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Acerca de la Huelga Feminista del 8 de marzo en Asturias

La abrumadora movilización producida el 8 de marzo en Asturias, con un desborde de masas en las calles, desconocido desde hace ya mucho tiempo, se inscribe en el primer nivel del estallido multitudinario que conmocionó a toda España el Día Internacional de la Mujer Trabajadora del presente año, 2018. Ni las más optimistas previsiones habrían tenido por posible, hace no tanto tiempo, una movilización de tal alcance y naturaleza, cuyo éxito superó todo lo imaginable y situó la proclamada huelga feminista, y toda la jornada de lucha en que se enmarcó, a la vanguardia de la movilización programada internacionalmente. De la temperatura de la jornada daba cuenta el poco sospechoso termómetro de los medios de comunicación en los que el clamor de la calle desplazaba, al menos de momento, el protagonismo de la cuestión catalana y su utilización por la derecha.

En los planos social, político e ideológico son varias las reflexiones que debemos abordar, por lo demás no exentas, a veces, de contradicciones.

En primer lugar, la brutal magnitud de la participación ha sorprendido al irrumpir en una etapa en la que venían prevaleciendo la atonía, el desánimo y la desmovilización. En efecto, la jornada de este 8 de marzo parece desmentir súbitamente tales actitudes, situando, desde la práctica, la posibilidad de reconducir e invertir el estado de ánimo y de romper con la resignación. No es poca cosa, si se acierta a darle continuidad.

En segundo lugar, al menos en Asturias, es innegable la manifestación de un sólido binomio que esquemáticamente podríamos denominar feminismo-anticapitalismo, es decir, la proyección de un planteamiento que vincula la perspectiva feminista y la lucha de clases. Cuestión esta de la máxima trascendencia, igualmente, si logramos darle continuidad.

Estaríamos, por consiguiente, hablando de un proceso de doble hegemonía. Por un lado, hegemonía de un entramado de ideas que podemos situar en el corazón del movimiento feminista y, particularmente, en sus círculos más conscientes y combativos con una formidable potencialidad específica, orientada por de pronto nada menos que a la mitad de la población, pero con vocación y expectativas de extenderse a toda ella. Y, por otro lado, hegemonía de las ideas que proponen la confrontación global contra una formación económico-social injusta, basada en la explotación de la fuerza de trabajo colectiva de unos seres humanos (la inmensa mayoría) por otros (unos pocos) para su propio beneficio individual.

Se trata de unas reflexiones nada gratuitas, si tenemos por cierta la impresión de que la respuesta social constatada el 8 de marzo fue de tal cuantía, que llegó a extenderse más allá de las consignas específicas propias de la movilización y de los cuatro espacios que originalmente correspondían a la huelga, sugiriendo una especie de “incendio” o conmoción general que, partiendo de las consignas iniciales, nos dejase la imagen de una masa abrumadora e innumerable que toma la calle para decir un “basta ya” genérico y rotundo a un estado de cosas inaceptable.

Se equivocarían quienes, con visión muy cortoplacista, pensaran atribuir, y sobre todo cultivar, consecuencias institucionales o electorales de la jornada del 8 de marzo, más allá de que tales efectos de forma natural se produzcan o no. Lo verdaderamente importante, lo trascendental desde un punto de vista revolucionario y, por ende, lo que debe guiar la actuación del Partido es garantizar la continuidad de este 8 de marzo, desde ahora mismo, en lo social y consolidar como algo indisoluble la vinculación entre las ideas de igualdad y emancipación plena de las mujeres en todos los órdenes de la vida, con las ideas de la lucha de clases contra el sistema capitalista, cimentando en lo profundo el sujeto social de la transformación.

Y por ello habrá que mantenerse alerta desde hoy mismo. No podemos ignorar el papel que han jugado las empresas de comunicación, cada vez más activas, a medida que se vislumbraba el éxito de la movilización y, a la vez, dialécticamente, potenciándola, sin duda presionadas también por parte de sus propias profesionales. No podemos desconocer tampoco la actitud de última hora, a veces sorprendente, de determinadas fuerzas políticas, singularmente el PP y Ciudadanos con alguna iniciativa institucional confusionista y la pretensión nada menos que de encabezar el feminismo “transversal” y moderno. ¿No sugiere todo esto el empeño por una reubicación que les sitúe en posición favorable para embridar y domesticar el movimiento feminista, accediendo incluso a algunas de sus reivindicaciones más asumibles por el sistema para lograr su reorientación no antagonista?

Ciertamente no es la primera vez que el sistema capitalista, sus superestructuras y sus intelectuales orgánicos actúan organizadamente para “descafeinar” ideas y movimientos, tratando de castrarlos y amputarles su mordiente. Y en este caso no sería difícil, tanto desde la derecha como desde un pretendido “centro-izquierda”, sobre la base de potenciar determinados planteamientos posmodernos, que habría que deslindar, asumibles por el Poder y que incluso éste puede considerar beneficiosos para intentar revestirse de apertura, novedad, colorido y pluralismo, perpetuar su dominación y desactivar las luchas, tratando de convertirlas en folclore.

Es decir, debemos mantenernos vigilantes para no permitir que el sistema integre las fuerzas emergentes, este 8 de marzo, como se ha dicho, histórico, y desvirtúe sus ideas troncales, purgando aquellas propuestas que presentan una potencial naturaleza revolucionaria frente al sistema capitalista y su actual régimen político en el país.

En ese sentido de continuidad y profundización en lo hasta ahora laboriosamente obtenido, habría que destacar el empeño por mantener vivo, creciente y en continuo desarrollo el fructífero encuentro, sin precedentes, del movimiento feminista con el movimiento sindical, que en Asturias ha funcionando sobre la base de la confianza y la acertada comprensión del momento histórico, como uno de los instrumentos para garantizar la integración de la perspectiva feminista y la lucha de clases. Sin la clara visión de las mujeres, su impulso y su tesón, no se hubiera dado la implicación sindical que se produjo y, evidentemente, sin ella, la huelga tampoco hubiera conocido el muy importante seguimiento que realmente tuvo.

En otro plano de cosas y, concretamente, en lo que atañe a Asturias, resulta pertinente y de justicia destacar el papel que la jornada del 8 de marzo y su preparación ha venido a desempeñar objetivamente, como crisol de convergencia de distintas fuerzas políticas, donde el PCA ha jugado un destacado papel como impulsor de colaboración, cohesión y unidad. Se llevaban de ese modo a la práctica, desde las bases y a lomos de una movilización real, los propósitos de convergencia “por abajo”, de forma natural y en la lucha, entre actores políticos que pueden compartir un cierto número de objetivos y lejos, por tanto, de prisas, cortoplacismos y pretensiones cupulares que desnaturalizan las perspectivas estratégicas de cualquier convergencia posible, relegándolas a la coyuntura de una cita electoral o al limitado espacio de una institución, por importantes que estas puedan resultar. El papel de las fuerzas políticas de la izquierda debe permanecer lejos de cualquier utilización electoralista de los movimientos transformadores y debe centrarse en confluir con ellos para sumar fuerzas, aportar y acompañar de forma respetuosa, natural y acorde con sus propias ideas.

Las presentes reflexiones se inscriben en un primer abordaje de la jornada del 8M en Asturias, tratan de responder a la necesidad de aportar ideas y posición para el debate dentro del PCA y del tejido social de Asturias y dejan de par en par abiertas las puertas para la continuación de ese debate que ha de ser largo, multilateral y profundo.

Por último, la Permanente del Partido Comunista de Asturias, quiere felicitar calurosamente a todos los militantes del Partido y de la UJCE-A que asumieron con esfuerzo el reto de preparar y sacar adelante la huelga y la movilización del 8 de marzo, incluso cuando no estaba claro cual pudiera ser su resultado, y muy especialmente a las mujeres de nuestro Partido y nuestra Mocedá que, algunas a lo largo de meses, se fueron dejando la piel en un proyecto unitario, combativo e inequívocamente transformador; camaradas cuya aportación ha resultado fundamental.

El PCA saluda igualmente a todas las mujeres, independientemente de su procedencia, que con su participación hicieron posible la jornada del 8 de Marzo, a todas las compañeras y compañeros que sumaron su esfuerzo a una lucha que hay que continuar.

Asturias, 9 de marzo de 2018.

Comunicado PCA Huelga feminista 8M