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Llegó el Comandante y mandó a seguir

Vino Fidel y cumplió lo que prometió Martí.

Se acabó.

Nicolás  Guillén

Tal día como hoy, hace ya un año el Comandante Fidel Castro Ruz completaba su vida. Pero no es cierto que ese día entrará en la inmortalidad, porque Fidel venía siendo inmortal desde hacía muchos años. No fue la muerte quien se apoderó de él, fue la Historia, para la que, al concluir la vida, y completar la persona su andadura, ya no ofrece más datos…

Y es que, esta vez, llegó el Comandante y mandó a parar su larga marcha, cerró el ciclo de sus pasos de gigante para hacerse memoria.

Incrédulo, su pueblo no quería creerlo. Y esas gentes, muchas gentes, que en cualquier parte del mundo sentimos en lo más hondo cualquier injusticia contra cualquiera, también nos resistíamos a aceptar la noticia.

Pero el Comandante, que había mandado a parar su propia caminata también llegó a la Historia y mandó a continuar su empeño de dignidad y rebeldía. Por eso, desde la Plaza de la Revolución, en la Habana, hasta el Parque Céspedes de Santiago de Cuba, a través de pueblos y caminos, desde el recio pulmón de su pueblo, negros, blancos, mulatos, mulatas, blancas, negras, ancianos y muchachos, fue alzándose y creciendo un grito profundo, innumerable: “Yo soy Fidel”, se oía, “Yo soy Fidel”.

Es de este modo, rotundo e inequívoco, como se expresaba la firmeza de un pueblo, su determinación a continuar la grandeza de una Revolución que había cambiado la vida de la Isla, incendiado la conciencia de América Latina y hecho renacer en todo el mundo la esperanza de los explotados, los pobres, los excluídos, los condenados de la Tierra.

Era un pueblo dispuesto a enarbolar la memoria de Fidel, igual que una bandera; un pueblo que había entendido la pertenencia de Fidel al escalón más alto de la especie humana y no renunciaba a continuar su obra.

Quienes tuvimos el privilegio de vivir mezclados con el entero pueblo de Cuba aquellos días, de épica fraterna, de emoción estremecida y digna, volvimos convencidos de que las trincheras de ideas y de justicia que Fidel, hecho memoria, seguirá defendiendo junto a su pueblo, el enemigo no podrá conquistarlas jamás.

Cuando casi veinte años antes, el 17 de octubre de 1997, Fidel honraba la memoria del Ché y de los revolucionarios caídos en Bolivia, retornando a Santa Clara los restos de los combatientes, acuñó aquella idea del “destacamento de refuerzo” que el Ché y sus compañeros formaban para continuar con su ejemplo, alentando el impulso de la Revolución.

Y ese destacamento de refuerzo nunca estuvo mejor dirigido que ahora, en que Fidel se ha incorporado para siempre a su nómina de héroes populares. Desde el insobornable contingente de quienes creemos en la necesidad de la Revolución continúa  escuchándose: “¡Comandante, ordene!”.

Y así, en el día de hoy, recordando tal día de hace un año, quienes seguimos creyendo firmemente en la lucha por el socialismo, queremos detenernos un instante, sólo un instante, y decir “dejad que nos abracemos para tomar aliento y seguir adelante”

Francisco de Asís Fernández Junquera-Huergo

Secretario General del Partido Comunista de Asturias 

2017-11-26 11.25.32 3 5