niñapalestina

Ana Frank y Aisha

Era una niña de pelo negro y ojos de azabache, desprendiendo destellos de luz, expresando temor, emanando esperanza, solicitando ayuda.

Era una niña guardándose de la barbarie de sus perseguidores, huyendo de los miedos que transitan las noches, arrebujada en un rincón por los temores que la persiguen sin tregua.

Era una niña con orgullo de pertenecer a un pueblo, de tener una cultura sobre la que apoyarse, de poseer una identidad por la que luchar, con derecho a exigir la existencia de su NACIÓN y, de sus ciudadanos a habitarla. No se llama Ana,…,quizás Lima, tal vez Aisha, nada debería importar el nombre.

Ana Frank, fue durante años mi referente de los horrores del nazismo (sólo logré conocerla a través del cine y los libros); ha transcurrido el tiempo, el mundo se ha trastocado, aparece mi nuevo referente de los horrores del fascismo actual, Aisha, que sí llegué a conocerla, a tocarla, a sentir sus palpitaciones de ser humano.

La persiguen los mismos que perseguían a Ana Frank, usan los mismos argumentos: raza inferior; utilizan los mismos métodos: destrucción y exterminio de pueblos; persiguen los mismos objetivos: dominio del territorio y control de las riquezas. Son los nuevos fascistas de la Globalización, los nazi-sionistas que acompañan al Imperio en su tránsito y afán totalitario.

Andrés Huerta