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Homenaje a las camaradas Maruja y Luci

El sábado 24 de marzo se celebró en Sama un emotivo homenaje a las camaradas Maruja y Luci, organizado por el núcleo del PCA en Langreo.

En el acto de homenaje la secretaria de mujer del PCA en Langreo, Angelita Cueva, leyó un bonito texto de recuerdo y agradecimiento por su lucha y su ejemplo, que os dejamos a continuación:

HOMENAJE A LAS CAMARADAS MARUJA Y LUCI
“Si naciéramos otra vez, volveríamos a ser comunistas”. Eso nos decían Maruja y Luci, o Luci y Maruja, tanto monta, monta tanto, en las charlas que mantuvimos con ellas para preparar este más que merecido homenaje.

Desde nuestra perspectiva, por lo que significa, por lo que representa, ser comunista hoy en día es un motivo de orgullo y lo es precisamente gracias a camaradas como ellas. Para ellas ser comunistas fue sinónimo de sacrificio, de miedo, de clandestinidad… pero sobre todo de lucha: lucha contra el fascismo, contra la injusticia, contra esa miseria, física y moral, que asoló este país durante cuatro décadas. Pero ellas volverían a ser comunistas. Eso respondieron ambas sin dudar un instante cuando preparando este acto les dejamos caer la pregunta.

Aleksandra Kolontai dijo una vez que la base de cualquier revolución es el amor, la historia de nuestras camaradas confirma la teoría de la revolucionaria rusa, las vidas de Luci y Maruja son un compendio de rebeldía y amor, mucho amor: a sus familias, a sus camaradas, a la justicia, a la libertad.

Ahora os contaré un poquito de lo mucho que estas dos mujeres han vivido:
Maruja, siendo aun una niña, llegó a Asturias con su familia, procedente de Badajoz, buscando el pan y el trabajo que no había en su tierra y por azares del destino acabó conociendo a Felichu, un joven minero que era capaz de afrontar su dura jornada laboral picando carbón en el Pozu Modesta sin llevarse un bocado a la boca porque previamente pasaba por casa de Maruja, donde el hambre era visible, a entregarle su bocadillo. Ellos eran los parias de la tierra, la famélica legión que se estaba levantando y aún no lo sabían.

Con 20 años Maruja tiene su primer hijo, enfermo de poleo acaba teniendo que ser internado en el sanatorio marítimo de Gijón, un año después ella y Felichu se casan y no tardan en llegar dos hijos más.
Cuando Felichu, cada vez más activo y con responsabilidades dentro del Partido Comunista, comienza su largo periplo por las prisiones de España (7 años y 110 días pasó privado de libertad repartidos en distintas prisiones: Oviedo, Gijón, León, Soria, Madrid, Jaén) también comienza la militancia activa de Maruja, pues, con los hijos a cuestas, tiene los arrestos de recorrer España visitando y dando aliento a su marido y a los camaradas con los que este comparte rejas y penurias. Felichu, por citar algún nombre, estuvo preso con Marcelino Camacho, Horacio Fernández Inguanzo o Gerardo Iglesias.

De sus visitas a la cárcel Maruja podría contarnos mil anécdotas, desde como sacaba las notas de Marcelino Camacho escondidas en los bajos del pantalón del niño, hasta como Melquiades, un funcionario de la prisión de Oviedo, acabó teniendo el cabello suave y brillante gracias a los consejos de nuestra camarada que hacía pasar coñac camuflado en botellas de vinagre para ayudar a Felichu y sus camaradas a combatir el frío insoportable de la prisión. Ante la insistencia de Melquiades en conocer el porqué de tanto vinagre, Maruja acabó convenciéndolo de que su marido era muy presumido y tenía la costumbre de aplicar vinagre sobre el cabello, una vez enjabonado y aclarado, para darle brillo. Lo que no sospechaba Maruja era que el funcionario acabaría siguiendo su consejo y no tardaría en darle las gracias por su mejora capilar
El carácter y la fuerza de nuestra camarada también darían para escribir un libro, mujer valiente donde las haya fue capaz de plantarse en Madrid en el mismísimo Tribunal de Orden Público y , sin audiencia previa, acabar entrevistándose con el Presidente del tribunal para, insistiendo en su inocencia, pedirle la libertad de su marido, que días después de haber salido de prisión había vuelto a ser detenido por, supuestamente, haber colocado unas pancartas en la Iglesia de Gargantada durante el Primero de Mayo y haber atentado contra la Guardia Civil. Qué palabras empleó sólo ella lo sabe pero acabó convenciendo al fascista de que Felichu no tenía nada que ver con ese asunto, simplemente había tenido la mala suerte de pasar por el lugar menos adecuado cuando volvía de una espicha.

“Estábamos acostumbradas a ser mudas”, nos dijo Luci cuando le preguntábamos acerca de si existía algún tipo de comunicación entre esas camaradas, que tanto y tan bueno hicieron siendo, salvo honrosas excepciones, prácticamente invisibles a los ojos de la Historia.
En la sombra, en silencio, las unas no sabían de las otras, pero en esa oscuridad nunca dejaron de luchar.

Poco se imaginaba Adolfo Fernández Fernández, Teniente del Ejército Republicano, natural de Tudela Veguín, ejecutado por los fascistas tras ser capturado en el monte días después del triunfo del golpe de Estado, que su pequeña Luci, aquella niña que su mujer había traído al mundo en 1930, meses antes de la llegada de la II República, iba a continuar su lucha con tanta firmeza y convicción como la que él tuvo durante su corta vida. Pero Luci era mucha Luci.
Como veis nuestra camarada conoció la represión desde temprana edad. No fue solo su padre, su hermano pequeño con apenas cinco años pierde la vida al saltar de un camión al que había sido subido por un somatén con aviesas intenciones. Otras se hubieran rendido, se hubieran arrojado en brazos del miedo hasta quedarse inertes para siempre, pero ella no. Ella nunca tuvo miedo y en su humildad jamás ha entendido que fuera valiente. A que llamará ella ser valiente me pregunto yo desde mi cobardía.

No tuvo miedo cuando conoció a García, el que después fuera su marido, un comunista convencido, fallecido en 1994, que entregó su vida al PCE y a CCOO, y que tuvo gran peso en ambos ámbitos, especialmente en los años de la dictadura primero y en la Transición después
Con García forma una familia, llegan tres hijos y también la doble vida, la de esa militancia clandestina donde el silencio atruena, el peligro se afila y los enemigos pueden acechar donde menos te lo esperes: en el economato, en la sala de espera del médico, en la puerta de al lado…
Porque en casa de Luci, como también pasó en la de Maruja, trabajaba a destajo la multicopista, allí llegaban los clichés desde Francia, allí se imprimía el Mundo Obrero y Nuestra Bandera, de allí salían en un cesto miles de octavillas llamando a la lucha y a la resistencia, camufladas entre patatas y cebollas.

Pero no era sólo lo que salía, también estaban los que entraban, porque en aquel hogar tan humilde encontraron cobijo camaradas como Inguanzo, Fausto, Juanín, Ángel León…entre muchos otros. Porque para los García, como también para los Alberdi cuyo desván fue refugio de muchos fugaos, los camaradas eran familia y a la familia hay que ayudarla cuando lo necesita, aunque haya que jugarse el pellejo. Además, ¿a qué no lo adivináis?, ellas nunca tuvieron miedo.

Maruja, Luci, gracias por todo, gracias por lo que fuisteis, gracias por lo que sois, gracias por estar hoy aquí con nosotras y nosotros, gracias por permitirnos haceros este pequeño homenaje que es imposible que esté a la altura de vuestra verdadera dimensión. GRACIAS.