Partido

[Artículo que forma parte del especial dedicado al profesor y filósofo, Pablo Huerga Melcón, en el 20 aniversario de la publicación de “La ciencia en la encrucijada” y publicado en la revista Neville.es]

 

“Sólo la revolución puede superar el antagonismo de clases y por tanto la falsa conciencia. Y sólo en esta nueva situación de igualdad el hombre vivirá verdaderamente como hombre. Este cambio revolucionario permitirá por fin un conocimiento verdadero de las cosas y la justicia social. La revolución, por lo tanto, viene a sustituir aquí al famoso método de conocimiento que debía seguirse individualmente. Porque si las condiciones sociales determinan la conciencia, la conciencia dejará de ser falsa cuando esas condiciones sociales no respondan a intereses particulares. Cosa solamente posible cuando se realice la revolución”

La revolución como reforma del entendimiento

Pablo Huerga Melcón

Es probable que la elección de este titular para una nota en torno a la vertiente política de Pablo Huerga Melcón pueda resultar a muchos escandalosa y tendenciosa. Es normal en tiempos de nueva política, de postverdad y de triunfo de la postmodernidad.

Dicho escándalo no puede más que derivarse de una lectura peyorativa de lo que históricamente se ha denominado como espíritu de Partido. Desde estas perspectivas los partidos políticos representarían organizaciones minoritarias de tipo sectario e intrínsecamente perversas, por usar la fórmula acuñada por el Papa Pio XII para definir al comunismo. Así, el espíritu de Partido sería la negación de la razón humana y quienes lo padecen, enajenados por su partidismo, carentes de cualquier tipo de convicción.

Lenin fue el primer marxista en articular filosóficamente el concepto de partidismo (partijnost en sus Cuadernos Filosóficos) partiendo del hecho de que la sociedad actual está dividida en clases antagónicas, la filosofía que en ella se genera, lo mismo que toda la ideología, no puede no tener espíritu de partido: refleja los intereses de la clase dominante y está al servicio de la misma.

 Para Pablo Huerga la filosofía marxista es “la elaboración más consciente de una filosofía materialista, es último ideal universal, con todos los problemas que nos ha enseñado y obligado a plantear, que pide a gritos su superación, -pero en el sentido hegeliano-, superación e incorporación; porque sus ideales son evidentemente, y lo seguirán siendo, los ideales de cualquier persona consciente, moral”[1]. Es en este sentido gramsciano en el que Huerga hace gala de un patriotismo de Partido (comunista), por la función de intelectual colectivo que el Partido puede desempeñar en la transformación de la sociedad desde la lucha por la hegemonía política, moral y cultural. Huerga analiza despiadadamente los problemas de nuestro presente con el objetivo de romper con la camisa de fuerza que parecen habernos impuesto sistemáticamente los conglomerados informativos y “los arribistas que han medrado a la sombra de la raída democracia actual y que conforman los partidos políticos hegemónicos, y la casta aristocrática que los algodona”.

Reivindicar el análisis político y la filosofía marxista y militante de Pablo Huerga es reivindicar un racionalismo constituido a lomos de los fenómenos del presente. Una racionalidad construida sobre las ciencias del presente frente al irracionalismo. Un materialismo que en su ejercicio filosófico y político niega la idea de que la coexistencia pacífica pueda trasladarse de la esfera de la política al terreno ideológico. Sus tesis refutan desde el marxismo con sólidos argumentos la ideología política dominante, pero también la de una izquierda divagante entregada a aventuras indentitarias y armonistas. La filosofía política de Huerga es ante todo una filosofía crítica y dialéctica, en el que la verdad del materialismo reside en su capacidad para dar cuenta del resto de alternativas teóricas, imponiéndose como única alternativa posible en tanto que las demás aparecen negadas, y asumiendo la lucha por la justicia social, la igualdad y el socialismo, el control democrático del Estado sobre principios cívicos inalienables.

No nos cabe duda que Pablo Huerga forma parte de un reducido número de intelectuales comunistas históricamente ligados al PCE junto a Faustino Cordón, Mariano Hormigón, Elena Ausejo, Carlos París, Wenceslao Roces, José María Laso o Francisco Erice, cuyo trabajo y magisterio ha sido y es fundamental en la lucha por la hegemonía política y la construcción de “un horizonte socialista, el único posible para albergar a la humanidad del futuro”

[1] La revolución como reforma del entendimiento 

 

Carlos González Penalva

Miembro de la Comisión Permanente del PCA y Secretario de Comunicación de IU Xixón